El fin de semana cuatro mujeres fueron asesinadas en el país. Cuatro femicidios para engrosar las cifras -siempre extraoficiales- que recopilan las organizaciones de mujeres y que señalan que en lo que va del año ya perdimos a mano de la violencia machista a 235 mujeres y feminidades trans.

Casi en el mismo momento en que conocíamos el hallazgo del cuerpo de Cecilia Burgardt, en la tarde del sábado, el relator deportivo Eduardo Rodríguez hablaba sobre la final del mundial de básquet que al día siguiente jugaría Argentina, y decía al aire por FM Sol: «Más que darle un cachetazo, mañana a la historia ¡hay que violarla, hay que matarla, hay que enterrarla!». Y de fondo, las risas cómplices de sus compañeros.

Hoy, luego de conocido el audio y ante los repudios que comenzaron a plagar las redes sociales y derivaron en una denuncia en la Defensoría del Público, Rodríguez dio una respuesta, a modo de excusa más que de disculpa: «fue una metáfora poco feliz», «no hablaba de una persona», «para mucha gente, no se si para todos, eso cayó mal», «si alguien se sintió ofendido, pido disculpas». Y para terminar de delinear su perfil de macho violento, invitó a discutir «cara a cara» el tema.

El periodista jamás identificó el nivel de violencia de sus palabras, habló en tono prepotente y siempre en masculino, se refirió a la «sensibilidad» sobre estos temas enumerando una serie de eufemismos («momentos lamentables, de tanta agresión moral y muerte física»).

Lo que Rodríguez podría explicar es qué se le vino a la cabeza mientras armaba esta metáfora. ¿A quiénes se viola, se mata y se entierra en este país cada 20 horas? ¿Qué mente perversa puede traspolar ese hecho a un insignificante suceso deportivo? Lo que se entiende de los dichos es que, para este relator, violar, asesinar y enterrar es sinónimo de triunfo.

Esto no es algo nuevo en el ambiente deportivo. Cada fin de semana, en todas las canchas del país, se vomitan cánticos violentos, misóginos y homofóbicos. Los machitos se miden la pija gritando que al rival hay que cogerlo, romperle el orto, «contagiarle sida», matarlo.

La brutalidad y crudeza de los dichos de Rodíguez son el extremo de una práctica cotidiana en los medios, que en estos últimos días, ante los cuatro femicidios, hemos visto en loop: periodistas preguntando detalles sobre cómo estaba el cuerpo de Cecilia cuando lo encontraron, periodistas haciendo preguntas a las hijas de Cecilia hasta hacerlas llorar, periodistas relatando abusos a menores con los más íntimos y morbosos detalles. Todo esto en medios de Santa Fe.

Medios donde las mujeres casi no tenemos voz y mucho menos voto, medios donde estos mismos varones, que en muchos casos cobran astronómicas pautas -públicas y privadas-, después nos entrevistan ante estos crímenes y nos preguntan por qué sigue la violencia, cómo hacemos para que baje el número de femicidios, qué si las actrices hacen bien las denuncias o no, qué pasa si un violento escrachado/denunciado resulta inocente, etc, etc.

Ante todo eso nosotras respondemos que necesitamos un Estado presente, políticas públicas, presupuesto, Educación Sexual Integral para formar nuevas masculinidades y femenidades. Pero también necesitamos que a las capacitaciones de género que se dan para periodistas vayan estas bestias y no siempre nosotras; esa sería una forma de ir revirtiendo el espiral de violencia. Las y los comunicadores trabajamos con las palabras, y las palabras, los discursos, construyen realidades. Si no entienden, aprenden y ejercitan eso, poco va a cambiar, porque la violencia acá son ustedes.

Foto: Agustina Girardo – CC BY-SA 4.0

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