Usemos metáforas hogareñas para idiotas

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ANUARIO 2025 | El cuentito oficial señala que “nadie en su casa gasta más de lo que entra”. La peor de esas analogías es la actual defensa del “déficit cero” como supuesto método de control de la inflación.

Pocas cosas más impertinentes que la comparación del funcionamiento de una economía nacional con el de un hogar. Son cosas completamente distintas, con complejidades que hacen completamente erradas las analogías. Son artificios para hacer asequibles barbaridades en quienes apenas si pueden entender por qué tienen un poco más o menos de moneda en su casa. metáforas

La peor de esas analogías es la actual defensa del “déficit cero” como supuesto método de control de la inflación. Casi la totalidad de los países del mundo tienen al mismo tiempo estabilidad y déficit, todos los años. Con ese dato nomás alcanza para desestimar esa perorata. Ensayaremos aquí, no obstante, una aproximación a las metáforas para idiotas que usa el gobierno para explicar su “déficit cero”.

El cuentito oficial señala que “nadie en su casa gasta más de lo que entra”. Es muy cierto: es imposible en el hogar crear dinero o deuda, a gusto, como sí puede hacer, con ciertos límites, un Estado. A partir de esta restricción básica, se decide qué hacer con el dinero que ingresa a la casa.

Lo que el gobierno está haciendo, si fuera el responsable de una economía hogareña, es, en orden, matar al abuelo quitándole los remedios y dándole de comer papas y cebollas una vez al día, sacarle los libros a los chicos y cambiarlos a una peor escuela, sin darles un peso para el bondi, y no hacerle absolutamente nada a la casa. No hay una piecita nueva para separar los cinco hijos que duermen juntos, el pozo negro está rebalsado hace un año, la heladera se rompió y la comida huele a podrido siempre. Eso sí, al tío timbero y tarambana se le dan los fondos necesarios para seguir de juerga y al banco se le pagan las deudas pidiéndole moneda al prestamista matón del barrio. metáforas

El ajuste a jubilaciones, a la educación en todos sus niveles, al transporte público, a la salud están impactan hoy en las vidas de los argentinos. Pero el atraso hacia el futuro tiene una profundidad que no podemos hoy estimar. El desarrollo de un país es imposible sin inversión en infraestructura y la única institución que puede planificar pensando en un interés colectivo ese tipo de intervención es el Estado. Cuatro años sin obra implica la ruina de lo que quedó por hacer de los dos años previos y, al menos, dos años más para poder empezar desde cero con lo que falta. A trazo grueso, terminan siendo ocho años para atrás.

¿Se entiende la idiotez en la que estamos embarcados, mientras repetimos esta metáfora imbécil, con cara de ser astutos, unos vivos bárbaros?

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