Satanás

Primero fue un silbido muy fuerte, después las puertas se abrían y cerraban aunque no había viento, a alguien se le volaron unas hojas de una carpeta, otras puertas que habían cerrado estaban abiertas, la luz empezó a titubear, se apagaron las velas. Mientras escapaban escucharon con espanto una voz que no era de mujer ni de hombre y que, desde el patio techado de la iglesia, repetía: ¡Padre! ¡Padre! El tono era de risa o de llanto o las dos cosas. Nadie dudó que era Satanás.

Era un grupo de adolescentes y jóvenes de la Legión de María, se juntaban todos los días y hacían distintas actividades, esa vez habían decidido pasar la noche en la iglesia. Hablamos de eso todas las noches durante mucho tiempo. Algunos tenían hermanos o hermanas mayores que habían estado y aportaban en voz baja fragmentos de relatos.

En una época jugaban al vóley a la tardecita en ese patio y nosotros también íbamos, pero cuando se juntaban de noche en alguna casa, no. Juanjo decía que tomaban alcohol y hacían orgías. Juanjo y su familia eran evangélicos y yo pensaba que por eso decía lo que decía, no sé qué pensarían los otros pero siempre estábamos revoloteando, excitados y escondidos, desesperados por ver o escuchar algo. A veces tocábamos timbre o tirábamos algún cascote, no nos daban pelota.

Del maligno no volvimos a tener noticia pero en la misma esquina de la iglesia poco tiempo después se pagó un rescate, y una mujer que vivía a dos cuadras por la misma calle desapareció de un día para el otro dejando una hija chiquita. Era una mujer muy querida y hubo organización y reclamos. Al principio se relacionaron los dos hechos, después hubo mil historias y nunca jamás se supo nada. Pasaron los años y los susurros se fueron apagando. La versión que perduró en el tiempo repite que murió en un aborto clandestino y la limpiaron.

 

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