Perder la capacidad de conmoverse

Ladelengua no pensaba volver… sentía que la temática escuela se le había agotado. Pero hoy tuvo la mañana libre, libre porque los pibes del barrio no fueron a clases, libre porque en el barrio las calles se parecen a un chocolate en rama olvidado al rayo del sol y con olor a podrido, libre porque hace meses las máquinas entran, pocean acá, pocean allá, eliminan este charco para llevarlo al otro lado, libre porque no hay veredas accesibles y las zanjas rebalsan. Y ha visto Ladelengua al bajar del auto flotar en el agua jabonosa bolsitas, basura, ratas ahogadas pero también ha visto repollitos de agua, camalotes y calas relucientes surgir en ese mejunje. Libre porque no sólo hay digitadores de la invisibilización de tanta mierda y tanta belleza. Libre también porque hay cómplices. Cómplices por todos lados que se sientan a la mesa con vos, cómplices simpáticos que te cruzás en el laburo, cómplices que te ponen megusta en Facebook. Cómplices que no pueden aún retroceder dos casilleros antes de pronunciar frases terribles, vacías de todo amor, de toda empatía, porque no se dan cuenta aún (quiero creer) del poder de una palabra, de todas las palabras.

Ladelengua cree en la literatura porque ha visto los ojos relucientes de mucha gente muy distinta escuchando un cuento, leyendo un poema, escribiendo una canción. Los ojos relucen de alegría, de tristeza, de llanto, de aburrimiento, de sueño, de pasados, de identificación, de rechazo, pero los ojos relucen. La literatura es un arma si no se la domestica, la literatura horada, permite salirse de ese enrosque maquinal del yo indignado por el yo o del yo quebrado por la etiqueta estampada en la frente del no servir para nada, del yo que está sentado pero está ausente, del yo que cree propias frases hechas que han perdido toda poesía, toda emoción, porque no nos dejan pensarnos en el hoy. Esas frases son de todos los colores y son peligrosas, por eso hay que abriles grietas, quebrarlas hasta que aparezca detrás de las máscara del discurso armado, la verdadera cara del nosotros, del futuro como toda posibilidad.

Si hoy hay pibes que tienen las zapatillas mojadas. Si hoy el gobierno responde a palazos enfundado en escudos robóticos a una ronda de guardapolvos blancos como única arma. Si hoy un montón de pibes, pibas y pibxs no se pueden sentar a la mesa junto a nadie porque no están, no existen, no son, los han borrado. Es no sólo por las balas, el asesino, el gatillo fácil, el feminicida, el proxeneta, el hambre, el narco, no. Es también por la palabra injusta, por el discurso complaciente que avala. Y también por el cuerpo y el pensamiento quietos, inmovilizados, que por miedo o por confort han perdido la capacidad de conmoverse.

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