En el marco de Sin Patrón, conocemos más de la Cooperativa La Morena, que lleva a cabo un proyecto de construcción modular en distintos puntos del país.

En el Año Internacional de las Cooperativas, se realizó en la ciudad de Santa Fe el Congreso Internacional “Las cooperativas construyen un mundo mejor”, que contó con 120 stands de cooperativas, mutuales, Agencias para el Desarrollo y universidades. La finalidad del congreso fue visibilizar el rol que ocupa cada cooperativa en la promoción del progreso económico y social, y de las formas en que el Estado puede apoyar el desarrollo cooperativo.

En el marco de Sin Patrón, un proyecto periodístico de entrevistas a protagonistas del mundo de las cooperativas y mutuales, llevado a cabo por Pausa, dialogamos con Claudio Martínez de la Cooperativa La Morena.

La Morena es una cooperativa que trabaja en todo el país y, entre diversas tareas, se dedica a la construcción modular. La construcción modular es un sistema constructivo innovador que implica la fabricación de espacios o partes de ellos (módulos) en un entorno controlado, generalmente un establecimiento de perfil metalúrgico, para luego ser transportados y ensamblados en su ubicación final.

–¿Nos contás qué hace La Morena?

–El origen de La Morena arranca con lo que es construcción civil para obras públicas, haciendo adecuaciones, trabajos de pintura, trabajos eléctricos. En la ciudad de Rosario hemos hecho toda la instalación eléctrica del Hipódromo Independencia. En pandemia hemos trabajado en el predio de La Rural. Hemos hecho trabajos de albañilería con la iluminación del Monumento Nacional a la Bandera, todas las luces bajas. Empezamos a incursionar en la construcción modular, que parece un símil contenedor marítimo reformado. Nosotros no hacemos eso, sino que empezamos de cero con una estructura metálica con cálculos propios que está certificado con normas ISO. Nos empezamos a presentar en distintas licitaciones. Hemos ganado algunas en Cerro Macón para la CONAE. Para la EPE, que necesitaban oficinas o vestuarios. Aguas Santafesinas. El municipio de Rafaela. Empezamos a desarrollar, porque, digamos, fuera de precio en la logística, cuando empezamos a intentar entrar en el mercado de la minería en la Puna salteña. Tenemos que encontrar la vuelta, porque estamos lejos de esos lugares y la logística te encarece el producto. Innovamos con un producto propio que se llama INNOBLOQ, innovación en bloque, que nosotros llevamos los módulos desarmados y los armamos en el lugar. Es un producto totalmente sustentable. No usamos agua en todo el período de construcción. Usamos placas termoacústicas. El propósito es inimaginable. La solución es infinita. Esas placas, que las usamos para techo y para pared, no solamente nos dan la posibilidad de construir rápidamente, sino que permite que estés en un ambiente donde lo puedas perfeccionar con muy poca refrigeración. Enganchamos con INNOBLOQ este nuevo producto y ahora estamos siendo solicitados en el sur y en el municipio de Alvear, donde vamos a construir una primera casa acá en la zona.

–Qué interesante me imagino para ustedes todo este recorrido. De realizar obras de mantenimiento o de pinturas de un monumento, a terminar laburando en lugares del país que creo que no se imaginaban cuando arrancaron, ¿no?

–No, para nada. No lo imaginábamos. Tuvimos un impulso de empezar a participar en las ferias que organiza la provincia. La provincia nos permitió estar en el stand de la provincia de Santa Fe en un escritorio en la feria minera de San Juan. Fuimos sorteados en la ExpoAgro. Fuimos sorteados en la última feria de gas y petróleo en Neuquén. Eso te posibilita tener una misión más comercial. El déficit de nuestra cooperativa pasaba por lo comercial. Vos trabajás, administrás, te ocupás del banco, de los contratos, pero no tenés una misión comercial. Empezamos a participar y te vas dando cuenta qué hacen las empresas para poder vender, para salir de lo estrictamente público y empezar a incursionar en lo privado.

–Eso es un tema que todas las cooperativas traen a la mesa, que es "sabemos hacer esto, lo hacemos muy bien, el tema es cómo comercializamos". Ahí vos marcás un rol importante del Estado en ayudar a hacer ese vínculo. ¿Qué otra vinculación tienen con el Estado? ¿Qué otras herramientas les ha podido aportar esa relación?

