Ginés, la cuarentena y la malaria económica. Jorge Alemán: un mano a mano sobre el capitalismo y la dificultad de una salida colectiva. La potencia política para conducir en la pandemia, exhausta ante la necesidad del bolsillo. Qué queda después.

El jueves 9 de abril de 2020, antes de la IFE y la ATP, de los 300 mil despidos, de las 20 mil microempresas cerradas, del anticuarentenismo siquiátrico y de los miles de contagios y de muertos, Ginés González García le aseguraba a Pablo Duggan en horario central televisivo que «las prórrogas al aislamiento no pueden ser eternas, la gente no puede soportar esto indefinidamente». El pico que no llega, las vidas desarmadas, los juegos de la política, el factor sentimental. ¿Y dónde está el límite? ¿Y dónde está el piloto?

Ginés, uno de los lujos que se da Alberto Fernández en un gabinete donde no sobra tal cosa, lo decía previendo deterioro de las condiciones económicas y sociales y la presión sicológica de estar confinados y apremiados por dos terrores simultáneos y convergentes: la potencia devastadora del enemigo invisible y la devastación visible y concreta de perder ingresos y no tener con qué parar la olla hoy y mañana (que nunca llega porque la pospandemia empieza cuando cada uno lo decida o es un eterno vagabundo). Algo así como «si salgo me contagio y muero o mato y si no salgo muero y mato de hambre a los míos». La encrucijada 2corrida a sopapos por esto de que estamos ante una falsa dicotomía– de que para comer hay que estar vivo y para ser libre ni hablar, no deja de tener una enorme potencia y pulveriza el consuelo de que la crisis es inédita y mundial.

Alguna vez, en febrero de 2020 ADP (Antes De la Pandemia), departíamos acerca de las razones del éxito del capitalismo con Jorge Alemán. Además de aseverar que antes de que caiga acaecería el fin del mundo, Alemán aseguraba que el capitalismo arrasó al comunismo y a variantes socialistas o socializantes menores porque conoce mejor al sujeto que sujeta, al individuo y lo interpela aisladamente de un modo que a nosotros nos parece una aberración, una derrota cultural. Tiene en cuenta sus deseos, incluso los más inconfesables, le promete satisfacerlos, no lo cumple, después te cuenta la del mérito suficiente, pero no diluye sueños y necesidades individuales anteponiendo horizontes utópicos colectivos, aplastantes de toda individualidad.

“He vivido siempre en esa tensión entre el psicoanálisis, que se mueve en el campo del sujeto, y la izquierda, que piensa y pone en el centro de todo proyecto o promesa al colectivo. Lo que el psicoanálisis dice es que la condición humana no encaja en ciertos sueños y anhelos de la izquierda. De modo urgente tiene que haber ya un replanteo profundo de la izquierda, que no puede seguir pensando en proyectos emancipatorios sin admitir y por lo tanto conocer cómo está hecho el ser humano”.

Jorge Alemán. Foto: Verónica Villanueva.

Jorge piensa globalmente, incluso con un ojo puesto en la Europa donde reside, pero la versión capitalista neoliberal destituyente, irracional, egomaníaca y desatada que padecemos en América (y en A24, TN, La Nación+ y otres), en el Congreso de la Nación y en las calles donde se escupen sin barbijo y con furia el menú de consignas guionados más arriba, es incluso peor. Y las izquierdas, desde las patrullas dogmáticas hasta las expresiones frentistas nacionales y populares hegemonizadas por el kichnerismo, siguen gastando demasiadas energías en desarmar operaciones tan ridículas y bizarras como múltiples.

