Por qué la Reforma Laboral sí perjudica a los trabajadores no registrados

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Foto: Mauricio Centurión.

En dos años, la "casta" que venía a combatir Milei paso de ser sólo los políticos a incluir jubilados, empleados públicos, discapacitados y niños con enfermedades graves. Y ahora, finalmente, la “casta” son también las y los trabajadores. Así, a secas. Ahora sabemos que la casta es como Nisman: somos todos.

La Reforma Laboral retrocede la legislación entre 80 y 100 años, según el punto. Habilita a la jornada laboral de 12 horas, sin pago de horas extras, quebrando el piso de demandas del movimiento obrero, las ocho horas de trabajo. En el debate, a ese retroceso inédito lo venden como “modernización”.

Ese truco también se hizo en los 90 y consiste en llamarle “pasado” a lo que son los pocos y costosos progresos en derechos para las mayorías y “modernidad” a lo que es más o menos reaccionario y beneficioso para una ínfima parte de la población. Las películas yanquis de los 80 hicieron popular ese truco, presentando al bloque soviético como algo gris y frío y a Estados Unidos con colores y fuegos artificiales. Iván Drago y Rocky Balboa.

No importa que haya caído el Muro de Berlín y que hoy la China comunista sea la vanguardia económica y tecnológica global. Pasaron 50 años y siguen usando la misma treta. Capaz que el problema sea lo fácil que tragamos esa píldora.

La Reforma Laboral en Argentina

Por donde se entre –las vacaciones, las licencias por salud, las horas de trabajo, el orden de la semana laboral, el pago del salario con mercadería, lo que sea– en todos los casos la Reforma Laboral hace más difíciles las condiciones de vida del trabajador, en todos los aspectos, a la vez que endurece el poder de mando del empleador. Eso es un dato e incluso es un argumento, que el oficialismo expresa públicamente, de forma apenas velada: a los derechos laborales vigentes les dicen “privilegios”. Las figuras del gobierno agregan, luego, que los trabajadores no registrados no gozan de ninguno de esos “privilegios” y que la nueva ley viene a quitar “privilegios”. Es una forma oblicua de decirle a los trabajadores no registrados que van a achatar las diferencias con los trabajadores registrados, pero no por mejorarle la vida de los primeros, sino por cagarle la existencia a los segundos, que sí siguen siendo la mayoría de los trabajadores.

Porque todavía los trabajadores registrados representan la mayoría de los trabajadores en el mercado laboral. Sólo el 36% de los trabajadores no hace aportes jubilatorios y el 43% entra en una vidriosa nueva categoría de Indec, el “trabajador informal”, que contiene a los cuentapropistas que no pagan monotributo. Como sea, la mayoría siguen siendo los trabajadores formales y registrados.

Contra toda la evidencia histórica, el gobierno alega que la flexibilización en las condiciones de trabajo y la baja en los aportes patronales va a hacer que los empleadores registren más trabajadores. Porque los empleadores son intrínsecamente buenos y los empleados son, naturalmente, unos vagos abusadores que sacan licencias porque sí.

Desde la perspectiva liberal, el empleador no registra a sus trabajadores por el “costo laboral”, las contribuciones patronales y los aportes de los propios empleados para sostener la seguridad social. Con la nueva ley, el incentivo para registrar es una baja del 44% al 32% de este costo, sobre el total del sueldo bruto. Desde el lado del empleador es una cifra marginal sobre el costo total (12 puntos del salario), desde el lado del empleado es un montón: es el vaciamiento de las cajas de seguridad social.

No va a ser esa variación marginal del “costo laboral” lo que mueva al empleo. Nunca lo fue y no lo es ahora.

El único incentivo material que tiene el empleador para registrar sus trabajadores, uno bien concreto, es que los necesite tanto, tanto, pero tanto, que los trabajadores estén en condiciones de poder demandar mejoras en sus condiciones de trabajo. Oferta y demanda, bro. Eso sucede sólo cuando la economía funciona bien en la realidad y el empleador necesita más trabajadores para producir más. Tantos trabajadores más que los trabajadores pueden defender sus condiciones de trabajo.

El panorama actual no es ese. Según la última Encuesta de Tendencia de Negocios del Indec, los dos motivos principales por lo que no se produce más es por “demanda interna insuficiente” (52%) y “competencia de productos importados” (11%). Y hoy el uso de capacidad instalada de industria está en un punto más bajo que en la pandemia de coronavirus. Más rápido: la mitad de industria está parada porque no tienen a quién venderle.

¿Qué dice la historia? ¿Alguna vez alguna flexibilización laboral generó más trabajo en general y del registrado, en particular? No, nunca jamás.

