La artista gráfica y diseñadora Mariela Negra Benítez dibujó una serie de versiones de figuras de El jardín de las delicias, la obra magna de El Bosco. «Igual de monstruosas e igual de bellas» son estas 12 recreaciones, que acompañamos con un texto de Ana Aymá.

Corría la última década del siglo XV. Eran los años en los que se estaba iniciando la invasión europea al continente americano. Mientras, se extendía el alcance de la imprenta y la Biblia comenzaba a circular cada vez entre más manos. Y Copérnico observaba el cielo para demostrar que era la Tierra la que giraba alrededor del Sol, transicionando definitivamente de la Edad Media a la Edad Moderna. En algún momento de esa línea de tiempo, un pintor holandés llamado Jeroen van Aeken, que adoptó el nombre de Hieronymus Bosch y fue conocido como El Bosco, pintaba al óleo sobre unas tablas de roble una visión de tres mundos imaginarios. Mundos poblados de criaturas imposibles. El sueño y la pesadilla reunidos. Placeres y escatologías. Detalles interminables adornan y deforman cada objeto, cada engendro, cada atuendo, cada rostro, cada fruto, cada cuerpo. Cada arquitectura mineral, vegetal y carnal entrelazadas. Cada ángel y cada demonio. Entre el paraíso perdido de los primeros, verde brillante y florido, y el infierno amenazante de los segundos, negro sucio y putrefacto, en el centro: la vida terrena deleita a hombres y mujeres en una continuidad orgiástica y caótica entregada plenamente a ejecutar un amplio repertorio de pecados. En los tres planos, las creaciones de El Bosco están construidas con complejidad y exquisitez.

Y así es que llevamos más de 500 años escudriñando ese universo improbable que es El Jardín de las Delicias, en el que mansos unicornios pastando conviven en el mismo tríptico con animales ensamblados que devoran seres humanos.

Hoy, en esa tarea de larga observación se ha producido una novedad. De la mano de una artista puntillosa que sabe honrar la grandeza del detalle, las figuras fantásticas de El Bosco se han salido de los jardines que las vieron nacer. Mariela Benítez, la Negra, o la Ne, dibuja meticulosamente esos bichitos y hace una jugada audaz: los despega de los entornos en los que habitan.  Se salieron también, entonces, de la tabla de roble y andan circulando en su nueva superficie. Los seres recreados por la Ne han renacido, repitiendo lo que fue, en verdad, su origen: integrarse a un Renacimiento del mundo todo.

La Ne los reinventó, hechos de delicada trama. Ahora son hijos del dibujo. Majestades de un reino insólito, están sueltos, mostrándose en un protagonismo absoluto sobre el espacio vacío. Expulsados del Edén y sus alrededores, los examinamos. Separados de las narrativas que los contenían y mezclaban entre sí, vienen de a uno a fundar historias otras en los imaginarios del presente.

En su apuesta sintética, el mundo Ne nos abrió otra puerta de entrada al mundo Bosco. Y lo hizo, no solo lanzando a sus habitantes fuera del retablo, sino reconstruyéndolos mediante un sombreado sutil, resultado de una minuciosa yuxtaposición de puntos. Así, en un gesto futurista y memorioso, el trazo maestro de la dibujanta no se privó de evocar en su nuevo lenguaje la impronta claroscura de los grabados medievales y las fligranas en pluma de los talleres renacentistas.

Y es curioso, porque así como las vemos ahora, desentendidas de su suelo, recortadas sobre fondo blanco, traducidas a dos tintas, engendradas por el punto y la línea, alejadas de sus paisajes, estas criaturas nos revelan su naturaleza. Sin paraíso, sin infierno, sin jardín, todas ellas se muestran, en definitiva y a la vez, igual de monstruosas e igual de bellas.

Ana Aymá

Toda la serie estará próximamente a la venta en Tienda Flama. Para conocer más trabajo de Ne Benítez en Flama, aquí. Para conocer más de Tienda Flama, aquí.

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