Dos discos de inicio de la segunda década del milenio viajan a mi oído para abrirle las puertas al olimpo del verano: Guía práctica para la pesca submarina (2012) de Galíndez, banda santafesina, y Litoraleza (2014) de Lauphan, músico santafesino-entrerriano.

Apenas los oí hice rewind hacia el hermoso y tecnofolk Carnabailito de Gaby Kerpel. Ese disco, a su vez, lo escuché porque me lo grabó en cd en 2001, cuando el país se rompía, la artista plástica Cintia Romero. En ese momento Carnabailito, y más tarde el primero de Tonolec, me llevaron por paisajes de juego musical, de aventura del pasado en el presente. Las canciones me decían acá está tu ritmo y la alegría de los piecitos, largá el paso sobre el piso, bailemos y cantemos, que no hay final.

Galíndez y Lauphan hicieron algo parecido. A partir del agua, el elemento central de composición de ambos discos, arman dos travesías de pisada musical de conjunto: experimentación, política y entusiasmo para los oídos.

El título y la imagen de Guía práctica son de un libro que encontró Esteban Coutaz (teclados) en el mítico Canje 25. El libro es de 1955 y su traducción castellana es de 1967. Yo no sé qué música escuchaba Gilbert Doukan, su autor (experto en pesca submarina). Pero si hubiera podido sumergirse al mar con auriculares en los años ’50, hubiera escuchado Galíndez.

Todo el disco me lleva a querer hacer viajes. Es un disco que podés poner en el auto, con mate o porrón a la tardecita, a la noche antes de dormir, en una fiesta. Mientras lo escuchaba pensaba en los Guardianes de la Galaxia o en la serie Cosmos de Carl Sagan, que tenía un subítulo: Cosmos, Viaje personal. Pienso en esas dos películas (convoque el lector las suyas) porque la serie de Sagan tenía el sonoro suspendido del espacio y los Guardianes, un protagonista con pasacassette y auriculares con playlists para sobrevivir al corazón y al espacio. Reviso ahora el nombre del primer capítulo de Cosmos y pienso si sería un buen título o no para esta columna: En la orilla del océano cósmico.

Guía práctica de Galíndez no indica nada al pie de la letra. Quiero decir, no son canciones con mensaje, empezando porque nadie canta. Ahora se dice experiencia “inmersiva” (¡campo semántico casual!). Al menos en esta ciudad, si la memoria no me falla, Galíndez hace de la inmersión y la aventura una experiencia estética desde hace más de una década. Yo que vengo maravillada por las voces humanas, elegí este disco increíble por lo contrario. En lugar de cuerdas vocales, habla el teclado de Esteban. En los discos siguientes van a hablar también los otros instrumentos del trío: batería y guitarra de Martín Margüello y bajo de Aníbal Chicco Ruiz. ¡Qué bienestar hermoso escuchar sus mensajes cancioneros! Dicen abajo y afuera del agua, dicen efecto chapuzón permanente, dicen salís del agua y un traje fresco te recibe en el ambiente. Por eso elijo de Guía práctica el tema que me dibuja en la mente esa fusión resbaladiza: Hombre Cangrejo. Lo pueden escuchar acá.

En la misma línea está el disco de Lauphan, Litoraleza, y con una voz anfibia. Desde el nombre el disco me pone a flotar como flor en el agua. Si tiro una piedrita, hago círculos de sentido alrededor, miren: naturaleza, litoral, gentileza, gente, gens, natur. Once canciones cuya clave está en el reconocimiento de los ecos de los géneros musicales: chamarritas, carnavalitos. Lauphan canta con una voz de animal entre las matas del monte o entre las ramas del árbol: Yo canto pa’ iluminar/ nuestro camino/ polvo es mi piel/ tiempo es mi trino. No quiere parecerse a un pájaro, un pez, una serpiente o un zorro. Canta con un timbre que mi oído asemeja a estos seres porque es enfocada y ligera.

No todas las canciones refieren al litoral, algunas refieren al noroeste, y su voz se adapta a esos géneros que contienen la experimentación. Y como Lauphan usa máquinas, interviene esos géneros. Como en Postales del Litoral, la hermosa chamarrita de apertura.

Una sorpresa maravilla para cerrar: dice Lauphan que cuando toca, siempre empieza su show con un poema que Fernando Callero le mandó cuando escuchó Litoraleza en formato ensayo y no era disco todavía. Un ritual íntimo de Lauphan, que hace común en cada recital (es decir, en ese presente) y que no está en las redes.

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