Pitos, trampas y un arma humeante

Variopinta, por Federico Coutaz
Se juega un partido de fútbol amateur, es plena década del
70 en Remedios de Escalada. Un jugador agrede por la espalda al árbitro. Un
chico de 11 años que está viendo el partido entra a la cancha con un palo y se
lo parte en el lomo al agresor.
Seguramente esta sería la primera escena si alguien filmara
la ruidosa vida de Fabián Hugo Madorrán. Polémico y quizás olvidado réferi
argentino, que dirigió entre 1997  y
2003. Fue expulsado por la AFA
y se suicidó en una plaza de Córdoba pocos meses después.
La escena que refiero fue narrada por él y, si es cierta, se
trata del primero de muchos escándalos que protagonizaría en innumerables
canchas, ya con silbato en lugar de palo y riguroso uniforme negro de justicia.
En un total de 157 partidos expulsó a 166 jugadores. En su
debut internacional, en un torneo sub 20, echó a cuatro brasileros. En un
Boca-Almagro, la cámara mostró cómo acompañaba el canto de la hinchada xeneize,
“quién no sigue una canción pegadiza” se justificó después, quizá con razón. En
una final por el ascenso entre Instituto y Argentinos anuló dos goles válidos
al visitante provocando una batalla campal, en medio de la cual corrió sin
parar de un lado a otro expulsando jugadores. En otra final, entre Talleres de
Córdoba y San Martín de Mendoza, cobró un gol a Talleres en posición
adelantada. Años después, ya expulsado, se mostró en la cancha de Talleres con
camiseta y todo. Los mendocinos, memoriosos, pegaron el grito en el cielo.
Transcribir todos los episodios que construyeron la figura
de Madorrán no sería menos trabajoso que enumerar todas las peleas y enojos de
Maradona. Lo cierto que sin duda el réferi también admiraba al Diego, quizás
más como personaje que como futbolista.
Ese chico que entró a golpear al jugador patotero, tiene que
haber sentido el feliz calor de las miradas. Madorrán no era de los que quieren
pasar desapercibidos. Usaba anillos y relojes de oro, exageraba todos los
movimientos que expresaban sus fallos, amaba las cámaras y los espejos. Echado
de la AFA, dijo
que le habían cortado las piernas.
Después devino el anonimato y el derrumbe. El motivo de la
expulsión, formal y falso fue “mala aptitud física y técnica”.
Además de ser acusado de hincha de Boca, hecho que alguna
vez confesó, también fue ruidosa y cruelmente acusado de ser homosexual, hecho
que desmintió tímidamente y que nunca pudo asumir. Diez años son mucho tiempo
en esos asuntos.
Para muchos, el verdadero motivo fue declarar, medio en
broma antes de un partido, que acababa de perder una fortuna en el casino de
Tucumán, en un momento en que la
AFA y los árbitros, esa cofradía siniestra, empezaban a ser
cuestionados por sus negociados y patrimonios. Los condimentos del juego y de
la mafia no faltan en esta historia.
La versión familiar fue que volvía de Buenos Aires a Córdoba
donde vivía con un amigo, infelizmente llamado Jorge Videla. Había sacado un
préstamo para poner un ciber y en el camino le robaron la plata. No hubo
ninguna denuncia ni investigación al respecto. Se pegó un tiro en la boca,
sentado en un banco de plaza. La imagen recorrió el país a través de Crónica y
los diarios. Semisentado, mal tapado con nylon y cartones, una mano caída,
ensangrentada.
Publicada en Pausa #158, miércoles 22 de julio de 2015
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Un solo comentario

  1. Recuerdo dos hechos más que tuvieron como protagonista a Madorrán. El primero, y más relevante, es el único árbitro en expulsar a Juan Román Riquelme. Fue contra Banfield, de visitante, y a causa de una trompada que el 10 de Boca le propinó al 5 de "El Taladro", luego de que este le realizara un control de próstata con la célebre y tradicional prueba del dedo por el recto.
    El segundo hecho tiene que ver con el partido de vuelta de la promoción entre Unión y GyE de Concepción del Uruguay. Un bochornoso arbitraje que favoreció explícitamente al club de la Avenida y que, años más tarde, me valió el insulto desmedido y violento de todos mis alumnos de la facultad, ya que yo comencé a dar clases en la ciudad de Urquiza y recuerdan con furia ese partido que los podría haber ascendido a Primera… de no haber sido por Madorrán.
    Yo también siempre lo recuerdo por estas cosas, y por el abandono de persona (no nos olvidemos de Brazenas) al que tan acostumbrado nos supo tener don Julito.
    Y quiero que sepan, además, que Lunatti no le llega ni a los talones al malogrado Fabián.

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