“La posverdad arma realidades paralelas a gusto del consumidor”

La bióloga Guadalupe Nogués pone en valor la importancia del conocimiento científico.

Ocurrió una vez. Ocurrió dos veces. Y ahora ya resulta frecuente que especialistas, divulgadores, personalidades y comunicadores deban tomar la palabra en procura de desmontar un enunciado falso o distorsionado. Por ese amplio abanico pueden desfilar fake news tendientes a desacreditar a los adversarios de Jair Bolsonaro en las últimas elecciones presidenciales en Brasil, afirmaciones o incertezas que niegan el Holocausto o el rechazo a las vacunas, preocupantemente difundido. Es aquí donde se inscribe la denominada posverdad que ineludiblemente conduce el debate hacia la verdad, una problemática que interpela de modo directo al saber científico. En esa instancia, la bióloga Guadalupe Nogués pasó por nuestra ciudad para brindar una charla en la que, junto profesor de Filosofía Juan Denis, recorrió los diversos recovecos de la construcción de “esas cosas convincentes” ancladas en falacias.

Nacida en Catamarca y residente en Buenos Aires al punto de considerarse ya porteña, Nogués conversó con Pausa previamente a su participación del ciclo de encuentros “Otras Miradas”, que organiza el Ministerio de Innovación y Cultura de Santa Fe. Como punto de partida, la científica se mostró distante a la clásica separación entre las “exactas y las sociales”. “Creo que hay una especie de división artificial en ‘disciplinas’. Hay metodologías de trabajo y objetos de estudio distintos, pero estamos hablando del mismo mundo, analizado desde distintas visiones. No solo es una división artificial, sino que es muy dañina. Una de mis peleas es ver que del otro lado hay mucho para aportar y si le pusiéramos un poquito de pilas a sumar esfuerzos, estaríamos un poco mejor”, sostuvo.

—¿Por qué se involucró con el tema de la posverdad?

—Soy Doctora en Ciencias Biológicas, trabajé con beca del Conicet. Pero en un momento me llamó la educación y llevar la ciencia, sobre todo, a aquellos que no iban a hacer ciencia. Fui migrando y ahora me considero docente. Lo que descubrí con la docencia es que, a veces, no alcanza con explicar un tema con “onda” y claridad porque del otro lado algo pasa y esa información no es incorporada. Y mi experiencia personal fue, al estar explicando el tema de vacunas como un tema más de la biología, encontrarme con una alumna que se plantó diciendo “las vacunas son dañinas, yo no me vacuné, mis papás no me vacunaron”. Eso fue hace varios años y me sorprendió un montón. Ahora estoy metida, lateralmente, en el tema de comunicación sobre vacunas. Empecé a aplicar mi mirada científica del mundo a todas estas cuestiones. La metodología de la ciencia, la manera de abordar los problemas puede influir y mejorar la vida de todos.

—Las definiciones de posverdad, en general, giran en torno a un enunciado falso que se apoya en las emociones. ¿Comparte esa noción?

—Hay varias definiciones que están surgiendo. La preponderancia de las emociones o las creencias, “lo que a mí me hace sentir bien”, como una manera de hacer a un lado toda la información que hay sobre un tema, “me quedo con lo que dice mi postura” y con “lo que me siento segura” es común a todas las definiciones. Lo que cambia es si es intencional o no, si hay una manipulación de la información, si se trabaja para provocar en el otro una confusión. A la conclusión a la que llegué es que eso es una faceta importante, pero no es solamente eso. Hay muchas situaciones de posverdad que llamo “casual” que surge por cómo somos los seres humanos, propensos a caer en estas distorsiones. A veces a una explicación sencilla, que concuerda con lo que pensamos, la incorporamos fácilmente. Y una explicación que nos incomoda, porque nos desafía, la excluimos.

—Así como en los ‘90, los debates giraban en torno a la posmodernidad, ¿considera que la problemática de la posverdad se corresponde con el actual proceso histórico?

—Posverdad existió siempre. Ahora tenemos varios fenómenos. Lo que se desafía es la idea de realidad o que hay hechos que son comunes a todos. Y son hechos que tenemos que defender: puede gustar o no, pero hay una realidad sobre la que debemos operar de la mejor manera posible. Negarlo nos pone en una situación de vulnerabilidad. Por otro lado, lo que sí está pasando recientemente son los avances tecnológicos, internet y las redes sociales. Son modelos de negocios que se apalancan en estos mecanismos que nos hacen caer en posverdad. Eso es preocupante y urgente.

“Para mí, la verdad práctica hay que defenderla y, concretamente, en tema de vacunas es una cuestión a tener en cuenta”.

—¿Qué consecuencias pueden tener las retóricas de la posverdad en la vida cotidiana?

