Atravesando las arcadas del hermoso edificio normalista y leyendo el segundo mandamiento antes de subir al aula: Maestro al alumno siempre el ejemplo. De atrás una portera chista, pregunta a los gritos Nena adónde vas, hacés un esfuerzo para visualizarte a vos misma desde atrás, mochila, zapatillas, apenas superás el metro y medio, te das vueltas y aclarás: Soy la profe y seguís subiendo.

Estando en plena explicación cuando una mano desde un banco se levanta e interrumpe para enunciar en tono reprobatorio la siguiente pregunta: ¿Profe, puede ser que usted vaya a La Llave Que No, porque ahí voy yo.

Un viernes 20:30 en una sala de profesores completita, invierno crudo, afuera el tendido público quedó sin luz por la tormenta de la tarde, te sonás la nariz y mirás a tu alrededor, pensás en Perlongher: hay cadáveres. Una fue igual con bronquitis, otro tomó té Vick para mitigar los síntomas de la gripe pero igual no tiene voz, aquella cuenta que desde que se esguinzó el tobillo le cuesta subir las escaleras, pero ahí está como vos en el primer piso.

Volviendo al médico dos días después con fiebre para pedirle que llene otro formulario de licencia, porque sólo te dan tres días por la bronquitis que te pescaste y no se te pasa.

Yendo a una marcha docente en diciembre vistiendo jean y remera manga corta cuello redondo cerrado, a tu alrededor todos visten igual y se amuchan bajo la sombra de un fresno, los volantes son unos abanicos perfectos.

Rascándote la panza  en una reposera  a pleno sol y vacaciones cuando un par de miradas ineludibles acompañadas de risitas te recuerdan que no importa si es enero, si es un camping, seguís siendo la profe. Y te sentís la profe más ridícula del mundo como en esos sueños en que vas a dar clases en pantuflas.

¡Oh tablitas burocráticas que ordenan para cada patología un número de días de reposo estandarizado, igualando cuerpos y sujetos para que todo encaje en el recorte!

¡Oh colegas que van a dar clases bregando que el trabajo es lo primero, que el trabajo dignifica, critican al que en buena ley pidió licencia y lo comparan con ustedes: mártires hechos perchas desparramando virus y poniendo el cuerpo cuando piensan (vaya dignidad) que el cuerpo es lo de menos!

¡Oh alumnos que marcan territorio meando la puerta de los bares a los que una iba! ¡Oh alumnos que garabatean con fervor indeleble chotos en toda pared y banco posible y luego se asustan cuando leen verga en El Matadero! ¡Oh alumnos del primer banco que preguntan si tenemos marido, y un no como respuesta les hace revolear los ojos! No sé quién les hizo creer semejantes barbaridades, es hora de que lo sepan, Papá Noel no existe, las princesas se tiran pedos, la literatura no enseña moral, las Barbies no tienen ombligo, los ejemplos no cogen, las profes sí.

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