¿Quién escucha a los adolescentes? Reflexiones sobre San Cristóbal más allá de la indignación

escuela - san cristóbal - adolescentes

¿Quién escucha a los adolescentes? ¿Qué garantías puede ofrecer un mundo adulto que también está a la deriva? Una lectura desde el psicoanálisis y la construcción de subjetividad, ante los hechos de esta semana en San Cristóbal.

Por Bruno Ruggiero*

"'Van a morir todos' dijo, pero nadie lo tomó en serio". La frase se escuchó toda la semana en las noticias que inundan redes sociales y medios de comunicación sobre el trágico suceso en San Cristóbal, que involucra a un adolescente y un arma de fuego contra sus compañeros. ¿Solo a él lo involucra? ¿Quiénes participan de la vida de este adolescente? ¿Quién participa en la vida de un adolescente? ¿Cómo se hace?

Lo que sobreviene a este hecho es una sucesión de notas periodísticas y opiniones en tantas plataformas como existan. Vecinos, alumnos, docentes, madres, padres, programas y profesionales hacen lo que, pareciera, hace un tiempo puede hacerse con estos episodios y otros tantos: opinar o indignarse. Intentaremos que este escrito no caiga ahí, sino que nos permita, al menos, formularnos algunas preguntas y abrir debate. Veremos si lo logramos.

Retomando esas notas y opiniones vemos que aparecen distintos discursos, algunos del tipo “le hacían bullying, ahí tenes”, otros que vinculan a una patología de salud mental y otros, como en un programa de la mañana donde una panelista enlaza el uso de un videojuego donde se mata y roba, como puntapié para entender estos actos. Parecieran ser intentos de entender, de abarcar, algo que hace tiempo
nos viene resultando como cuerpo social, inabarcable. La violencia y la crueldad aparecen cada vez, en cada hecho, de un modo más desbordante.

La cosa continúa. No sólo hay opiniones: también hay políticas que hacen al estado de situación. Algunas que ya parecen lejanas, como la liberalización del uso de armas, bajando la edad de portabilidad. Y otras mas recientes -paradójicamente-
como la implementación de una Inteligencia Artificial por parte del Ministerio de Salud de la provincia de Entre Ríos como ¿respuesta? al aumento de
padecimientos subjetivos y las altas tasas de suicidios, principalmente en jóvenes y adolescentes. Así escrito, parece de un chiste de esos donde nadie se ríe. Frente a una problemática donde nos encontramos ante la caída de un Otro como referente
y sostén, el mundo adulto ofrece eso mismo: no hay otro sino una IA. No deja de resonar el fragmento con el que iniciamos: “Nadie lo tomó en serio”.

Estas políticas, opiniones e intentos por entender despiertan otras tantas preguntas. Aquellas posturas que vinculan lo violento del hecho como resultado del bullying ¿Realmente intentan comprender o no suena parecido a eso que tanto escuchamos en cadena nacional: “el que las hace las paga”? Los discursos que vinculan este hecho con un padecimiento de salud mental, ¿son intentos de entender o funcionan como una salida rápida a la noción de peligrosidad? ¿Es la IA una política de abordaje en salud mental o una nueva versión perversa del neoliberalismo en su cara más cruel, que deja al sujeto aún más solo en su malestar?¿Qué tipo de relación se genera con eso que se presenta en el otro?

Podríamos decir que leer -o escuchar en este caso- no es lo mismo que entender y de eso el psicoanálisis nos dice mucho: si algo hay por entender vendrá inesperadamente después de disponernos a escuchar, no interpretar.

Fundamentalmente en la adolescencia, muchas veces no se trata de comprender sino sólo de escuchar eso que, en varias ocasiones, incluso hasta para el propio sujeto se presenta inentendible.