Las flexibilizaciones laborales del menemismo y de la Ley Banelco, con De la Rúa, no movieron el amperímetro. La desocupación y el aumento de la informalidad corrieron en paralelo. En ambos casos hubo sensibles bajas en los aportes patronales, como ahora.
Sin embargo, al revés, con doble indemnización por despido y leyes más estrictas de protección a los trabajadores, el trabajo privado registrado creció sin parar, siempre y solamente bajo los gobiernos populistas.

Ese aumento del trabajo privado registrado es el resultado, también lo muestra la historia, de que la cantidad de empleadores privados creció sin parar, siempre y solamente bajo los gobiernos populistas.

Es dato, no opinión. Estas son las cifras oficiales de la Secretaría de Trabajo y de la Anses:

= Néstor Kirchner: sumó 171 mil empresas privadas formales, más de dos millones de personas obtuvieron un trabajo privado registrado
= CFK: sumó 41.500 empresas privadas formales y casi 700 mil trabajadores privados registrados más.
= Mauricio Macri: restó casi 24 mil empresas privadas formales y 233 mil personas perdieron su trabajo privado registrado.
= Alberto Fernández: sumó casi 2300 empresas privadas formales y más de 350 mil trabajadores privados registrados.
= Javier Milei: lleva destruidas casi 22 mil empresas privadas formales y casi 197 mil personas perdieron su trabajo registrado.

En suma, el siglo XXI muestra que el crecimiento del sector privado depende pura y exclusivamente de que exista un ciclo político que fortalezca los sectores que dinamizan la economía interna: la industria, el comercio, la construcción. Son los tres sectores más afectados por la gestión libertaria, y por todas las gestiones liberales en general. Son los tres sectores que sólo crecen con el maligno populismo, incluso a pesar de las repetidas y suicidas pelotudeces que dicen sus cámaras representativas.

Se derrumba el horizonte de reclamo

Resta señalar un punto más: también afecta a los trabajadores en negro esta Reforma Laboral. Sí, a vos, lobo libertario de la calle, pueblo laburante verdadero, amargo carnero que festejás el “fin de los privilegios”, que te reís porque “a esos derechos nunca los tuve”, a vos también te están jodiendo.

Para empezar, la Reforma Laboral empeora la vida del trabajador no registrado porque baja sensiblemente el techo de lo que puede reclamar. Un trabajador no registrado tiene los mismos derechos que uno registrado, pero suspendidos, arrebatados más bien, por su empleador.

El trabajador no registrado no está completamente por fuera de la esfera del derecho laboral. La ley laboral le permite hacer un reclamo ante la Justicia, con un horizonte de negociación definido. En la vida diaria, le permite pelear al menos por una semana de las dos semanas de vacaciones que todavía establece la ley. No obtendrá del empleador lo mismo que un trabajador registrado, pero sí puede reclamar cosas que se aproximen. Más todavía en la muy extendida situación laboral en la que trabajadores registrados y no registrados conviven en la misma unidad productiva, algo típico en comercios y restaurantes. Ni qué hablar de los trabajadores que tienen una parte de su jornada en blanco y el resto en negro.

Ahora, con la nueva ley, el horizonte de reclamos del trabajador no registrado se derrumba. Hasta acá nomás llegó. Esto es todo lo que hay amigos, no más. Encima, si antes trabajaba 10 horas, porque el registrado trabajaba ocho, ¿por qué el empleador no va a pedirle 12, si ahora el registrado trabaja 10 y sin horas extras? Si al trabajador registrado se le puede pagar “con especia” (es decir, mercadería), ¿por qué al no registrado no se le va a hacer lo mismo, en mayor proporción? ¿Por qué el empleador le va a dar vacaciones de una semana corrida, si ese es el tope del derecho de un registrado?

La única razón concreta y evidente de esta Reforma Laboral es sumarle un poder a los empleadores que no tienen desde hace un siglo. Ni más ni menos. Y así como queda claro que la “modernidad” es un salto atrás al siglo XIX, también se revela finalmente quién son los ganadores de este modelo. No sos vos, trabajador. Pero tampoco sos vos, empleador del comercio, la industria o la construcción, que te vas a fundir igual por la asfixia del mercado interno que promueve este modelo.

La “casta” contra la que combate el gobierno suma así una nueva capa. Milei empezó diciendo que la casta eran los políticos, después supimos que eran los jubilados y los empleados públicos –sobre todo, los científicos y universitarios–, luego aparecieron otros privilegiados a los que combatir, como los discapacitados y los niños con enfermedades graves y ahora, finalmente, la “casta” son también los trabajadores. Así, a secas. Ahora sabemos que la casta es como Nisman: somos todos.

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