ANUARIO 2025 | El recrudecimiento de la violencia machista es producto de la desidia del Estado, que recorta políticas públicas de asistencia y prevención, promueve discursos estigmatizantes y niega el patriarcado y sus efectos.
El 16 de octubre Patricia Bullrich, la entonces ministra de Seguridad de la Nación, se sentó en la mesa del streaming Carajo junto al infame Gordo Dan y dijo: “El desequilibrio que se generó con el feminismo extremo te lleva a situaciones en las que la violencia es tan fuerte que termina destruyendo a la misma persona que genera esa lógica”.
Sí, culpó al feminismo, a las mujeres y a las víctimas de violencia por la violencia machista. Nada nuevo en el pensamiento de Bullrich y del ecosistema libertario, la verdad. Pero esas palabras, la apología de la violencia machista de Bullrich y los machitos de Carajo, se dio en un contexto de crueldad extrema contra las mujeres y feminidades: en los 16 días que llevaba octubre habían ocurrieron 14 femicidios, un transfemicidio, 14 intentos de femicidios y decenas de denuncias de acoso, amenazas, hostigamiento y violencia física contra mujeres y disidencias.
Cinco días antes de esa entrevista, el país se había estremecido con un doble femicidio y el secuestro de un niño en Córdoba. Pablo Laurta mató a su expareja, Luna Giardina, y su exsuegra, Mariel Zamudio y secuestró a su hijo de 5 años. Mató también al remisero que lo trasladó con el pequeño luego de cometer el doble femicidio.
Laurta tenía antecedentes de violencia y denuncias previas, pero pocas cosas valen menos que la vida de las mujeres, como la Justicia se encarga de demostrar una y otra vez. Además de femicida, Laurta es un soldado de la “batalla cultural” de Agustín Laje y Nicolás Márquez (amigos del Gordo Dan y de Milei), y militaba fervientemente contra el feminismo y la “ideología de género” desde su cuenta de Twitter Varones Unidos, donde compartía contenido misógino a diario. "Con un tuit nadie te lastima", había dicho Milei un par de semanas antes en una entrevista.
La ciudad de Santa Fe no fue la excepción en ese octubre trágico: hubo un femicidio y un intento de femicidio en dos días. El lunes 20 un hombre, que tenía una orden judicial de restricción de acercamiento vigente, irrumpió en el edificio donde vivía su expareja (en calle Francia al 2700) y la atacó. La sobreviviente fue rápidamente asistida y trasladada de urgencia al Hospital Cullen. Al día siguiente, Rosa Gabriela Villagra, una mujer de 45 años, fue asesinada frente a sus hijos por su ex pareja en una vivienda de barrio Loyola. La Asamblea Ni Una Menos se volcó a las calles para exigir justicia y mayor presencia del Estado para prevenir y erradicar la violencia machista.
El recrudecimiento de la violencia contra las mujeres tiene explicación y causales: no es solo el abandono del Estado a cualquier política de asistencia y prevención, es la presencia del Estado con discursos estigmatizantes y violentos que solo apuntalan la existencia de aquello a lo que ellos niegan existencia: el patriarcado y la violencia sistémica y estructural contra las mujeres.










