La tercera era la vencida… y lo hicimos otra vez más

ANUARIO 2025 | En la dictadura, en el menemismo, en el macrismo y, ahora, en la era de la motosierra, el objetivo ha sido siempre uno y el mismo: fortalecer un país dedicado a los enjuagues financieros, con cierta veta de exportación de materias primas, destruyendo la industria y el mercado interno.

Por cuarta vez en los últimos 50 años, nuestro país sufre las consecuencias de un modelo que se repite y se repite y se repite. En cada ocasión, también se reiteran las justificaciones: que esta vez es distinto, que la otra vez se hizo mal, que hay diferencias de fondo, que el segundo tiempo, la prosperidad, Irlanda en 20 años.

Lo cierto es que no hay diferencias en la aplicación de este modelo, apenas, si se quiere, matices. Afirmar que existen distinciones cualitativas de magnitud entre José Alfredo Martínez de Hoz, Domingo Cavallo y la dupla de Federico Sturzenegger y Luis Caputo sirve más para disculpar y justificar sus ruinosos desastres que para entender la continuidad y consistencia de los procesos de fondo.

En la dictadura, en el menemismo, en el macrismo y, ahora, en la era de la motosierra, el objetivo ha sido siempre uno y el mismo: fortalecer un país dedicado a los enjuagues financieros, con cierta veta de exportación de materias primas, destruyendo la industria y el mercado interno. Se trata un proyecto colonial promovido y sustentado abiertamente desde la Embajada de Estados Unidos por lo que la caracterización exacta de quienes lo gestionan es la de cipayos, funcionarios virreinales.

Las herramientas en cada ciclo también se parecen. Ancla inflacionaria de dólar barato vía endeudamiento masivo, que beneficia la bicicleta financiera y encincha los precios internos, hasta que no se puede pagar más o no se consigue más deuda y pumba, estalla la faja y vuelan los precios. Apertura de importaciones, embelesamiento con chucherías, cierre de industrias. Si se puede, privatizaciones, para pulverizar la fuerza del Estado (ahí más que un matiz, una diferencia significativa: durante la dictadura los militares impidieron la enajenación de empresas y bienes estratégicos). En todos los casos, ajuste del empleo público y las funciones del Estado (aquí, otro matiz que sí es una distinción cualitativa: nunca se paralizó a cero la obra pública; el desastre infraestructural, la ruina que está produciendo este gobierno todavía está lejos, muy lejos de ser cabalmente mensurada).

Y los resultados son también siempre los mismos. Están largamente expresados en la más elemental bibliografía de historia económica argentina. Aburre reescribir esta nota.

La caída del empleo y la obra pública revienta el mercado interno. La apertura de importaciones junto al dólar barato destruye la industria. No hay plata en la calle y comienza el espiral recesivo. La economía se divide entre sectores que se salvan –los extractivos, irrelevantes en términos de empleo– y sectores que se hunden –todos los ligados al mercado interno.

Cabe resaltar que la era la motosierra, y este último año en particular, muestran el más crudo impacto del modelo liberal durante la democracia. El destrozo que está haciendo la gestión de Milei es peor que el que produjo la peor crisis de la historia del capitalismo, la pandemia de coronavirus. Las cifras no mienten:

En el peor punto de la pandemia, se perdieron 245 mil trabajos privados privados y casi 27 mil públicos (272 mil en total). Con Milei, la retracción en menos de dos años de gestión es de 187 mil empleo privados y 70 mil públicos (257 mil en total). Hay una diferencia: con la salida de la pandemia, durante el gobierno de Alberto Fernández hubo recuperación e, incluso, incremento del empleo privado y público. Con Milei eso no va a suceder nunca, va en contra del modelo. Son datos oficiales del Sistema Integrado Previsional Argentino.

Desde el lado de las empresas, es todavía peor. Nunca se ha visto semejante destrucción de la iniciativa privada que con Milei. En el peor punto de la pandemia, cerraron unas 23.300 empresas. A septiembre, la cantidad de empresas cerradas durante el gobierno libertario llega a 23.900. La cantidad de empresas industriales se contrajo un 4%. Es una masacre. Los datos son de la Secretaría de Riesgos de Trabajo.

Falsa racionalidad

Los modelos liberales suelen presentarse a sí mismos como la única forma racional de organización de la economía. Son un desastre. Ni siquiera dogmáticamente tienen mucho sentido.

“¡Nooo!”, caricaturizó el presidente a comienzos de diciembre, “¡Porque si abren la economía, el sector X va caer! ¿Y?”, se preguntó con sarcasmo. Luego adoptó su ridículo tono docente: “Si ustedes abren determinado sector de la economía y determinado sector quiebra es porque el bien que ustedes están trayendo de afuera es de mayor calidad o más barato. Cuando pasa eso, ustedes tienen un ahorro, y ese ahorro lo van a gastar en otro bien, que además es más productivo y lo quiere la gente. Con lo cual, en realidad, no se produce pérdida de empleo y como va a un sector que es más productivo, la economía gana en productividad y los individuos, como disponen de mayor cantidad de bienes, son más felices”.

Esta imbecilidad fue dicha por nuestro presidente a comienzos de diciembre y pertenece a la sarta de lugares comunes de sus manualcitos sobre economía de mercado. Por las dudas, para los incautos, primero los datos: las ventas minoristas cayeron prácticamente todos los meses de la gestión Milei, lo mismo pasó con el consumo de los alimentos más básicos (carne, leche, pan). Pero, más allá de los datos, el hueco conceptual: esa frase nunca explica quién es el que trabaja.

En los términos del gediento: supongamos que logro un ahorro si compro importado, cosa que de por sí es falsa atendiendo a los crecientes niveles de endeudamiento de la población. Hagamos caso al cuentito. Después, lo gasto en… ¿otro bien importado? ¿Dónde empieza y termina el mercado y la Nación para nuestro presidente? ¿Cuál es la economía que gana? ¿Al servicio de quién está este orate?

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