El Plan de la Mariposa: rock libre para volar

Con ritmos psicodélicos, latinos, más una fusión de celta y funk, llegan desde la costera Necochea a nuestra ciudad.

El Plan de la Mariposa es una banda de rock libre, como lo definen en su biografía de Facebook. No es la primera vez que vienen por estas latitudes. En las presentaciones de años anteriores, hicieron saltar y bailar a los y las santafesinas que se acercaron a verles.

El Plan, es una gran familia musical formada por lxs cinco hermanxs Andersen en instrumentos y voz, y Julián Ropero, en batería. En 2011 grabaron su primer disco, Brote. Actualmente registraron cinco albúms y dos documentales (El viaje de la Isoca y Pa´la semilla).

En 2014, salieron de gira por Latinoamérica con la ISOCA, un colectivo Mercedes que era más chatarra que bondi, antes de que lo refaccionaran autogestivamente y se convirtiera en su medio de transporte y su casa, mientras giraron por tierras latinas. Esta vez, llegan a Santa Fe luego de una gira por Europa, a presentar su último disco: Devorando Intensidad.

Previo a su presentación en Tribus, este sábado 27 de julio, Pausa charló con Sebastián Andersen la voz principal de la banda.

-Están transitando su año número 11 como banda, ¿cierto?

-A todos nos cuesta ponerle fecha de inicio porque en realidad en casa tocábamos juntos hace bastante y no sabemos bien cuándo es que se inició. Sí en 2009 conocimos al batero con el que seguimos tocando aún hoy, que es Julián Ropero, y en 2011, dos años después, sacamos el primer disco. Así que 2009 nos parece más cercano al año de inicio de la banda. Pero bueno, también podría ser un poco antes porque ya estábamos tocando en casa.

-¿Cómo arranca la historia de El Plan de la Mariposa?

-Somos cinco hermanos que arrancamos tocando juntos en casa. El clima familiar era que mi viejo tocaba la viola y mi vieja hacía movidas espirituales: juntadas con tambores, encuentro de mujeres, círculos. Y en ese contexto fuimos creciendo y después empezamos a agarrar la guitarra. Valentín, Máximo y Santiago empezaron jugando, y después con el tiempo nos fuimos sumando con Camila. Comenzamos a improvisar, a hacer cosas arriba de las bases y de esa manera empezamos a hacer canciones y encontramos a la música como una especie de espacio para hacer catarsis, para sacar lo que tenemos adentro. En un momento dijimos ‘toquemos un par de veces acá en casa’; luego nos pareció ir a tocar a algún lado y caímos a un skate park. Después fue pasando el tiempo y grabamos un disco, luego nos fuimos a Buenos Aires. Todo fue fluyendo, siempre despacio pero nunca para atrás siempre para adelante.

-Siendo de Necochea ¿cómo fue este pasaje de la costa a Buenos Aires?

-Sí, vivimos en Capital ahora. Y por suerte nos vamos bastante de ahí, aunque vivimos allá. Pero tiene sus cosas buenas estar en Buenos Aires, sobre todo en esta época del año porque hay muchas movidas y por ahí en Necochea se apaga un poquito más. Sobre todo en nuestra ciudad, que es una ciudad turística y en verano está más explotada de gente y ahora en invierno está más tranquila. Que igual eso puede ser bueno, depende lo que quieras hacer. Pero para nosotros que nos gusta tocar y también estar en contacto con movimientos culturales más amplios, está bueno también estar en Buenos Aires.

-Cuando vinieron a Santa Fe hace un tiempo hubo una puesta en escena bastante impactante, en la que había una loba altísima y que era imponente. Este año ¿con qué se va a encontrar el público santafesino?

-Ahora estamos haciendo fechas un poco más minimalistas. En ese sentido vamos también cambiando las etapas. A veces hemos hecho esas lobas inflables y ahora no estamos girando con ningún muñeco de esos. Pero sí con una puesta en escena picante y también con lo principal, que es la energía que genera compartir las canciones, llevar los temas. Ahora estamos mostrando nuestro último disco Devorando Intensidad, también estamos tocando la reversión que hicimos con Lisandro Aristimuño de Niño Abuelo, y bueno, le vamos metiendo ciertos condimentos para ir despidiendo Devorando Intensidad, porque estamos próximos a sacar disco nuevo.

