El error no forzado de “Chiqui” Tapia

chiqui tapia AFA

ANUARIO 2025 | El presidente de AFA quedó en el ojo de la tormenta cuando los futboleros estallaron de indignación por un título inventado para Rosario Central. Un clásico más entre el gobierno nacional y el poder del fútbol.

Claudio Tapia venía pisteando como un campeón, con la Copa del Mundo en la butaca del acompañante, la de América en el asiento de atrás y una fotito tomando mates con Messi que colgaba del espejito retrovisor. “Chiqui” seguía acelerando, encaraba todas curvas en quinta a fondo sin despeinarse (envidiable peinado), pero un día se comió la curva menos pensada.

En el porteñísimo barrio de Barracas dicen que “el Chiqui se cebó”. La “curva Rosario Central” nunca la vio venir, y a partir del invento de darle un trofeo de campeón -que no estaba en el reglamento de AFA- a Di María le estallaron los problemas. El presidente Javier Milei se calzó los guantes para desafiarlo en el cuadrilátero de las redes sociales, las operaciones mediáticas y judiciales explotaron en el amanecer de diciembre y los hinchas de todos los clubes desplegaron un abecedario de insultos para el capo del fútbol argentino.

Para entender es necesario el contexto: AFA es una institución robusta en términos económicos, con títulos internacionales de la selección argentina que aportan un crecimiento millonario; pero esto convive con un fútbol local con severos problemas para sustentarse y arbitrajes sospechados de corrupción que suelen favorecer a los “clubes amigos de Chiqui”.

¿Y qué tiene Tapia para salir ileso de una curva que no vio? Tiene el poder político de AFA desde las bases. El sanjuanino aprendió el arte de construir relaciones importantes en el camino gremial. Su historia como barrendero primero y el involucramiento en Camioneros después es fundamental para entender el accionar de Chiqui. Este hombre conoció a Paola Moyano -hija de Hugo- y tuvieron dos hijos. Una vez que formó esa pareja, se incorporó a los Moyano y remontó hasta secretario de Organización del gremio.

“Chiqui” Llegó a jugar al fútbol en la Primera de Barracas, pero mejor juega a la política. Armó su poder desde el diálogo constante, y se hizo fuerte con dos grandes aliados en el fútbol: los dirigentes que componen el extenso mapa del Consejo Federal del Fútbol Argentino (CFFA) y todos los clubes del ascenso, desde la vieja Primera D hasta el Nacional.

Un poco de historia. En marzo de 2017 accedió al sillón de Julio Humberto Grondona y su primera decisión habla mucho de sus genes como dirigente: mandó a que apelen la sanción de cuatro partidos que la FIFA le había impuesto a Lionel Messi, el capitán, por insultar a un árbitro asistente en un partido ante Chile. En 40 días Messi quedó habilitado.

Un dirigente del fútbol hace varios años comentó: “Tapia siempre supo que si la selección funcionaba, funcionaba el fútbol”. Y la selección funcionó, y en los jugadores que se calzan la albiceleste tiene un respaldo más fuerte de lo que se ve (mate y termo).

Un par de tiros en las patas

Pero a todo dirigente, por más hábil que sea, el poder lo puede cegar. La AFA otorgó primero un título que nadie sabía que estaba disputándose (Rosario Central). Luego ordenó un “pasillo obligatorio” a los jugadores de Estudiantes de La Plata. Y, finalmente, abrió un expediente disciplinario, a partir de un cambio reglamentario posiblemente fraudulento. Todos tiros en los pies.

Antes de todo eso, los seguidores del ascenso venían observando arbitrajes de dudoso comportamiento en sus fallos y sanciones que favorecían a determinados clubes. Mientras que en Primera División el mundo fútbol dictaminó que Barracas, Riestra y Central son los protegidos del poder.

Mientras todo eso pasaba a fines de noviembre, la inmensa mayoría de los clubes respaldaba a Tapia con comunicados en redes sociales. El único que sacó los pies del plato fue Estudiantes (campeón del Clausura) con Juan Sebastián Verón a la cabeza. La reacción de los jugadores de darle la espalda “en el pasillo obligatorio” a sus colegas de Rosario Central fue un acto de rebeldía y declaración de guerra a la conducción de AFA.

A las pocas horas Javier Milei aprovechó el conflicto, se mostró con una camiseta del Pincha en su despacho presidencial e intentó reavivar el ingreso de Sociedades Anónimas Deportivas en el fútbol argentino. Acto seguido la Justicia, Clarín y La Nación -en los primeros días de diciembre Tapia fue más importante que la cruenta reforma laboral- desplegaron sus tanques para instalar en la vidriera nacional la “causa Sur Finanzas”, en la que se investiga su origen y un presunto lavado de dinero que involucraría a muchos dirigentes del fútbol argentino.

En léxico futbolero esto es un partido más, es otro clásico que juega un gobierno nacional vs. AFA. El historial indica que casi siempre gana AFA, y cada tanto empatan.

Dejar respuesta

Por favor, ¡ingresa tu comentario!
Por favor, ingresa tu nombre aquí