El amor en 17 minutos

Hola, una joyita local que conmueve en el cuerpo.

Por Alan Valsangiácomo

Si existe un territorio en donde un realizador puede plasmar su mirada, sin atarse a estructuras, cánones o formas establecidas, es el cortometraje. Pensar en una idea, construir un deseo y plasmarlo en imágenes parece simple. Pero no siempre se llega a la instancia mas compleja: exponerse a la mirada ajena, mostrar sin excusas.



Pausa tuvo la oportunidad de dialogar con Javier Bonatti, director de Hola, corto premiado en la 10º Bienal de Arte Joven de la UNL, que narra en clave onírica la búsqueda del instante perfecto, el enamoramiento. Momentos fugaces que se nos hacen extraños, lugares transitados miles de veces y enrarecidos por Ella y Él.
—¿Por qué se te ocurrió contar una historia de amor en Santa Fe?
—Tratemos de mantener los “por qués” fuera de la lista. Si me preguntaran por qué hacemos cine, dudaría tanto que me volvería tartamudo. Existe, sí, una curiosidad por explorar lo que nos pasa, como seres humanos, como personas amantes y pensantes, como cuerpos arrojados a momentos que nos trascienden, que nos superan por completo. Tampoco creo que sea el viento el que nos encuentra con alguien: siempre existen búsquedas, muchas veces inconscientes, de encontrarnos al menos con la posibilidad de que algo nos pase. Creo que solamente por eso vivimos, por mantener viva esa posibilidad. No creo que se trate de “contar una historia de amor en Santa Fe”. Las circunstancias nos tienen en este momento viviendo aquí a un grupo de personas, que se engancharon con la propuesta de Hola sabiendo de antemano que no había un mango por el laburo realizado y que todo lo hacíamos, pura y exclusivamente, porque creemos en lo que hacemos y creemos en nosotros como comunidad laboral/creativa, aún sin conocernos previamente entre muchos de quienes trabajamos en la película. No recuerdo bien quién dijo que todas las películas son sobre el amor, o si soñé que alguien lo decía… Creo que es bastante acertado, porque además de no existir como tal, el amor es la sensación más universal de todas. Digo que no existe como tal porque siento que todas las otras sensaciones no precisan del otro para aparecer: frío, calor, dolor de panza, miedo, angustia, alegría, es como que pudieran presentarse sin la necesidad del otro. Con el amor no creo que pase eso, además que en estado de enamoramiento atravesamos (o nos atraviesa, mejor dicho) todas esas sensaciones anteriores, es inevitable la presencia del otro allí… o al menos de un espejo. Por ello, no creo que exista como entidad única: cada uno tiene su propia procesión sensorial cuando este encuentro con alguien nos pone en jaque; sin el otro no existe tal procesión. Hola habla de cómo el personaje de Él recorre esta procesión.
—¿Como surge la idea?
—Cuando dos seres se encuentran explota el mundo, no sé qué mundo, pero explota el mundo. Al menos el que conocemos. El tiempo y el espacio se trastocan, las nociones de lo real, los sentidos, el organismo entero se altera. La idea era abordar ese momento de enamoramiento intenso, que nunca sabemos bien cuánto tiempo dura, ni dónde y cuándo fue exactamente que ocurrió. Nos pasa, nos atraviesa y sí o sí hay que hacerse cargo, porque efectivamente está pasando, no se puede eludir. Sentimos una necesidad carnal de llevarnos al otro adentro de uno, es una especie de canibalismo romántico o vampirismo tierno. Creo que en esos momentos queremos fusionarnos con el otro, no para hacer uno de los dos sino para volar todo por los aires, para explotar. En esto de llevarse al otro adentro de uno, surgió esta idea de la inspiración, esto que hacemos casi sin pensar y por necesidad biológica, pero que en realidad se trata de eso: de llevarnos el mundo adentro. Simpático que comparta letras esto que pareciera un acto inconsciente del organismo con la llamada inspiración artística, que probablemente no sea otra cosa que llevarse adentro el mundo para poder expresarnos a partir de él, pero desde nuestras entrañas. Por eso Hola dura en tiempo ficcional lo que una inspiración, que en lo real (si se quiere…) se transforma en 17 minutos.

