“La noche quizás tenga que ver con mi personalidad, mantenerme oculto, la conexión con el lugar, buscando el misterio y, al mismo tiempo, persiguiendo transmitir esa sensación de ‘no-lugar‘, ese espacio común donde cualquiera puede permanecer anónimo. Recorro los barrios casi como un turista en mi ciudad, pintando de oscuro la aldea, y en las luces del norte encuentro las criaturas y sus historias”.
Para lograr la vitalidad de ese otro mundo, usa una cámara compacta. Es un voyeur. Según él dice, busca poner por encima la “composición sobre la técnica”. En la búsqueda, la regla marca alto contrastes, tonos oscuros, calidez, colores templados, una imagen sobria y despojada.
Así explica Sebastián Pachoud su trabajo. En la constancia de su proyecto estético, aquí una primera serie de sus fotos, está inventando una suerte de futurismo periférico, aunque quizá no lo sepa. La observación llana es: son imágenes del norte de Santa Fe, siempre son de noche. En la serie completa, se produce hay algo distinto, como un mundo nuevo y extraño, donde nunca hay sol y toda la vida se juega en esos espacios tan únicos y reconocibles de las ciudades cuando se alejan del centro. Es como el mundo que existe ante nosotros, pero extrañado. Como si toda la realidad diera un pasito al costado, hacia la oscuridad.

