-¿Cómo describirías esa mística que genera El Plan?

-La mística es algo que yo veo más en otros proyectos, porque me cuesta percibirla desde adentro. No sé si lo puedo describir. Sí siento que hacemos canciones con emociones, con mucho amor, que le ponemos muchas ganas y que en este tiempo hemos hecho algunos proyectos que han estado interesantes, como agarrar un colectivo, armarlo y hacer una gira por todo el país, por Paraguay, Brasil, la Patagonia. No sé, son cosas que nos van fortaleciendo como grupo humano y va haciendo que nos conozcamos más. Yo no sé si eso después se puede traducir en mística, pero también nos pasa que tocamos mucho en vivo y a esto le damos mucha bola porque sentimos que ahí es un momento para apagar la mente, conectar con las emociones, para poder soltar el cuerpo bailar de cualquier manera y que ese encuentro con las personas sea algo que nos lleve a un lugar distinto, más elevado, en términos no de jerarquía, sino de conectar con energías más altas, conectar con la intuición, con el abandono del pensamiento racional y ese estado que a nosotros nos gusta habitar en ese momento del vivo. Tal vez algunas personas que vienen lo sienten, lo pueden percibir, y se van después de venir a los recitales fortalecidas, con una nueva energía. Y eso capaz que se puede llamar mística.

-Ya que mencionabas lo del bondi, tuvieron un mambo con la revisión técnica vehícular. En el documental Pa’ la semilla lo cuentan..

-Si y ahí se puede ver bien. Le metimos mucho laburo a ese bondi, la Isoca. Fue un colectivo hecho pelota y la verdad que muchas veces en todo el proceso pedimos ayuda a las personas que están acá y también a las personas que están en otros planos y fue toda una construcción alucinante que disfrutamos mucho y también nos estresamos, por todo lo que significa armar un aparato, pero fue muy fuerte. También, después, fue muy alucinante poder salir de gira y tocar, tener ese aparato que nos llevaba, que podíamos dormir en él, que también era nuestra casa y nuestro medio de transporte. Estuvo bueno porque era un momento en que no nos conocía mucha gente y nosotros estábamos manija de salir de gira. Entonces de esa manera le encontramos la vuelta para poder recorrer el país y otros países.

-En sus temas por ahí hablan bastante de su mamá ¿cuánto tiene que ver su vieja con el Plan?

-Ella siempre nos crió en un estado de libertad. El concepto básico era ‘si no joden al prójimo, pueden hacer lo que quieran’. Y también nos enseñó algunos recorridos espirituales o algunas técnicas. Era una persona muy abierta, con intrigas sobre la vida y eso nos lo trasmitió y tiene mucho que ver porque es nuestra mamá, o sea nosotros somos parte de ella y de mi viejo. Estoy agradecido por la forma en que nos criaron, porque nacimos en una casa que tuvo una crianza interesante. Eso nos dio oportunidades de pensar en cosas libres, por decirle de alguna manera. Y después, le tocó irse de este planeta y ahí le hicimos canciones recordándola, o también a veces hacemos canciones que van sacando lo que tenemos adentro, e inevitablemente hablamos de ella. En ese aspecto, hacer catarsis nos hace bien, para que la energía recircule por el cuerpo.

-¿Cómo estuvo la gira por Europa?

-Fue una muy buena experiencia porque conocimos lugares y viajamos un montón. También conocimos muchas personas y muchas movidas. Además estuvimos en un montón de festivales que eran autogestionados, sin presencia de marcas, que son totalmente independientes y tienen una energía más limpia. Eso nos hizo bien, porque vimos otra forma de hacer cosas, y nos inspiró también para hacer acá. Este año, cuando volvimos, hicimos un festival en Necochea en febrero, que se llamó Festival Isoca y fue una experiencia increíble y de mucho de aprendizaje. Fueron un montón de personas que participaron y se quedaron a acampar.

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