Escritoras y feministas

“Autorretrato”, fotografía analógica de María Belén Garófalo, una de las fotógrafas invitadas en la antología de Traza.

«Pido la luna brillante» es la segunda antología del colectivo Traza, de descarga gratuita con la opción de donar a ollas populares travestis.

En septiembre salió Pido la luna brillante, la segunda antología del colectivo de escritoras Traza. Es digital y de descarga gratuita, con la opción de hacer una colaboración monetaria para ollas populares travestis de Santa Fe y Santo Tomé, que asisten en la emergencia al colectivo más vulnerado, discriminado y violentado cuando se habla de violencia de género. La publicación y los datos para la donación pueden pedirse al correo colectivotraza@gmail.com o conseguirse a través de las autoras.

Cuando se enciende, la perspectiva feminista atraviesa el hacer mismo de la escritura, en su intimidad y en su dimensión política. Leerse entre pares y aportar horas de trabajo a la selección y edición grupal es la forma que se dio el grupo, que tenía pocos meses de gestación cuando llegó la pandemia, para sostener los intercambios y no dejar la construcción en suspenso.

Las desigualdades de género en los festivales y cánones literarios, así como en los planes de estudio de las carreras de Letras, Lengua y Literatura son sólo algunos de los clásicos reclamos en los que el feminismo pone el ojo cuando se mete en la literatura.

Otro es la tematización cuando es estigma y condena, residuo de la separación entre el espacio público masculino y el privado, femenino. Tal como la poeta paranaense Daiana Henderson se lo explica a una amiga: “Te escribo a vos porque parece que en la literatura/ hay ciertas cosas de las que no se puede/ escribir sin que parezca que estás “tematizando”./ Estoy segura de que si todos menstruaran/ sería uno de los grandes motivos/ de la literatura y habría hermosos y terribles/ poemas alrededor de ella, como de/ la luna o la muerte o el amor/ porque como vos bien sabés/ es una experiencia muy solitaria/ emocional, psíquica, incluso espiritual o demoníaca” (poema publicado en Irse, Iván Rosado, 2018).

Pido la luna brillante es desde su título un reclamo con la voz de un deseo que sabe lo que quiere y lo quiere ya. Hay poemas, cuentos y fotos; distintos estilos y varias generaciones de escritoras de Santa Fe, Santo Tomé, Esperanza, Arroyo Leyes y Empalme San Carlos. Las autoras son Sofía Storani, María Fernanda Yábale, Gabriela Schuhmacher, Laura Kiener, Claudia Rosciani, Graciela Prieto Rey, Adriana Ceñal, Sandra Gudiño, Candelaria Rivero (con poesía y fotos), Ana Paulina Leonardi, Mónica Laurencena, Susana Ibáñez, Ishe Escobar, Violeta Vignatti, Alicia Vincenzini, Agustina Lescano, Priscila Daiana Hernández, Alejandra Bosch, Florencia Ordiz, Analía Giordanino, Natalia Oroño, Victoria Rittiner Basaez, Guillermina Cherri, Claudia Chamudis y Julieta Vigo. A su vez, participan como fotógrafas invitadas María Belén Garófalo, Clara Sosa y Priscila Pereyra.

Una tirita cada una

Entre los textos reunidos en la antología, algunos refieren a la pandemia como “La inmunidad del rebaño” de Alejandra Bosch y los poemas de Natalia Oroño; muchos son inéditos y otros están publicados en ediciones y fanzines de la región. Hay algunos que por su precisión marcan el pulso del trazo compartido, como “El primer almuerzo” de Sofía Storani: “Cuatro mujeres en una mesa / se cuentan sus miserias. / Después de vomitar lavan los trapos/ y limpian la mesa. / Una se levanta y propone canelones/ la otra abre el vino/ mientras la tercera acomoda las sillas/ la última reza y todas se ríen. / Aquí se funda el destino del mundo”.

Si se buscan referencias o cruces, “Santiago del estero y Urquiza” de Laura Kiener puede ser tranquilamente una escena en la vida de aquellas mujeres del poema de Westonia Murray, que se despiertan juntas y “el mundo sabe lo que costó”. El de Kiener las actualiza: “Dos mujeres/ una alta/ la otra baja/ mueven rápido los pies/ una bolsa ecológica/ las separa/ agarran una/ tirita cada una”. También las amigas y en general la compañía entre mujeres atraviesan la edición.

En uno de sus poemas, Guillermina Cherri hace de su familia la del mundo: “A los enfermos de mi familia/ siempre los cuidamos nosotras. / Somos las conocedoras de recetas/ con yuyos curativos, / de canciones para descansar, / de relatos que hipnotizan. / Hay mucho de sabiduría ancestral. / Descendientes de hechiceras. / Poseedoras de amuletos encantados.// Un legado prodigioso/ que nos concedió lo mágico/ pero nos confinó al silencio.” Hay cuentos, como “La mudanza” de Claudia Chamudis en los que la violencia machista se cuenta dentro de un laberinto de suspenso; y para reír con historias de matrimonios.

Química y huella

El impulso de gestar el grupo llegó contagiado de otros colectivos artísticos que se reunieron con el feminismo como bandera, como el de Actrices Argentinas y Sangría, una colectiva conformada a comienzos de 2019 en Buenos Aires por integrantes del mundo de la palabra, en torno a la denuncia por acoso sexual contra Damián Ríos, que en aquel momento integraba el jurado de Letras de la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires.

En Santa Fe, el grupo no se articuló para acompañar una denuncia puntual, sino frente a la necesidad de contar con un espacio de contención, respaldo y formación feminista dentro del circuito literario, abierto a mujeres y disidencias del entorno. Las integrantes son autoras, editoras y también muchas ejercen la docencia en la universidad, en escuelas o talleres. Muchas integran o han pasado por otras militancias feministas, como la colectiva de Esperanza Se dice de mí, el Frente Feminista de Artistas, Docentes Feministas Santa Fe, Editoras al frente y Mujeres Audiovisuales de Santa Fe.

Como forma de seguir vinculándose entre compañeras se publicó en marzo la primera antología, Quedarse acá, también de descarga gratuita. En el proceso de la edición surgió el nombre Traza. “Huella, rastro, dibujo, marca, desprolijidad y veneno (en química), todo eso está en nuestro nombre”, afirma la antología. Se usa traza cuando un elemento, en mayor cantidad de la que se debe, es peligroso. El nombre hace de ese peligro fortaleza en la unión.

Analía Giordanino, una de las impulsoras del grupo, destaca el poder “sostener en el grupo el lazo de saberes, en este caso, la escritura, y los aportes de todas para pensar cómo mostrarnos hacia afuera. Que mostrar no fue lo primordial sino primero reunir un material común”. Ella fue una de las que tomaron el rol de editoras, y sobre eso resalta “la posta de saberes, el aliento, el relevo en el empuje para seguir. Y en todo el proceso el esperar a la compañera. No producir para llegar sino producir para conocer a la otra”.

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