ANUARIO 2025 | Mientras la vacunación obligatoria se derrumbó a niveles récord, permitiendo el retorno de enfermedades que se habían extinguido, una diputada del Pro organizó una charla antivacunas en el Congreso de la Nación.
2025 marcó una caída récord de la vacunación obligatoria en Argentina y el retorno de enfermedades que se habían extinguido, como la hepatitis A, el sarampión -35 casos confirmados-, la tuberculosis, la fiebre amarilla –luego de que Milei acotara el acceso a la vacuna- o la tos convulsa, que se llevó las vidas de seis bebés menores de dos años. Cuatro de ellos ya estaban en edad de ser vacunados, pero no lo fueron.
La vacuna triple viral, que incluye la protección contra el sarampión, pasó de una cobertura del 94,54% a una del 46,7% en 2024. Algo similar ocurre con la varicela: la tasa de vacunación pasó del 102,14% en 2022 al 45,8% en 2024. La cobertura de la vacuna contra la poliomielitis pasó del 90,3% al 47,6% en dos años, mientras que la de meningococo cayó del 73,94% al 51,9%.
El cuadro es preocupante, y para la comunidad científica la desinformación y la falta de políticas públicas son las principales responsables. Alejandra Gaiano, prosecretaria del Comité de Infectología de la Sociedad Argentina de Pediatría, consideró que “estamos ante un escenario de fragilidad inmunológica colectiva”: “Las cifras actuales no solo comprometen la inmunidad individual, sino que ponen en riesgo la salud pública en su conjunto”.
Caída récord de la vacunación obligatoria y el retorno de enfermedades que se habían extinguido
En este marco, la diputada del PRO María Inés Quiroz presentó un proyecto en el Congreso para “revisar” la Ley 27.491, que establece la vacunación obligatoria. Además, Quiroz organizó una charla antivacunas en plena Cámara de Diputados de la Nación. El evento se tituló "¿Qué contienen realmente las vacunas COVID-19? Perspectivas legales, políticas, económicas, genéticas e infectológicas" y tuvo lugar el 27 de noviembre, pese al rechazo de la comunidad científica y de varios legisladores –hasta el Pro sacó un comunicado en repudio-.
Quiroz destacó que la actividad permitió “escuchar voces calificadas”, tales como la de una “pediatra” que asoció las vacunas con el autismo y que sostuvo que la prevención del COVID-19 era un “experimento social y genético orquestado desde el más allá”; o la de un hombre que afirmó que su cuerpo había quedado “magnetizado” después de aplicarse las vacunas de AstraZeneca contra el COVID-19, y lo demostró quitándose la remera y mostrando cómo un elemento metálico quedaba pegado en su pecho.
Siete sociedades científicas rechazaron la actividad, al considerar que el título de la misma podía “provocar reticencia a vacunarse en la comunidad, o dudas respecto al valor de las vacunas; lo que resulta de enorme peligro, sobre todo en momentos en los que encontramos tasas de vacunación alarmantemente bajas, tanto para COVID como para otras enfermedades que habiendo estado absolutamente controladas luego de la introducción de las vacunas, están reemergiendo como problemas sanitarios de peso”. En un momento así, la realización de eventos de este tipo "induce al negacionismo científico" y va "en desmedro de la confianza en las vacunas".










