Clásicos inmortales de la cumbia santafesina

Hay amores... Desde la aparición “El aguante” (2000) en adelante, Mario Pereyra es uno de los favoritos de la cumbia santafesina. Foto: Mauricio Centurión

¿Cuál es el mejor disco en vivo del género? Una playlist desde Dalila a Los Palmeras.

Cada 5 de noviembre, desde 2014, se celebra el Día de la Cumbia Santafesina, en memoria del fallecimiento de Martín Robustiano Gutiérrez, Chani, el productor que marcó, desde el primer disco de Los Palmeras, indudablemente un momento bisagra para la música de Santa Fe.

Hasta el año pasado, la fecha sirvió como eje para celebrar la Fiesta Nacional de la Cumbia Santafesina, pero en el 2020 pasaron cosas y, como no va a poder ser, enlistamos algunos de los que creemos son los mejores discos en vivo del género, como para volver a escucharlos en estos días y no extrañar tanto. O sí.

En vivo en el Teatro Ópera

“La diosa del verbo amar” es todo lo que se puede esperar de una estrella de cumbia: un carisma que te pasa por encima, el talento suficiente para absorber toda la presión de un show grande y una voz increíble, casi de tanguera. Aunque hay varios álbumes en vivo de Dalila, la edición del vivo en el Ópera deja notar cómo la cantante conversa todo el tiempo con su público en conjunción con una serie de hitazos que van ganando presencia a medida que el disco avanza.

“La voz de los que aman diferente” la bautizan desde la tribuna. Obviamente, su “Amor entre mujeres” (que no se incluyó en este disco), rompió barreras para que la cumbia no se agote en la heterosexualidad. “La llamada”, “Amor prohibido”, “Y qué de mí”, sumadas a covers de Leo Mattioli y Valeria Lynch dan como mínimo un baile familiar en la galería de adelante o una tía vaso en mano golpeando la mesa.

La historia continúa

“El inventor de la cumbia santafesina se llama Juan Carlos Denis”, le dijo Marcos Camino (Los Palmeras) a Pausa en 2018. Hasta 1976, cuando Juan Carlos fundó Los del Bohío, la guitarra era una extraña para el género que ponderaba el acordeón, los vientos y los timbales. El propio Juan Carlos se sintió desde el principio un poco como un intruso, admitiendo que en su día a día “no toca cumbia”. En el repertorio de su grupo, por ejemplo, hay versiones de Simon & Garfunkel y un reprise de “My sweet lord” (George Harrison) en su “Dama triste”.

Los del Bohío, además de la guitarra, trajeron la poesía a un género que venía jugando en un registro, si se quiere, menos rebuscado: “Tibios febreros, de siestas musiqueras/simple remedio de la felicidad/los sensibleros, poetas orilleros/le dan la flor al barrio que se va” se canta en “A mi gente”, uno de los himnos del grupo que emociona fuerte y que hasta podría pensarse como el registro de un tiempo histórico en Santa Fe. La historia continúa se parece a una sesión de hipnosis: los músicos cautivan y casi que doman a un público extasiado desde los dedos mágicos de Juan Carlos Denis, un artista irrepetible.

Sinfónico 45 Años

Trompetas y trombones haciendo “Por primera vez”, una flauta traversa haciendo la intro de “Cumbia sobre el mar”, violines fraseando “Aprenderás a llorar”. Fa. Mucho distraído se dio cuenta de que conocía todas las canciones a partir de estos conciertos sinfónicos, era uno que nos debíamos, que ya sabíamos imaginar porque las canciones de Los Palmeras son instituciones, anteriores a nuestros nacimientos, posteriores a nuestras muertes.

En este disco hay temas bastante nuevos como “Tiempo de bailar” y las nombradas eternas como “Muchacha triste” y “Diferencias”. Algunos clásicos modernos como “El embrujo” y claro que “El bombón” y hasta un momento ricotero con “La bestia pop”.

Aunque cualquier disco en vivo de Los Palmeras podría rankear alto en un top, este es el distinto, por su naturaleza grandilocuente y por lo que la circunstancia demandó de cada intérprete que participó. Desde Cacho Deicas y Marcos Camino, pasando por el director Rubén Carughi hasta cada integrante de esta Filarmónica, demostraron de lo que es capaz la música santafesina en un disco épico.

El poder de la cumbia

El set en vivo fue grabado nada menos que en el mítico Passage y consigue transmitir la pasión que esta formación de Grupo Cali levantaba en los bailes, pero también la “diferencia de la calidad” de sus músicos. Claro que Sergio Torres en voz y Darío Zanco al acordeón es una sociedad con la que soñamos, pero también eran presencias con prestigio otros miembros como el percusionista Marcelo “Cheíto” Acosta, el bajista Roberto Ojeda y el timbaletero prodigio Iván “Bam Bam” Gaete.

Otra gran actuación en vivo del grupo pero que se potencia por la cercanía con la gente: a cada tema que arranca le corresponde una reacción eufórica que se traducía en gritos y chiflidos cuando no se les antojaba directamente ocupar el lugar de Sergio, como en “Amor de chat”, cuya primera vuelta es exclusiva del coro del público.

El aguante

Aunque esta enumeración no pretende ser un ranking, este es el mejor de todos, indiscutido. Primer disco de Mario Pereyra como solista, grabado en Rafaela y Santo Tomé en marzo de 2000, El aguante fue abrazado por el público casi automáticamente, tanto así que consagró al Máster como un músico popular al minuto siguiente de haberse independizado de Los del Palmar.

“Forastera”, “adúltera” e “inflación” son algunas de todas las palabras que Mario canta en este álbum que es un evangelio de la música santafesina. Hablando de la literatura de este disco en el que hay avispas, castillos y grillos, también hay varios hilos que mantienen una conversación entre las canciones enganchadas.

“La clave del éxito la tiene la gente”, le dijo Mario a Pausa en 2018 y no es casual que a la par de los estribillos en este disco también se canten los saludos que tira el Máster, desde el “para Darío, Sergio, Fabri, Rubén…” hasta Nancy, Nati, el Pini y Barrio El Pozo, ninguno fuera de tempo. Sin este enganchado, no hay feliz cumpleaños.

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