Con vocación vecinalista

En Villa del Parque buscan reconstruir un tejido social que
empodere a los vecinos y los haga partícipes de su historia y de su presente.
Por Ileana Manucci
La vecinal de Villa del Parque fue fundada el 27 de enero de
1955, tiene más de 50 años de existencia, de presencia en el barrio. Pero el
vaciamiento de las organizaciones ciudadanas realizado con éxito por la última
dictadura, las políticas neoliberales y el copamiento de esos espacios por los
“punteros” políticos, llevó a que el común de la gente mirara, y algunos
todavía miren, con recelo a esos vecinos que dicen estar ahí para escucharlos y
ayudarlos. “Nosotros trabajamos muy fuerte para lograr que la gente se acerque
a la vecinal y participe. La mayoría nos apoya, nos piden que sigamos adelante,
pero nosotros lo que necesitamos es que se involucren, que vengan a las
asambleas, que nos acompañen a las entrevistas con los funcionarios. La fuerza
de la vecinal está en la participación de los vecinos”, dice María Ledesma,
presidenta de la vecinal desde el año pasado pero integrante de la comisión
directiva desde 2008, año en el cual la gente del barrio recuperó ese espacio
para trabajar por y para el vecino, sin banderías partidarias.
La historia de la vecinal está íntimamente ligada a la
historia de Villa del Parque y a todos los procesos por los cuales ha pasado.
Desde que fue un pequeño asentamiento llamado Los Bravos, y El Triángulo
después, hasta su crecimiento y consolidación en las décadas del 60 y 70, la
vecinal siempre fue un lugar al cual acercarse para encontrar la ayuda que el
Estado no brindaba. “En esos años surgieron las demás instituciones del barrio,
producto de la organización popular; la guardería, el jardín, el dispensario,
el centro de salud y la parroquia se organizaron en torno a la vecinal y como
respuesta a las necesidades que la gente tenía”, explica Pochi Milesi,
colaboradora de la vecinal. “Con la dictadura se desarticuló la fuerza y la
unidad que los vecinos habían logrado, se exilió al Padre Catena, líder
espiritual del barrio, y la falta de participación que hoy podemos ver en los
vecinos es producto de una cultura neoliberal que enajenó todo lo que tenía que
ver la organización popular”.
Integrantes de la vecinal distribuyen la revista institucional, que llega a todo el barrio.
El trabajo de la vecinal va en ese sentido, en el de hacer
resurgir los valores con los que nació ese espacio, procurando que todas las
instituciones de Villa del Parque tengan una unidad de sentido en su acción.
La Voz
de Villa del Parque, una revista mensual que editan desde la vecinal, pretende
ser el mediador en esa construcción colectiva, dándoles voz y participación a
los habitantes del barrio. “La revista se entrega casa por casa y de manera
gratuita desde hace dos años, y vemos que esa llegada está dando sus frutos.
Tenemos gente que se acerca desde otros barrios, como Barranquitas y Villa
Oculta, lugares a los que ni pensábamos que llegábamos. Cuando el vecino ve ahí
plasmado lo que se hace, con información, con fotos, se le despierta cierto
interés”, cuenta María. “La publicación también es parte de ese trabajo de
acercamiento”, explica Pochi, “ya que tenemos contenidos propios, que son
nuestras actividades y la gestión vecinalista, y contenidos que nos envían delegados
de cada institución del barrio”.
—¿Hacia dónde apuntan las actividades de la vecinal?
—Nosotros estamos trabajando mucho en la parte de educación
y cultura. Una educación desde un lineamiento político muy claro que es que
todo lo que hagamos en las actividades no quede sólo ahí, sino que se convierta
en un proceso de crecimiento y de empoderamiento como ciudadanos, que se animen
a reclamar por sus derechos y que también sepan y sean concientes de sus
responsabilidades.
—¿Con qué otras instituciones articulan acciones?
—En estos momentos estamos trabajando mucho con la UNL. Por ejemplo, tenemos
un taller de cocina donde una vecina enseña recetas y la universidad brinda
módulos sobre alimentación sana, con lo que no sólo se van sabiendo una receta
sino con nuevos conocimientos en torno a la alimentación y la salud. También
alumnos del  Instituto 12 vienen al
barrio a dar talleres de radio, se van a integrar a trabajar en el mensuario y
dar apoyo al Lectobus, un taller de cuentos que tiene mucho éxito entre los más
chicos del barrio, donde tenemos entre 15 y 20 pibes. Alumnas del Calvario
también están comenzando con el apoyo escolar, supervisadas por sus docentes.
Con la organización Santa Fe en Actividad realizamos una jornada para mujeres,
que comenzó siendo un espacio con peluquería, manicuría, podología, pero que
sirvió como excusa para charlar sobre diferentes cosas que hacen a nuestra
dignidad como mujeres, nuestros derechos, prevención, entre otras cosas.
Las necesidades de siempre
“La droga es una de las problemáticas más fuertes a las que
nos enfrentamos hoy, y que viene creciendo mucho. La gente que vende lo toma
como una salida laboral”, dice Cristina Aseguin, vicepresidenta de la vecinal,
“y los vecinos por ahí tenemos miedo de denunciar, acá nos conocemos todos y
sabemos bien lo que pasa”. La droga en las esquinas y la droga en los kioscos
es una problemática que supera el poder de acción de los vecinalistas, pero
siempre es un tema que está latente en las asambleas y actividades. “Lo que
nosotros podemos hacer es prevención, hablar con los pibes para que no se metan
en ese mundo. Esto no quiere decir que el barrio sea una zona roja, no es más
ni menos que otros lugares. La mayoría de la gente acá trabaja, los chicos
estudian, como en todos lados”, comenta María.
En la relación a la presencia del Estado municipal en el
barrio, los integrantes de la vecinal coinciden en la apertura y el diálogo que
han podido entablar con funcionarios y autoridades, pero reclaman que en la
práctica concreta hay una gran carencia en cuanto a políticas públicas
integrales. “Se hacen muchos parches, te mandan una topadora que capaz arregla
una calle, pero  si mañana llueve eso es
un desastre de nuevo. Nosotros como vecinalistas sentimos que no se nos tiene
en cuenta como referentes, porque por ahí los vecinos saben más de las cañerías
y de la infraestructura del barrio que el mismo municipio. Acá los vecinos
parecen ingenieros por todo lo que saben, y es porque para sobrevivir acá hay
que arreglárselas, ingeniárselas”, finaliza Pochi Milesi.

Publicada en Pausa #115, miércoles 12 de junio de 2013

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