—¿Como elegiste los actores?
—Fue totalmente distinta la elección en todos los casos. A Beta (Betania Cappato) la conocía de pasada, de encontrarnos en situaciones la mayor parte de las veces asociadas con el cine, pero nunca trabajamos juntos. Sabía que ella es más de estar detrás de las cámaras, es una productora increíble, una fotógrafa fabulosa y tiene una hermosa mirada para armar puestas en escena. Una artista completa. En esta necesidad de convocar personas para conformar el equipo para Hola, surgió en mi cabeza como una ayuda en aspectos de la producción que se nos escaparan con Chaky (Ignacio Lillini, productor). Mas resulta que al pensar en ella pienso en Ella y, automáticamente, mandé un arrojado y enrevesado correo electrónico cuya respuesta demoró en llegar, pero fue la que buscábamos. Beta no solo se le animó al personaje de Ella sino que se animó a escribir las escenas mientras las hacíamos, a cantar, a jugar, a enamorarse; y eso se nota en imágenes y mi agradecimiento y devoción para con ella es infinito.
Con Lautaro (Ruatta) fue distinto… Él apareció durante la misma escritura de Hola y ya no pudo ser otro y tampoco quise que lo sea. Él es, además de un hermano, una persona con y por la cual me expreso. Es difícil ya, al menos dentro de lo que es el cine y el teatro (la literatura, sabemos, es otra cuestión), encontrarnos haciendo sin referencias del otro. Pero no tiene que ver con un compromiso o devolución de favores. Somos seres complementarios, llenamos las grietas que el otro deja (o las agrandamos, dependiendo de las circunstancias), escribimos personajes pensando en cómo el otro se las arreglará para hacerlos propios. Lautaro es una persona que comparte conmigo una premisa fundamental: no estamos dispuestos a no asumir riesgos. Lo que hacemos forma parte de nuestras vísceras, sale de nuestra carne. Por eso no concibo la noción de arte sin intensidad: la ausencia puede presentarse en cuestiones técnicas, de guión, de dirección, hasta actorales, pero no existe la ausencia de intensidad. Todo lo que hacemos nos dice, nos expresa, y al vivir intensamente lo que hacemos suele tener esa impronta porque creemos (a veces ciegamente) en lo que hacemos. De más decir que Él es un personaje hermoso, increíble. Enamoradizo, angustiado, perdido, soñador. Y lo es por Lautaro, que puso todo lo que tiene allí, todo lo que es.
Los músicos fueron elegidos antes de que el guión se escribiera. Existía la idea de hacer jugar una banda en vivo durante el corto y los Motivos Búlgaros era esa banda, no solo porque tocaron en una cocina sino porque tienen la intensidad y la energía que la historia reclamaba. Son Martín Pedretti y Walter Brogliere (quienes compusieron), Mauro Beilis y Franco Blesa, seres increíbles que se animaron a ponerle el cuerpo a la cámara.
La bailarina, interpretada por Romina Pecorari, es un pequeño giro de confusión en la narración, que además me permitió hacer un guiño a una futura realización. El mozo, Diego Tomás, además de ser un gran actor fue mozo mucho tiempo, hacía tiempo que quería laburar con él e hizo un trabajo hermoso. Y el cocinero siempre fue Chuca (Claudio Chiuchquievich): necesitaba alguien que genere lo que él genera apenas uno lo ve. Una mezcla de simpatía y rareza que se expresan en un suspiro que dice más que cualquier cosa… La elección de sólo hablar con su respiración fue pura y exclusivamente de él, lo que ya lo transforma en un actor que se hace cargo del personaje...
—¿Qué vas a hacer con el premio?
—Probablemente el próximo corto, estamos acostumbrados a ajustar presupuestos. Quizás el mejor destino que pueda tener es un buen barril, la verdad no lo sé. Lo interesante de la Bienal, además de ser un reconocimiento hermoso, es que el corto se pueda ver, que alguien que pasó por allí se encontró con eso y le pasó algo en el cuerpo. Eso es fundamental. De todos modos, creo que tendríamos que ponernos en campaña para organizar un festival de cortometrajes en nuestra ciudad; se está laburando mucho y hay cositas muy lindas para ver.


Publicado en Pausa #102, disponible en los kioscos de Santa Fe y Santo Tomé.

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