Esa estrella era mi lujo

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ANUARIO 2025 | La histórica campaña submarina liderada por científicos del Conicet y transmitida en vivo por streaming logró que por algunas semanas millones de personas siguieran en tiempo real las desventuras de los extraños seres que habitan el lecho marino.

En el prode de este 2025 ninguno de nosotros incluía la opción de terminar el año teniendo un tendal de información sobre todo eso que vive en el lecho marino a la altura de Mar del Plata. Pero así es la vida en este pais: inesperada, como una estrella nalgona que engalana la tarde.

Durante algunas semanas de 2025, la ciencia argentina logró algo poco habitual: convertirse en fenómeno de masas. La histórica campaña submarina liderada por científicos del Conicet, transmitida en vivo por streaming, atrajo a miles de espectadores que siguieron en tiempo real el trabajo de investigación en el Mar Argentino. 

Durante la expedición Talud Continental IV, que transmitió en vivo las inmersiones del robot submarino desde casi 4.000 metros de profundidad, el streaming se convirtió en un fenómeno de audiencia tanto en plataformas como en redes. En varios momentos de la transmisión, alcanzó picos de hasta 80.000 espectadores simultáneos siguiendo el desarrollo de la misión por YouTube, superando a todas las emisiones de noticias y a muchos de los programas tradicionales en la misma franja horaria. La campaña acumuló más de 17 millones de visualizaciones a lo largo de las tres semanas de emisión, con un promedio aproximado de 500.000 vistas por inmersión. En total, casi cuatro millones de personas sintonizaron en algún momento la transmisión desde sus casas, bares, escuelas, boliches, estadios de fútbol y velorios. Ese fervor lo convirtió en uno de los eventos científicos más vistos de la historia digital argentina, y del mundo.

La experiencia nos enseñó dos cosas: primero, todo lo que ahora sabemos sobre el mar, los corales, los caracoles, las estrellas y el lecho marino. Segundo, que somos una sociedad curiosa, interesada y orgullosa del sistema científico público.

Hasta cierto punto. Ese entusiasmo parece contrastar de forma brutal con el contexto político en el que se desarrolló. Mientras el streaming multiplicaba visualizaciones y acercaba la ciencia a públicos que rara vez aparecen en los discursos oficiales, el gobierno nacional avanzaba con un ajuste profundo sobre el Conicet y el conjunto del sistema científico-tecnológico. Recortes presupuestarios, congelamiento de ingresos a la carrera de investigador, paralización de becas y deterioro salarial comenzaron a configurar un escenario de asfixia institucional.

En Santa Fe, una de las provincias con mayor densidad de centros de investigación del país, el impacto fue inmediato. Investigadores superiores del Conicet hicieron pública una carta abierta en la que advirtieron sobre una “catástrofe” en curso: proyectos paralizados, equipos que se desarman y jóvenes científicos forzados a abandonar la investigación o emigrar. El documento puso en palabras una preocupación estructural sobre el futuro del desarrollo científico nacional.

El contraste entre el furor del streaming y el silencio posterior frente al ajuste reveló una paradoja incómoda. Casi como esos minutos de completa oscuridad y silencio en los que todos mirábamos al fondo del mar esperando que algo aparezca, sin saber muy bien qué. 

Al parecer, la ciencia despierta interés cuando se la muestra, cuando se la explica y cuando se la acerca a la vida cotidiana. Pero ese interés social no encuentra correlato en las decisiones políticas de un gobierno que concibe al conocimiento como gasto y no como inversión estratégica. Ni entre los millones de votantes, que quizás disfrutaron del momento de divulgación pero terminaron eligiendo profundizar el ajuste en el sector de la ciencia y la técnica. 

No alcanza ni con una estrella de mar culona para persuadirlos. estrella

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