De él dijo Ingmar Bergman “captura la vida como un reflejo, la vida como un sueño”. La paradoja de Andrei Tarkovsky: una pesadilla en un espejo, la foto de un recuerdo que se desplaza a un punto extraño, luminosa o terriblemente.

Entre 1979 y 1984, el cineasta ruso tuvo en sus manos una máquina para sacar polaroids. En la era de la foto inmediata, líquida, continuamente repetible, que hace plegar a la escena sobre el dispositivo, las polaroid también evocan algo de recuerdo distinto a lo esperado, de sueño que nos devuelve un pasado remoto de Instagram verdadero y amenazante.

La polaroid, entonces, como un intermedio entre el celular y la cámara analógica. La alegría de detener el tiempo un toque, y de que eso tenga un valor –y un precio– que signifique que la escena no se repita para que el dispositivo sea eficaz.

 

“Antonioni también solía usar una Polaroid. Recuerdo que en el curso de una localización de exteriores en Uzbekistán donde queríamos rodar un film –que finalmente no hicimos– regaló a tres ancianos musulmanes las fotos que les había tomado. El más viejo, nada más verlas se las devolvió con estas palabras: «¿Qué hay de bueno en parar el tiempo?». Este rechazo desacostumbrado nos sorprendió tanto que no supimos contestar.
Tarkovsky pensó mucho sobre el ‘vuelo’ del tiempo, y quería conseguir una sola cosa: pararlo –aunque solo fuera por un instante, en las imágenes de la Polaroid. La melancolía de ver cosas por última vez es profundamente misteriosa y poética esencia que esas imágenes nos dejan”, dice Tonino Guerra en la introducción al compilado que dio a conocer las fotos que sacó Tarkovsky en el período que va del rodaje de Stalker al estreno de Nostalgia (mucho de la atmósfera de estos films se puede apreciar)

 

“Creo que la gente, de algún modo, tiene la idea de que en la pantalla todo debe ser inmediatamente entendible. En mi opinión los hechos de nuestra vida diaria son mucho más misteriosos que los que podemos atestiguar en la pantalla”, explica el cineasta. “Las audiencias fueron acostumbradas al drama simplista. Cuando un momento de realismo, un momento de verdad, aparecen en la pantalla es inmediatamente seguido por voces que lo declaran como confuso”.

Las polaroids se realizaron en Italia y Rusia. En varias participan su esposa, su hijo y su perro. De las 200 que se conoces, 60 fueron editadas en Instant Light : Tarkovsky Polaroids, por Thames & Hudson Ltd. Hemos llegado a ellas a través de Gwarlingo y Riowang

Tarkovsky dejó un invaluable legado en el cine. Murió en París, a los 54 años, en 1986.

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