La juventud vista por Pablo Marchetti

El fundador y ex director de la revista Barcelona pasó por
Santa Fe; su posición sobre la participación, los medios de comunicación, la
militancia y el discurso de la inseguridad.
Por Marcela Perticarari
Se denomina a sí mismo como “ex joven”, es reconocido por
haber fundado en 2001 la revista Barcelona y haberse ido de su dirección por
motivos personales. Pero Pablo Marchetti sigue su camino: de lunes a viernes
conduce el programa radial Hoy lloré canción, es columnista de la Revista Mu y del diario
Perfil, escribe un blog, publicó un libro de poemas y canta en Conjunto Falopa.
Hace poco le preguntaron cómo hacía para abarcar tanto y contestó: “Se puede,
porque tampoco es que soy físico nuclear, neurocirujano y contador público.
Todo lo que hago está vinculado con la palabra y creo que en ese sentido la
poesía puede ser un eje de síntesis como dimensión musical y gráfica de la
palabra”.
Marchetti lanzó una gran cantidad de consignas para los jóvenes interesados en la política.
En octubre, Marchetti visitó Santa Fe en el marco del 6ta.
Conferencia Provincial de Políticas de Juventudes. Ante una concurrida platea,
se preguntó “si estamos dispuestos a tolerar la juventud a cualquier costo” y
replanteó la postura que indica que ser joven tiene que ver simplemente con la
edad. “Como contrapartida a León Ferrari, que era un viejo punk, tenemos muchos
políticos jóvenes que en algún momento hablaron de narcosocialismo y, después
del atentado al gobernador Antonio Bonfatti, estos mismos jóvenes no dijeron
nada ni votaron a favor de la ley de voto joven. Está bueno dejar esas cosas
sentadas en la historia más allá de las coyunturas. Escuchamos chicanas de
jóvenes que en realidad son viejos chotos que no deberían interponerse en la
historia”.
El valor de la participación
Durante la charla que brindó ante pibes de toda la
provincia, Pablo Marchetti afirmó: “Me sigo preguntando dónde está realmente la
juventud y qué implica; es una cuestión de vigor que se vincula con lo nuevo y
cómo se construye esto que queremos que sea nuevo, que implique mayor justicia
y menos desigualdad: participando. Suena a cliché pero la participación es
real: si no me meto, otro va a ocupar ese lugar aportando más a que las cosas
se queden como están. Todos los cambios sociales se logran en la calle,
movilizándose. Hay varias formas de participar, por un lado está la más
institucional que tiene que ver con la militancia en partidos políticos porque
es a través de ellos donde se llega a los lugares de gobierno. A veces este
término está mal visto por ciertos sectores de la sociedad, porque también hay
un discurso muy jodido que ensalza la militancia y nos hace creer que se trata
de conseguir rápido un puesto en el Estado. Y la militancia es algo muy
sacrificado, tiene cosas que no van a marcar un cambio de un día para el otro.
Pero hay otras formas de participar e involucrarse para hacer de este lugar
donde vivimos algo más saludable para todos”.
“Laburé siempre en los medios y es el lugar más cercano
donde siento que puedo aportar algo para cambiar estas cosas que no nos gustan,
aunque es complicado porque si como periodista digo que voy a  cambiar el mundo soy un pelotudo. No voy a
cambiar nada desde lo discursivo, pero si no me planteo hacer algo para cambiar
y me ato al discurso del periodismo independiente, impoluto, como fin en sí
mismo, me parece una postura muy hipócrita. Si le hablo a alguien es porque
estoy tratando de cambiar las cosas desde algún lugar. Creo que ahí se juega
algo importante para cambiar las cosas.
“Pienso en la palabra inseguridad, ejemplificó Marchetti:
“se habla de inseguridad cuando roban una cartera en el centro, pero no cuando
la cana recluta pibes de la villa para salir a hacer caja. Cuando un pibe se
niega, lo hacen desaparecer, como a Luciano Arruga, uno de los tantos
desaparecidos en democracia. Así, el concepto de inseguridad se instala desde
la derecha. Y desde el discurso progresista, se instaló la idea de que el
término Derechos Humanos se utiliza para hablar de los crímenes cometidos por
el Estado hace 35 años, y no de casos como el de Arruga o de la muerte de pibes
Qom”.
Según Pablo Marchetti, este planteo quedó plasmado en su
momento “en una sátira periodística llamada Barcelona, que apareció en un