Silvia Bleichmar habla de “malestar sobrante”, concepto con el cual nombra al resultado de una serie de transformaciones que dejan como resto a un sujeto despojado de proyectos o respuestas que le permitan imaginar modos de disminuir su malestar. Porque lo que permite que se soporte algo del malestar es la garantía de que algo de eso va a cesar. Ahora bien, ¿cuáles son los anclajes que el mundo adulto puede ofrecer para que algo de ese malestar pueda mitigarse? En un
contexto de extrema precarización en todo lo que hace a la vida de un sujeto, surge como interrogante: ¿con qué condiciones el mundo adulto construye garantías para los adolescentes? ¿Tiene el mundo adulto garantías para ofrecer?

Se dice que cada generación tiene como tarea partir de lo que la generación anterior construyó, para así ir a generar nuevas posiciones, sirviendose de esa base. Pero ¿qué ocurre cuando eso se ve alterado? ¿Qué pasa cuando la referencia está negada o, un poco más allá, cuando las condiciones de existencia del cuerpo social se ven tan trastocadas que, por momentos, pareciera haber solo cuerpos intentando
garantizar necesidades básicas en el abismo de la incertidumbre? No sabemos la respuesta, pero podemos arrojar que difícilmente así puede transmitirse un sentido por la vida que abone un futuro de construcción, más bien pareciera la escena de esas películas y series que tanto abunda sobre el apocalipsis.

Si hay alguien que ha trazado algunas líneas para pensar al sujeto en clave social ha sido Bleichmar, entendiendo que no es posible ubicar los procesos de construcción de subjetividad por fuera de la época e historia. Desde allí es posible leer, en los eventos marcados por una violencia arrasante, los efectos de una trama social, política e histórica profundamente degradada. adolescentes

san cristóbal
Foto: Marcelo Carroll / Clarín

Hoy nos encontramos bombardeados de medidas que institucionalizan un modo de hacer con nuestras vida que podríamos concluir en un “sálvese quien pueda”. Claro que así no se lo nombra -aunque a veces muy perversamente sí- sino que viene acompañado de una serie de operaciones, dispositivos y discursos que lo presentan como lo moderno, con promesas de la libertad individual y felicidad. Sin embargo nos aclaran: esto va a ser tu responsabilidad. “Nadie va a pagarte la fiesta”. El Estado ya no es garante de cuidado y mucho menos de tu futuro. La violencia se institucionaliza. Resultado: cuerpos desesperanzados lanzados a la incertidumbre, la imprevisibilidad y cada vez más solos.

Esa soledad que atraviesa los cuerpos no es individual. Por el contrario, tiene un componente político e ideológico deliberado: la apuesta por cuerpos solos, maleables y abatidos, sin lazo social mediante.

Entonces, frente a un clima de época signado por la inseguridad, pérdida de empleo, la incertidumbre respecto del futuro, la inequidad, la individualización y el derrotero de prácticas deshumanizantes, ¿cómo no haría efecto algo de todo eso en los sujetos? ¿Y cómo nosotros, en el lugar que nos encontremos, dejaríamos por fuera esta “verdad histórica” (Gabriela Insua) para leer las subjetividades? Para que la humanidad se inscriba y tenga un sentido vivir o cuidar a otros, es necesario ir más allá de la autoconservación de la vida. adolescentes

No llegamos a una conclusión que responda todos los interrogantes que nos generó un hecho tan desgarrador. Pero sí podemos situar una idea: para transmitir el valor y cuidado por la vida en los adolescentes, primero habrá que ver en qué estado nos encontramos los adultos frente a la vida. El aprendizaje por la vida está necesariamente mediado por otro ser humano. Y, fundamentalmente, ubicar cuales son las condiciones que hacen que una vida sea vivible y, por lo tanto, cuidada.

Retomando el inicio, nos lleva a preguntarnos: ¿qué transformaciones serán necesarias para escuchar y “tomar en serio” lo que dicen los adolescentes? ¿Será posible construir una ética entre sujetos que incorpore al otro como ser humano y no tienda a la destrucción?

¿Qué transformaciones tendrán que darse para salir del traumatismo y la desesperanza y construir un sentido por una vida vivible?

*Lic. en Psicología. Integrante de Metáfora - Psicoanálisis y Salud Mental

Dejar respuesta

Por favor, ¡ingresa tu comentario!
Por favor, ingresa tu nombre aquí