Un estudio de la UBA alerta que la mayoría de las personas en situación de pobreza tiene empleo, aunque en condiciones inestables y con peores ingresos.
La informalidad laboral continúa siendo uno de los principales problemas estructurales del mercado de trabajo argentino. Según un estudio elaborado por la Universidad de Buenos Aires (UBA), en base a datos de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec, casi el 85% de los trabajadores del quintil más bajo de ingresos se desempeña en condiciones precarias.
El informe revela que en el primer quintil de ingresos laborales —es decir, el 20% de los trabajadores con peores salarios— la informalidad alcanza el 84,8%. Esto significa que ocho de cada diez personas de este segmento trabajan sin aportes, sin cobertura social o sin derechos laborales básicos.
Si se observa el promedio general del mercado laboral, la informalidad alcanza a cuatro de cada diez trabajadores. Además, en la comparación interanual, el fenómeno registró un aumento de aproximadamente un punto porcentual, al pasar del 42% al 43% de la población ocupada.
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El análisis también muestra fuertes diferencias según el tipo de ocupación. Mientras que entre los asalariados la informalidad se ubica en el 36,3%, entre los trabajadores por cuenta propia asciende al 63,4% y entre los empleadores al 28,7%. También existen brechas por género, con tasas del 42,5% entre los hombres y del 44,4% entre las mujeres, y por edad, ya que el fenómeno alcanza al 67,4% de los jóvenes.
Otros factores que influyen son el nivel educativo y el sector de actividad. Entre quienes no completaron la educación media, la informalidad llega al 67,5%, mientras que rubros como el servicio doméstico (79,8%) y la construcción (72,6%) figuran entre los más afectados por la precarización laboral.
Un informe complementario de la organización Futuros Mejores advierte que el desempleo no es la principal explicación de la pobreza en Argentina. Según sus datos, apenas el 7,9% de las personas pobres en edad de trabajar se encuentra desocupada, mientras que el 59% tiene empleo en sectores como la construcción, el comercio o la industria, aunque esos ingresos no les permiten salir de la pobreza.
Los especialistas también cuestionan algunos prejuicios instalados en el debate público. Según el estudio, las personas en situación de pobreza trabajan, en promedio, más horas semanales que quienes no lo están (41,8 horas frente a 40,2), lo que relativiza la idea de que la pobreza esté asociada a la falta de esfuerzo o de inserción laboral.
Finalmente, los investigadores advierten que la precarización del empleo aparece como uno de los factores centrales para explicar la pobreza estructural y señalan la necesidad de repensar las políticas públicas. En ese sentido, proponen avanzar hacia estrategias integrales que combinen políticas de ingresos, empleo formal, capacitación laboral y reconocimiento de las tareas de cuidado, siguiendo experiencias aplicadas en países con mayores niveles de desarrollo.
Con información de InfoGremiales










