Tras la amenaza de Donald Trump de bombardear las centrales elécticas de Irán, los persas redoblaron la apuesta y prometieron reventar toda la infraestructura clave, incluso la de agua, de los principales proveedores globales de petróleo, gas y fertilizantes. Milei pasea en Hungría y el gobierno nacional no toma ninguna medida económica precautoria.
El ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán está desatando una crisis global en la provisión de petróleo, gas y fertilizantes que no tiene precedentes. Frente a ese panorama, el gobierno nacional no muestra ningún signo de anticipación o respuesta. Hasta ahora, sólo subió las retenciones al petróleo del 3,5% al 8%, cuando el barril superó los 100 dólares. Es el porcentaje histórico. No hay medidas preventivas para los faltantes ni para controlar una disparada de precios ni los efectos recesivos globales que tiene esta crisis.
El sábado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazó con destruir las centrales eléctricas iraníes si el estrecho de Ormuz no se liberaba para este lunes. El bloqueo iraní, en respuesta a las agresiones de Estados Unidos e Israel, está generando una grave crisis en la salida del petróleo, el gas y las materias primas para fertilizantes.
El domingo, Irán respondió con una advertencia: atacarán toda la infraestructura vinculada a Estados Unidos en los países vecinos y, lo más importante, las plantas de energía y desalinización de los países del Golfo, lo que disolvería la posibilidad de vivir en esos lugares desérticos.

Hoy lunes, todavía el gobierno nacional argentino no ha dado señales de tomar ninguna decisión económica preventiva para los efectos locales que puede tener una disparada en los precios de la energía y el faltante de fertilizantes, como problema inicial. Será que dejan todo en manos del mercado.
Irán picante
El cuartel general del comando operativo del ejército iraní, Khatam al-Anbiya, declaró que Irán atacaría “toda la infraestructura de energía, tecnología de la información y desalinización perteneciente a Estados Unidos e Israel en la región”. El comunicado añadía que, si se cumplía la amenaza de Trump, el estrecho de Ormuz quedaría “completamente cerrado y no se reabriría hasta que se reconstruyeran nuestras centrales eléctricas destruidas”.
Hasta ahora, Irán atacó puertos y refinerías en Arabia Saudita, Kuwait, Bahréin, los Emiratos Árabes Unidos y Qatar, en represalia por los ataques a su infraestructura. El cierre del estrecho de Ormuz provocó la pérdida del equivalente a cuatro días completos de suministro mundial de petróleo durante los 23 días de guerra hasta el momento.
Todavía Teherán no apuntó a las grandes plantas desalinizadoras de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, que proveen agua para millones de personas que viven en esos desiertos. El daño en esas instalaciones podría hacer que algunas ciudades del Golfo sean inhabitables en semanas.
Por Ormuz pasa una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado, por lo que el bloqueo iraní está provocando la peor crisis petrolera del mundo desde la década de 1970. Irán sólo permite el paso a alrededor del 5% del tráfico habitual. Los buques que Teherán deja salir provienen de China, India y Pakistán.
Arriba de lo que hasta ahora viene siendo una victoria táctica de Irán, en los últimos días demostró una capacidad bélica desconocida, en un eficaz ataque misilístico contra las ciudades israelíes de Arad y Dimona, en el sur de Israel, en una zona que alberga centros de energía y armas nucleares. Los ataques marcaron la primera vez que misiles iraníes lograron penetrar los sistemas de defensa aérea israelíes en la zona.