—Lo que me importa es la vida cotidiana –enfatizó–. Desde las ciencias empíricas, nuestra mirada sobre la verdad es práctica. Siempre está sujeta a revisión, siempre la podemos discutir en función de si surgen evidencias nuevas que la ponen en tela de juicio no porque “no me gustó”. Para mí, la verdad práctica hay que defenderla y, concretamente, en tema de vacunas es una cuestión a tener en cuenta. En este país, son pocas las personas que dudan de la vacunación, por ahora. Pero es un problema porque están volviendo enfermedades que estaban controladas. Estas personas, basándose en esa distorsión de la posverdad, deciden no vacunarse y no vacunar a sus chiquitos. Obviamente los pone en riesgo y pone en riesgo a todos los demás.

—Es autora del libro “Pensar con otros. Una guía de supervivencia en tiempos de posverdad”, ¿cómo se logra pensar con otros?

—Es la clave de la cuestión. Con la posverdad, nos estamos refugiando en tribus que nos reconfortan, grupos de personas que piensan como nosotros. Al agruparnos en tribus, que puede ser una agrupación física o a través de las redes sociales, se arman realidades paralelas a gusto del consumidor. Eso es lo que me preocupa porque si cada grupo se reconforta con sus ideas y se arma sus hechos a medida, ¿cómo nos comunicamos con el otro?, ¿cómo operamos en este mismo mundo en el que tenemos problemas comunes, si no podemos dialogar ni pensar con el otro? Me gustaría que podamos disentir de una manera saludable aceptando como reales determinados conjuntos de hechos. No podemos permitir “para mí pasa esto, para vos pasa esto otro, no hablo más con vos”. Ese es el camino al nunca resolver.

—¿Cómo se llevó adelante el trabajo con El Gato y La Caja para su publicación?

—Fue una experiencia impresionante. Tenía la idea del libro, fui probando con distintas editoriales y no funcionó. Y, finalmente, fui a hablar con el equipo de El Gato y La Caja, que es un colectivo dedicado a investigación, comunicación y diseño y hablando con ellos fue: “¿Y si lo hacemos juntos?”. Empezamos a trabajar de una manera totalmente distinta a lo que hace una editorial tradicional. Yo iba escribiendo capítulos, lo publicábamos en la web, se volvían públicos y las personas comentaban. Fue pensar con otros el proceso de escritura del libro. Fue un trabajo colectivo con la mirada de “esto no es para vender libros, sino para solucionar un problema”. Hicimos una campaña de preventa para regalarles ejemplares a diputados y senadores nacionales. Queremos que los lean para tener una herramienta más para su trabajo. El libro está impreso y se puede conseguir a través del sitio de El Gato y la Caja, tenemos un e-book y en algún momento estará gratis en la web.

—Desde su visión, ¿qué rol le cabe a la política y a los gobiernos frente a la instalación de la posverdad?

—Me gustaría tener a cargo de las decisiones a personas que se embanderen con la idea de proteger la verdad y hacer lo que corresponde por el bienestar de la sociedad. Ahora, en la vida real el poder tiene incentivos para promover la posverdad. En algunos países se usa como herramienta para conseguir votos, como las fake news. Hay situaciones en las que a gobiernos o políticos les conviene operar dentro de la posverdad. Si no vamos a poder apelar a su buena voluntad y deber cívico, lo que nos queda es el voto y nuestra rebelión ciudadana en el marco de la democracia.

“Con la posverdad nos estamos refugiando en tribus que nos reconfortan, grupos de personas que piensan como nosotros”.

—¿Cuál sería su mensaje para los comunicadores, periodistas y usuarios de las redes sociales?

—En el tema particular de las vacunas, a las personas que no se vacunan tenemos que mirarlas con más cariño porque a veces son angustias o situaciones personales que los llevaron a ello. Pero se amplifica a un rango que no concuerda con la magnitud del problema, lo magnifica un medio de comunicación. No podemos hacer que debatimos vacunas sí, vacunas no. Es vacunas sí y punto. Hay que apelar a una responsabilidad social de los medios de comunicación.

Conceptos

En “La posverdad y lo caminos de la verdad, ¿cómo construimos y cómo circula el conocimiento?” que tuvo lugar en el Museo Rosa Galisteo de Rodríguez, Nogués brindó una serie de conceptos partiendo de la base que “la posverdad se apalanca en cosas convincentes”. Y además:

*El problema se construye en mecanismos que todos tenemos: emociones, sesgos cognitivos, falacias, filtros, tribalismo.

*La posverdad intencional es aquella que quieren instalar los grupos de poder. Es el caso del tabaco. Ante las evidencias de que provoca cáncer de pulmón, las tabacaleras generaron dudas intencionalmente. Si hay certeza, se instala la duda y se genera confusión. La fábrica de la posverdad manipula la información produciendo dudas sobre certezas y generando certezas donde hay dudas.

*Una de las trampas de las posverdad es el razonamiento motivado: tenemos una decisión y después buscamos la información para reforzar lo que hacemos.

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