Un debate muy esperado, el del Aporte Solidario y Extraordinario, desnudó el mapa político de Argentina. Trabajo, valor, impuestos y política, una reseña breve. La izquierda, sin comentarios. Yasky da en el clavo. 

Fascismo, mayoría circunstancial, problemas de técnica legislativa, agobio impositivo, desaliento a la inversión, la selección de rugby, el doble comando, la falta de un plan, recuperar lo robado por la corrupción, populismo tributario y una larga cadena de excusas de la oposición quedó aplastada por el peso de un meme que la cuenta de los diputados de Juntos por el Cambio publicó y luego borró.

La versión original de ese gráfico había sido publicada por una cuenta del oficialismo. Juntos por el Cambio la robó y le puso un título nuevo.

La parodia no tuvo eficacia, si bien su título entraña el argumento más fuerte de la oposición actual, el oficialismo de los cuatro años de Mauricio Macri. Hay una grieta que plantea Juntos por el Cambio, en la que de un lado están los trabajadores y empresarios y del otro lado «los que no trabajan». Para Macri, el peronismo se ha vuelto el partido que «los que no trabajan». No trabajar, se entiende, es ser un negro vago y malentretenido. Ahora sabemos que, a lo sumo, puede aspirar a cursar la carrera de docente, según didácticamente nos explicó la titular de la cartera educativa de la ciudad de Buenos Aires, Soledad Acuña. Lo que sí, nunca serán Pumas.

Explicar que es el trabajo el que crea el valor y que el empresario es el que se aprovecha de ello por ser el propietario de los medios de producción y otras sutilezas ya sabidas desde el siglo XIX es inútil. Tampoco es necesario hacer la semblanza de las delicias de la vida precaria del trabajador de la economía popular, que pasa la mayor parte del día deslomándose para apenas sobrevivir en su pobreza. Menos que menos, apelar a la rústica estadística del largo período neoliberal global, en el que porciones infinitesimales de ricos ganan lo mismo que miles de millones de personas.

Ayer el Indec hizo saber que una familia tipo necesita 50 mil pesos mensuales para no ser pobre: Juntos por el Cambio se aplastó con su propio meme. El PRO y la UCR, un partido que supo ser popular y que ahora va a la zaga de la oligarquía contra la cual nació, le cuidaron el vuelto de la billetera a diez mil tipos (habrá alguna mujer ahí, Ernestina y Amalita ya partieron) que siempre, en toda circunstancia, ganan. Repito, el aporte es un vuelto para esos ricos: pueden pagarlo sólo con los activos líquidos que tienen. Sacando la platita del banco (del exterior) donde la tienen guardada les alcanza y les sobra. La disputa, entonces, pasaba por otro lado.

El Estado funciona a partir de los ingresos que puede obtener y una de las vías para obtener esos ingresos es la imposición de pagos por parte de la población, se los llame tasas, tarifas, impuestos o, en este caso, aporte solidario y extraordinario. Es la más importante y consustancial, su origen está en el nacimiento mismo de la organización política. No hay política sin impuestos, atacar la tributación es, en el fondo, una forma de atacar a la política misma, a la vida pública, a la decisión colectiva de quién hace el esfuerzo para resolver qué conflicto y plantear cuál horizonte.

Como en el debate por la distribución de la renta agraria en 2008, ayer presenciamos otro capítulo de la disputa entre lo más encumbrado del mercado y de la política, esa política que siempre es representación de intereses. Se discutió quién debe llevar el mayor esfuerzo según la política y según el mercado (y su representación: Juntos por el Cambio). Por eso el discurso más claro fue el del dirigente sindical Hugo Yasky. Vale la pena escuchar.

Desde la estatización de la deuda privada con Domingo Cavallo, durante la dictadura, a la pesificación de las deudas en dólares, con Eduardo Duhalde, o la apertura a la entrada y salida de divisas con el macrismo, mucho más acá, esos 10 mil tipos se han cansado de recibir el apapacho continuo del erario público. Sin embargo, en el momento más excepcional de todas las generaciones vivientes del planeta, en la crisis más profunda que haya existido jamás, había que seguir protegiéndolos. Pero, si no es ahora el momento para que aporten los que más tienen en favor de los que menos tienen, ¿cuándo es el momento?

¿Si no es ahora, cuándo? La pregunta no retumba de igual modo en todos lados, se ve. Por ejemplo, no hace eco en el Frente de Izquierda, que eligió legar para la historia una abstención. Dado que esa fue la postura, por lógica no merece comentario. Una excepción: el furcio de Romina Del Plá y su concepción del peronismo como genio conspirador y maléfico. Se ve que además son cartesianos.

¿Y entonces?

La media sanción del Aporte Solidario y Extraordinario es la segunda victoria importante del gobierno, después de lograr el acuerdo con los acreedores privados de deuda externa. Hordas de los mejores cuervos tributaristas que el dinero puede pagar están preparando sus demandas, se da por descontada la sanción en el Senado. ¿Tendrá el Estado herramientas legales para primero cobrar y después vemos, como le sucede a cualquier perejil del 99,98%? Chi lo sá. Lo cierto es que, otra vez, la Justicia, el poder inmune al voto popular, será la sede de la política convertida en farsa.

 

 

 

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