Ricardo Silva, reconocido por haber cantado el primer opening de Dragon Ball Z, falleció ayer por coronavirus. Tenía 67 años.

«El cielo resplandece a mi alrededor». En diez segundos ya me sentía volando sobre los mares de un Japón caricaturesco en una nube voladora amarilla, listo para dormir y soñar con los poderes de Gokú después de la emisión de las 12 de la noche, super motivado para ir a la escuela cuando terminaba la de las siete de la mañana, recompensado en el turno del mediodía después de haber debatido el capítulo con Martín y el Flaco, satisfecho mientras merendaba haciendo el rewatch de las siete de la tarde. Cuatro veces por día se miraba el capítulo de Dragon Ball Z (que debía ser «Dragon Ball 2» hasta que el ilustrador a cargo confundió la letra de Akira Toriyama, el creador del universo) y las cuatro veces se cantaba a coro con Ricardo Silva el «Cha-La Head-Cha-La» de ese opening perfecto en el que en menos de dos minutos se sintetiza la serie a nivel metafórico («Como si un volcán hiciera una erupción/Derrite un gran glaciar») y literal («Podrás ver de cerca un gran dragón»).

Ricardo Silva, cantante de Chala Head Chala, la canción de Dragon Ball Z, posando con una sonrisa y un traje gris sobre un fondo blanco.
Ricardo Silva grabó más de cincuenta aperturas de series animadas y también fue actor de doblaje en películas como Shrek y Spiderman.

En 1998 todavía no teníamos el registro de que la música era un canal para las emociones, pero ya lo sabíamos sentir. Esa vez en el Teatro Luz y Fuerza sentí por primera vez lo que era la comunión. Aunque me lo intentaban enseñar en la escuela y en la parroquia los viernes a la siesta, para mí eran palabras a repetir. Siesta, ducha, zapatillas, bermuda, una camisita a cuadros y la puerta de ese lugar que era cine a veces y lo iba a ser esa tarde, lo que hizo el evento todavía más excepcional, para el estreno de la primera película de Dragon Ball en Latinoamérica. La vereda de calle Junín llena de familias murmurando hasta que se apagaron las luces y en la pantalla apareció la esfera de una estrella con la Z cayendo y todo se vino abajo en un grito que se transformó en una hinchada de nenes que en sincronía perfecta empezamos a cantar con el asombro de padres y madres que se miraban y decían «¿estos ya vieron la película o qué?». Como después nos sentimos yendo a la cancha o a un recital, así estábamos en el Luz y Fuerza asegurando que «No importa lo que suceda/Siempre el ánimo mantendré».

Pensar que esta canción bajaba de una original en japonés que podía resultar en cualquier cosa hoy todavía me pone tenso, agradezco no haber recibido la versión española, que comete crímenes de lesa ficcionalidad dejando de lado el kame-hame-ha por la «onda vital». Esta traducción por Ricardo Silva es muy linda a nivel lírico pero lo es más por el sentimiento profundo que este tenor mexicano le imprimió, se nota revisando videos que fue de esos tipos entusiastas y enamorados de su oficio.

A modo de mención, también hay que saber que Silva cantó la intro de Supercampeones, de Digimon 2, de Bob El Constructor y hasta de South Park. Recién en momentos de sobriedad flaca o en ataques de nostalgia aprendimos su nombre y conocimos su cara andando por YouTube, casi 20 años después. Y ahí estaba y estará, con un gesto de alegría esperando por volver a cantar con nosotros.

Dejar respuesta

Por favor, ¡ingresa tu comentario!
Por favor, ingresa tu nombre aquí