La agenda pública está centrada en lo que hace el gobierno pero la maneja la oposición más salvaje. Parece que no se termina de entender el Teorema de Tebi Bullrich para enloquecer y vulnerar oposiciones consistentes, formulado en 2014 cuando era Ministro de Educación de CABA. Sentado junto a Macri en la Academia Nacional de Educación, lo presentaba a un grupo de militantes y adherentes:

¿Qué es lo que hacemos para vencer la resistencia? Primero, lanzar varias iniciativas al mismo tiempo porque ellos focalizan, entonces cuando focalizan en una y le abriste 12, las otras 11 avanzan. Cuando se dieron cuenta que alguna ya se implementó (risas), van atrás de esa y avanzas con la que no habías avanzado.

Bombas de racimo, el daño está garantizado por la multiplicidad. Eso hizo Cambiemos desde el gobierno, con decretazos y leyes simultáneos arrojados sobre una oposición aturdida por la derrota, fragmentada, de la que desertaron numerosos colaboracionistas. Eso es lo que hace Juntos por La Fuga ahora mismo, pero con operaciones mediáticas febriles que fueron numerosas veces levantadas por Alberto con reculadas incluidas (“Yo no me enamoro de la cuarentena”, “El peronismo no es estatizante, es un rescate”), con el plus de que hasta las últimas apariciones de su Jefe de Gabinete, el presidente sufría un desgaste enorme pues era su propio vocero.

Muchas cosas se han corregido en éstos durísimos seis meses: Héctor ahora miente o manda mentir, ya no se espera el aporte solidario de ningún empresario multimillonario (hoy hacen presión sobre Máximo para que retire el Aporte Solidario porque “con impuestos como éste nunca vas a llegar a presidente”), Larreta no es amigo sino un rival electoral inminente y confeso y las denuncias de fraudes electorales, despojos stalinistas o avasallamiento de libertades son “locuras que no voy a contestar”. Pero la gente quiere salir, la palabra mágica es “protocolo” y entonces no hay más que abrir mientras siguen subiendo contagios y muertes.

Ni la Salud ni la Economía, es la condición humana

Hay una nota que expresa como ninguna la indignación y el estupor de ver cómo las contradicciones de la política, la mezquindad electoral y la irresponsabilidad individual, ponen a todes a merced de un milagro o muy cerca de las antiutopías que mirábamos espantados por TV, cuando Alberto Fernández volaba en las encuestas de imagen y su comité de expertos conducía casi sin oposición la gestión de la pandemia. Se llama precisamente “¿Quién conduce en la pandemia?” y es de Juan Pascual, uno de esos escribas que ayuda a pensar mejor y que debatí con un alto funcionario del Ministerio de Salud provincial que, por cierto, no será citado pero dejó una frase contundente: “Hoy no hay potencia en el poder político, no es un tema de si Omar Perotti o Alberto Fernández, la muerte asusta menos que el desempleo o el hambre, estamos en esa fase y todo lo que podrá hacerse es regular una convivencia abierta con el virus”.

¿Quién conduce en la pandemia?

Alberto cree en consensos democráticos ampliamente compartidos y la realidad le viene abofeteando ese conmovedor alfonsinismo del Siglo XXI. El G6, la bancocracia, Clarín, las Cámaras Inmobiliarias y de Comercio, la imposibilidad de Larreta de representar otra cosa que la que representa y el tercio que no vota ningún peronismo desde 1946, le pusieron un límite a esa utopía antigrieta. Ya se avizora otro estilo de conducción para la toma de decisiones.

Respondamos entonces las dos preguntas enormes que decidimos presentar, pero en rabioso tiempo presente: ¿Quién conduce la pandemia? La voluntad y la responsabilidad individual, el gobierno y la oposición, en ese orden. Y ya que Eli Gómez Alcorta aseguró que “Hay vida después del capitalismo”: ¿Qué hay después del capitalismo Más capitalismo, pero de inclusión social, con reparto de riquezas, solidaridad social tutelada por estados fuertes y ecológicamente sustentable. El capitalismo del Papa del fin del mundo y del fin de las ideologías. Ni buenas ni malas noticias, es lo que hay: más capitalismo para salvar al capitalismo, esto en lo que estamos hace siglos.

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