ANUARIO 2025 | Mientras se planta contra Trump y el poder global alineado con el bolsonarismo, el presidente brasileño encara reformas estructurales para lograr un país más justo y mejorar las condiciones de vida de los más pobres.
En 2025, una vez más, la alegría pareció ser solo brasilera –al menos en términos políticos-. Quizás la noticia más importante del año en el mapa político del país vecino fue la condena de Jair Bolsonaro a 27 años y 3 meses de prisión por el intento de golpe de Estado en 2022. El ex presidente, que ya estaba bajo arresto domiciliario, fue trasladado a una cárcel común en noviembre.
El fallo profundizó aun más la disputa entre Lula y Trump, que había presionado fuertemente para impedir la condena. El chantaje había sido, incluso, económico: a mediados de año, el presidente estadounidense elevó el arancel de las exportaciones brasileñas al 50% en respuesta al "maltrato" sufrido por Bolsonaro.
Lejos de agachar la cabeza, Lula contestó que se trataba de "una injerencia inaceptable", plantándose del mismo modo en el que lo había hecho en 2024 frente a Elon Musk, luego de que el magnate se negara a cumplir órdenes del Supremo Tribunal Federal brasileño. La tensión entre un gobierno que defiende su soberanía y el poder global alineado con el bolsonarismo jamás fue tan evidente.
"Brasil no se pondrá de rodillas ante el gobierno estadounidense", sintetizó Lula, que respondió con el plan "Brasil Soberano", que puso a disposición 30 mil millones de reales en líneas de crédito para empresas brasileñas afectadas por los nuevos aranceles. La postura férrea de Lula dio sus frutos: en noviembre, Trump redujo los aranceles a un amplio abanico de productos agrícolas.
Mientras lucha por su soberanía en el tablero internacional, en el plano interno al gobierno de Lula le sobran energías para seguir encarando transformaciones estructurales. En noviembre, Brasil aprobó una reforma fiscal histórica que beneficia a unos 25 millones de ciudadanos, eximiendo del impuesto sobre la renta a los trabajadores con salarios más bajos y creando un tributo mínimo para los ultrarricos. "Se trata de hacer valer el principio de progresividad tributaria: quien tiene menos paga menos y quien tiene más, efectivamente, paga más", declaró el senador Renan Calheiros, uno de los impulsores del proyecto.
Además, Lula lanzó el programa Pé de Meia, una serie de incentivos económicos para que los jóvenes no abandonen la secundaria –una especie de Progresar-, y logró que los medicamentos distribuidos a través del programa Farmacia Popular pasen a ser totalmente gratuitos. Y la agenda transformadora no se detiene. Hoy, la nueva lucha del presidente brasileño es reducir la jornada laboral, eliminando el régimen de trabajo de seis días con un solo día de descanso para instaurar una semana de cuatro días y 36 horas.










