Sin Patrón es un proyecto de entrevistas a protagonistas del mundo de las cooperativas y mutuales. Hoy conocemos a la Cooperativa Posta de San Martín, que produce calzado de trabajo, pero también sport y deportivo.
Sin Patrón es un proyecto periodístico de entrevistas a protagonistas del mundo de las cooperativas y mutuales. Dialogamos con Carlos Chiummiento, de la Cooperativa Posta de San Martín, en el marco del Congreso "Las cooperativas construyen un mundo mejor", organizado por la Secretaría Provincial de Cooperativas, Mutuales y Emprendedurismo.
La Cooperativa Posta de San Martín produce calzado de trabajo, pero también sport y deportivo. Trabajan con material reciclado sus suelas. Han capacitado más de 2500 personas en calzado, gestión y procesos laborales a lo largo de su 17 años de existencia.
¿Cómo nace la cooperativa y a qué se dedica actualmente?
La cooperativa nace a partir de un centro de capacitación. Nosotros somos capacitadores: ya formamos a más de 2.500 personas, de las cuales al menos mil trabajan o trabajaron en el rubro del calzado. Por la cooperativa pasó mucha gente, porque es un espacio con mucho ritmo de trabajo y después los operarios suelen ser buscados por empresas del sector. Damos cursos de aparado, cortado, armado, modelista, métodos y tiempos, grupos compactos de trabajo. Trabajamos todo el proceso productivo y enseñamos a trabajar por tiempo y no por par producido.
La cooperativa tiene una oferta muy variada de productos. En particular, ¿en qué consiste la innovación que están desarrollando con las suelas recicladas?
Somos difíciles de decir que no a los desafíos. Hace algunos años ganamos un proyecto junto a una aseguradora llamado 180 Grados. Fuimos elegidos como el mejor proyecto desde la mitad del país hacia el norte. El año pasado nos propusieron desarrollar un producto de economía circular y decidimos trabajar con caucho reciclado. Logramos una suela de calzado de trabajo con un 33% de caucho reciclado, en conjunto con la empresa Works, una de las recicladoras más grandes del país. El producto incluye certificación de disposición final dentro de la caja. En algunas zapatillas incluso llegamos a un 50% de material reciclado. Es un aporte a la ecología, a la innovación y a la necesidad constante de crear cosas nuevas, sobre todo en un contexto donde competir con lo importado es muy difícil.
¿Qué es Bichi y qué rol cumple dentro de la cooperativa?
Bichi no es una marca propia, es una marca colectiva. Surge de una ley del año 2009 que promovía que el Estado ayudara a crear marcas. Es una de las primeras cinco marcas colectivas del país y la única que nunca vendió al Estado. Estamos especializados en corte y aparado de calzado de seguridad: llegamos a producir hasta 1.450 pares por día para empresas muy conocidas de Argentina. También hacemos calzado de moda para distintas marcas, trabajamos mucho en cuero y desarrollamos calzado de trabajo con suela reciclada. Además, producimos calzado de fútbol cinco, también de cuero, con los logos de los clubes, que las comisiones venden para recaudar fondos.
¿La innovación fue una estrategia clave para sostenerse en el tiempo?
Sí, sin dudas. Innovar es adaptarse al mercado y también fidelizar. Hoy es muy difícil competir con una zapatilla importada: yo pago suela, materiales, impuestos, trabajo y ganancia, y muchas veces el producto importado entra a un precio imposible. Por eso creemos que la innovación hoy también está en la comunicación: llegar a un sector de la sociedad que valora el trabajo nacional, la economía circular y el cooperativismo, y que es fiel a esos valores.
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¿Cuántas personas integran hoy la cooperativa?
Actualmente somos 30 asociados. En 2023 éramos 85, pero muchos compañeros encontraron trabajo en empresas. Decidimos no seguir formando más gente en ese momento porque el contexto estaba complicado y no queríamos que se quedaran sin empleo. Ahora, con estos nuevos productos, están empezando a llegar pedidos y esperamos poder volver a crecer e incorporar compañeros para generar más trabajo.
¿Qué vínculo tuvieron con el Estado a lo largo de estos años?
Siempre estuvo ligado a la capacitación. Somos capacitadores oficiales de tres ministerios nacionales y dos provinciales. Empezamos en 2003 con un proyecto de regionalización educativa, dando cursos con salida laboral. Primero lo financió la municipalidad, después Nación y Provincia se fueron sumando. El Estado nos permitió trabajar en una escuela hasta que pudimos alquilar nuestro propio espacio. Más adelante recibimos un subsidio para comprar máquinas, que devolvimos muchas veces en impuestos. Siempre decimos que estamos agradecidos al Estado, porque nosotros devolvemos eso generando empleo: cuando alguien trabaja, consume, y eso hace que la rueda de la economía se mueva.
¿Qué le dirías a quienes están pensando en iniciar un emprendimiento bajo el modelo cooperativo?
Primero, que disfruten el proceso. Todo lleva tiempo y si no se disfruta el camino, cuando se llega a la meta ya hay otra y no se valora lo recorrido. Segundo, que elijan el cooperativismo, aunque sea por probar: la conciencia cooperativa muchas veces se construye adentro. Y tercero, aprender a trabajar en grupo. El cooperativismo enseña a desear que al otro le vaya bien, a no tener envidia, a colaborar. También requiere organización, decisiones claras, rendir cuentas, pedir disculpas cuando uno se equivoca. La cooperativa te da esa posibilidad y también te lo exige. Y si uno se equivoca con buena intención, siempre es más fácil corregir.