momento donde el discurso hegemónico era llevado adelante por el diario Clarín.
Hoy el contexto es bien distinto porque el gobierno se plantó en guerra contra
Clarín y curiosamente reproduce las mismas mañas, el mismo discurso choto y
viejo. Es como una guerra de dos discursos similares en lo formal pero, en el
fondo, forma y contenido van siempre en una misma dirección. Frente a eso está
bueno preguntarse y cuestionarse absolutamente todo”.
Sobre qué es la juventud para los medios, el fundador de
Barcelona definió: “Si uno piensa en cómo fueron retratados los jóvenes durante
los últimos años, podemos decir primero que volvieron a la militancia en una
necesidad de rescatar la historia de los años 70, todo de acuerdo al relato que
los medios nos contaron sobre los jóvenes y sus valores. Rápidamente pasaron de
la militancia a emborracharse en la puerta de los bailes y cagarse a trompadas.
O sea que pasamos de ‘6,7,8’ a ‘Policías en acción’. Después del velorio de
Néstor Kirchner los jóvenes volvieron a militar y pasaron a filmarse teniendo
sexo oral, luego volvieron a la militancia con la toma de colegios. ¿Y en qué
quedamos? ¿Dónde está la juventud? Todo bien con la participación, pero la
mayor participación se da en que la juventud es un gran nicho de mercado y
entonces hay una necesidad de crear estereotipos. Entonces, cuando alguien
habla de la juventud, yo desconfío”.
“Tranquilos, que más allá de los atentados, de las mafias,
de los sicarios, del narcotráfico, de la pobreza, de la miseria, de la
desigualdad, de la discriminación, de las injusticias, del machismo, de la
falta de oportunidades, la democracia es el mejor sistema que tenemos y hay que
cuidarlo, porque sino vienen cosas jodidas... ”, lanzó ante las sonrisas del
público.
Dar vuelta un oficio
En un mano a mano con Pausa, Pablo Marchetti habló sobre los
medios periodísticos emergentes: “Se puede empezar por hacer lo que uno sienta,
lo que tenga ganas. Es muy sencillo y muy básico, casi de autoayuda porque creo
que el deseo es todo en la vida, y en el periodismo es fundamental seguir eso
aunque es complicado. El deber ser y el discurso dominante indican que hay
formas en que se hacen las cosas bien y que el deseo es algo que tiene que ver
con un hobby y no con poder vivir de eso. Uno vive independientemente de cuál
sea el sustento económico aunque es poco operativo lo que digo”. Y sentenció:
“A las ganas y al deseo hay que acompañarlos de un profundo rigor periodístico
y un compromiso muy profundo con este oficio que elegimos, que está
absolutamente vapuleado y condicionado por una especie de guerra que me parece
absolutamente absurda. Estamos ante el fin de una forma de concebir el
periodismo que se está peleando por poner lo mismo. No veo que el antiguo
paradigma que representaba Clarín se quiera reemplazar por la gente que
supuestamente viene a combatir esto y hacer algo nuevo. Entonces hay que salir
de esa disyuntiva”.
—Fundaste la
Barcelona y ahora escribís para Perfil, además sos panelista
de TV. ¿Cómo transitás ese cambio en tu carrera?
—Evidentemente no estoy en el mismo lugar de alguien que
empieza como columnista en Perfil. No soy un obrero: soy un tipo al que llaman
y saben que opino libremente. Perfil es el más chico de los grandes, es un
medio bastardo y, como tal, paga así: muy mal. Tengo la libertad de escribir lo
que se me canta en un medio que labura de ser opositor al gobierno que sea, su negocio
es ése. No vive de la pauta oficial, además su negocio es vender humo
permanentemente. Es oportunista pero es un medio que vive de ser medio, tiene
columnas de Quintín y Artemio López, y ningún otro medio tiene esa pluralidad
de visiones.
En línea con su discurso sobre la juventud, concluyó que
“desde mi lugar no quiero dejar de sentir que quiero cambiar el discurso
hegemónico. Quiero ser cuidadoso y sacarle esa connotación que se le está dando
al término. Hay hegemonía del discurso desde varios lugares, supuestamente
antagónicos, pero hay que salir de ese discurso y pensar que las cosas se
pueden cambiar, no resignarnos y tampoco ser tan pelotudos de pensar que desde
acá vamos a cambiar algo. Si realmente pensara eso, sería un egocéntrico que le
da un lugar al periodismo que realmente no tiene”.

Publicada en Pausa #127, miércoles 4 de diciembre de 2013

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