–Nosotros hemos hecho un proyecto para la parte comunicacional del producto. Entonces, la provincia te aporta un profesional de la materia, los cuales pudieron desarrollar un brochure, desmembrar el producto. Nosotros tenemos un producto que es columnas, placas, el piso reciclado plástico, que es como un Rasti. Es mejor verlo armado y explicado por un profesional de la comunicación, y no nosotros que nos dedicamos a la albañilería. Es necesaria la comunicación, porque hemos tenido obras importantes y nosotros tenemos una página web, y sin embargo, no están reflejadas esas obras. Un símbolo como el cartel de Rosario que lo hemos colocado nosotros. O lo de pandemia en La Rural. O los bicicleteros de las estaciones de bicicleta de Rosario. Hemos construido más de 30 bicicleteros y no los tenemos reflejados en nuestra comunicación. El currículum de cada uno es importante.

–¿Qué les dirías a quienes están recién arrancando en el ámbito cooperativo o que no se animan todavía a organizarse como cooperativa? ¿Cómo les describirías el sector? ¿Por qué les dirías que la cooperativa tiene un plus o un diferencial?

–Bueno, nosotros nos agrupamos por una necesidad de trabajo. Uno tiene una herramienta, el otro tiene una herramienta, el otro tiene un conocimiento, otro asociado tiene otros expertise, y entre todos podemos formar una empresa social. Las cooperativas somos empresas sociales que necesitamos apoyo de los distintos estamentos del Estado, porque necesitamos trabajar y nos falta una solvencia económica. Todo eso para arrancar necesitamos que nos vinculen con el mundo del trabajo. Si no trabajamos, no comemos. Si hay trabajo, que tu objeto de la cooperativa te lo permite hacer y sos idóneo, necesitas un impulso para arrancar. La compra de herramientas, alguna línea de crédito. Por ejemplo, trabajo para las cooperativas en construcción acá debería sobrar. No debería haber ninguna cooperativa sin trabajo, porque la EPE necesita trabajadores de electricidad y tiene un registro de proveedores. Aguas Santafesinas, lo mismo. Los distintos municipios, mantenimiento de edificios públicos, pintura en las escuelas. No debe´ria haber ninguna cooperativa de construcción sin trabajo. El consejo es que está bueno, porque si bien hay un consejo que direcciona los trabajos y da una directiva del proyecto, no somos ningunos patrones. No hablo mal de los patrones porque también generan trabajo. Pero nosotros nos autogestionamos el trabajo, la administración. Discutimos algunas cuestiones entre la mayoría. No es para todo el mundo el cooperativismo. Es apasionante, pero hay que saber entenderlo. Te vas a encontrar con una dinámica de que el empleado bancario no sabe cuando le presentás el balance lo que es una cooperativa y te mandan un formulario para preguntar cuántos empleados son, en vez de cuántos asociados son. Inclusive, hasta funcionarios de los estamentos públicos que no saben de las cuestiones del cooperativismo. Falta la difusión de que es una herramienta más. Es como una SA, una SRL, una SAS.

–¿Cuántos asociados tienen hoy?

–Ahora somos 21. Tres mujeres que están en la parte administrativa. Después está la parte comercial, que somos dos. Y el resto de los muchachos que hacen cada uno su trabajo: el que sabe de electricidad, de plomería, de soldar.

–Hoy uno de los proyectos más grandes que tienen, que lo contabas un poco hoy, son estos módulos que están llevando hasta Vaca Muerta. ¿Cómo es esa logística? ¿Cómo funciona eso?

–Nosotros vamos con el equipo. Los mismos asociados nos vamos a Añelo, que es el corazón de Vaca Muerta. Ahí nos instalamos. Previamente, treinta días antes, elaboramos la vivienda en nuestros talleres, después la trasladamos en camiones, y una vez estando allá, empezamos con las bases, a armar toda la estructura metálica, a emplacar. Después viene lo que es electricidad, los detalles de aberturas, y ya está. Hicimos en quince días tres viviendas de 80 metros cada una. Con cuatro baños, dos dormitorios, un estar y cocina cada vivienda. El cliente cuando se lo propusimos no es que no nos creía, pero le llamaba la atención que pudiésemos construir tan rápido. Le cumplimos y ahora tenemos el desafío de hacer seis casas más.

–Y este producto que ustedes tienen, ¿es un producto único? ¿O saben de otras cooperativas que también trabajen en el mismo estilo de producto?

-El sistema se llama INNOBLOQ y lo inventamos nosotros. Este producto lo estudiamos, lo vimos. La experiencia fue muy buena. Verlo a Marcos y a Juan en el taller, un día haciendo una cosa, otro día iban incrementando, desarmaban y armaban, hasta que se llegó al producto. Este sistema puede ser que otras personas lo quieran hacer o lo puedan hacer, pero hasta ahora somos los únicos que lo hacemos.

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