Los sueldos no alcanzan, las familias no pueden pagar sus deudas, los negocios no venden, las empresan quiebran, los despidos aumentan. La economía entró otra vez en una previsible espiral destructiva, que se acelera sin remedio en nuestras propias vidas.
Está pasando otra vez. Es la cuarta, contando desde 1976, la segunda en los últimos 10 años, y la primera en la que una generación repite en su adultez lo que vivió en su juventud. Es una letanía.
¿Tu viejo también se pone triste porque ahora vos le tenés que pagar la luz? ¿Tu hija tiene compañeritos nuevos en la escuela pública? Vienen de una privada, ¿no? ¿Te acordás cuando con tus amigos no hablabas todo el tiempo de la plata que no tenés? Todos esos autos chocados que andan dando vueltas… ¿La gente dejó de pagar el seguro? ¿Dejaste de comer asado, otra vez? ¿Miraste las sonrisas? Tienen más agujeros que antes. El dentista se está volviendo un lujo. ¿Y cómo dormís el mes previo a la renovación del alquiler?
En el hogar, echan a uno de los dos. Van tres días corridos que no abrís caja en tu negocio. Pagaste el mínimo de la tarjeta y el mes que viene ya no te va alcanzar. Sos profesional y los clientes no aparecen. Endurecés el caparazón, mirás al costado, sabés que vas a durar más porque sos maestra, enfermera, administrativa o policía del Estado, pero el recibo de sueldo queda atrás, siempre atrás, casi quieto en el lugar. No hay para los remedios de mamá. El Uber se llenó de gente nueva y ahora los viajes valen dos mangos, la verdulería abierta con la indemnización no alcanza para nada. Entonces, algo te detona.
Por el gerente de supermercado que perdió su trabajo, después su casa y despues su vida. Ten piedad de nosotros. Por el empleado viejo de constructora que se quedó en la calle con el cuerpo roto y se cayó fulminado su corazón. Ten piedad de nosotros. Por el empleado bancario que dejó una familia por morirse despedido de tristeza. Ten piedad de nosotros. Por la esposa y madre que vio el derrumbe de la empresa familiar y le estalló la vena. Ten piedad de nosotros. Por el profesional reconocido y premiado que enfermó de tanto esperar al lado del teléfono. Ten piedad de nosotros. Ten piedad de nosotros. Ten piedad de nosotros y del mundo entero.
Acá podría venir un párrafo sobre la historia de una generación que perdió así a sus padres y madres, muertos de impotencia, silencio y soledad a fines y comienzo de siglo, y que ahora, casi 30 años después, es la que se revuelca en la cama por la noche porque, es sabido, la repetición mata tanto como la angustia de saber que no hay salida.
La profundidad del ajuste sobre el Estado, del ataque a los trabajadores privados, a quienes siempre les homologaron paritarias por debajo de la inflación, la combinación destructiva de dólar barato sostenido con endeudamiento y apertura total de las importaciones, el desguace de sectores estratégicos, la desregulación siempre en favor de los más ricos, con altísimo impacto en los alquileres, el aumento de los impuestos para las mayorías (ganancias, monotributo, combustibles), el sablazo en las tarifas… la enumeración es larguísima pero el resultado es uno solo, el derrumbe.
Y nada de esto, así, era necesario en diciembre de 2023. Si la inflación heredada era vapor, lo único que hizo el gobierno fue poner una tapa y esperar a que la presión no exista. A esa la tapa la sostiene con recesión y endeudamiento externo. La recesión le sirve para que vos no tengas plata en el bolsillo y no compres, el endeudamiento sirve para que el dólar esté barato. Esas son las únicas dos anclas reales que hacen que haya un poco más de estabilidad de precios y que, al mismo tiempo, te estés arruinando. Porque en los modelos liberales, controlar la inflación es arruinarte la vida.
Si no se apaga el fuego, toda olla a presión estalla. El fuego no está apagado. El gobierno es una máquina de devorar dólares para nada. No paga deuda y, ya es sabido, no la gasta en infraestructura. Un blanqueo grosero, más deuda con el FMI, el humillante salvataje de Estados Unidos en pleno período electoral y, ahora, el ministro de Economía Luis Caputo, que no trae su guita fondeada en el exterior, ruega que los argentinos entreguen su canuto verde a los bancos. Todo en el altar del dólar barato, para que los precios no suban acompañando una devaluación. ¿Qué van a hacer ahora, con el tembladeral petrolero en Irán, con la segura derrota de Donald Trump en noviembre?
Cuando llegue la devaluación, porque va a llegar, no se va a trasladar a precios como en diciembre de 2023, cuando Caputo imitó a Celestino Rodrigo (gugleá). Lo que va a haber es una ola de quiebras. Las empresas no van a poder trasladar a precios la suba del dólar, porque ya todo está impagable. Sencillamente van a quebrar. Y las industrias que puedan van a apelar al recurso de moda: reconvertirse en importadoras.
¡Pero el país crece, el país crece, dice el Indec! El crecimiento del país es una metáfora, cuyo referente es un promedio engañoso. Lo que el promedio oculta es que sólo crecen poquísimos sectores que no generan nada, pero nada de empleo, como el campo, la minería y el petróleo y el gas, y caen en picada los sectores más dinámicos en los que trabajan las mayorías: el comercio, la industria, la construcción. Hay ganadores en esta mierda. Son los mismos a los que le bajaron el impuesto a los Bienes Personales, los que gozan de la baja de los impuestos a los autos caros y los yates.
Esta destrucción es premeditada. Sí saben lo que hacen. Se dice que lo virtuoso de la rigidez en las medidas no se traslada a la vida de la gente, no se ve en la calle, no llega a “la micro”. Pamplinas. No es que el gobierno no sepa qué hacer con la microeconomía, sino que ésta microeconomía es el resultado directo de las decisiones macroeconómicas que tomó el gobierno. Por eso, el que te diga que “la macro está bien” o que el gobierno tuvo logros en “la macro”, ese, ese es el traidor.
Los trabajadores de la empresa rosarina Electrolux esta última semana agarraron en masa los retiros voluntarios que ofreció la empresa, que viene de dos años de suspensiones más o menos regulares. Ofrecieron 100 retiros voluntarios. La oferta era el equivalente a una indemnización y media, con el cálculo de la vieja ley laboral. Se presentaron 120 trabajadores. Desde el sindicato explicaron que ya están tan ahogados por las dudas que prefieren quedarse sin trabajo pero recibir el dinero todo junto, para poder pagar.
Fueron nuestros padres y madres, ahora somos nosotros. Ten piedad de nosotros y del mundo entero. Ten piedad de nosotros y del mundo entero hasta que llegue el tiempo en que con nuestras propias manos sea otra vez el fuego.










