Hay que dejar de espectaculizar el periodismo al menos por dos años

Acerca del tratamiento mediático sobre el crimen del jubilado.

No sé nada de criminología. Por eso no voy a opinar si el caso que invade los medios de comunicación fue un homicidio culposo, en primer grado, un atentado terrorista o un acto de defensa propia con arranque emocional. No tengo idea. Solo una opinión sin la más mínima relevancia pública o penal porque no podría fundamentarla más allá de lo que vi y escuché en los noticieros. Entonces, prefiero decir algunas cosas sobre los noticieros e intentar fundamentarlas.

1. ¿Por qué le dicen al tipo que disparó “el jubilado”? ¿Por qué cada vez que un vecino bien (en masculino porque por lo general son varones) abate a un delincuente, todes sabemos su profesión o si es jubilado o no? Como bien sabemos, los significados de las palabras son sociales. ¿Qué quiere decir? Las palabras las aprendemos ya con un significado adherido a ella. Y cada vez que escuchamos una palabra, nuestra mente la piensa, o sea, significa tal como la aprendió. Un jubilado (y siempre hablo en líneas generales) es un viejito bonachón expuesto al acoso y abuso de toda la sociedad, así como decir doctor, ingeniero o matemático porta una significancia social asociada al prestigio. Ni un jubilado, ni un doctor o un ingeniero, imaginamos en primera instancia, sería capaz de cometer la ejecución de una persona tirada en el piso. Cuando pensamos en «ejecución» es muy poco probable que la asociemos a un «jubilado». Sí, tal vez, a un «viejo» porque decir «viejo» porta un significado mucho más impreciso y difuso. También se puede ser un viejo de mierda.

2. Los noticieros deberían tener la obligación de advertir a sus telespectadores lo que están por ver. Yo, sin saberlo, estaba viendo la ejecución de una persona herida en el piso. O sea, fui testigo de un tipo que se estaba viendo morir y otro que estaba matándolo. Cuando me di cuenta lo que era cerré la computadora. Todo esto a las 13 hs, en un horario habilitado para el almuerzo familiar. Ya lo dijo Susan Sontag a colación de la transmisión en vivo de los suicidas que saltaban al vacío desde las Torres Gemelas luego de los atentados del 11S: espectacularizar la muerte del otre nos insensibiliza ante la muerte del otre. Quizás uno no lo registra, pero allí estamos presenciando la muerte de un individuo. No es un videogame ni una peli de Schwarzenegger (que también insensibilizan). ¿Cuál es la relevancia periodística de ese video? ¿Qué reflexiones críticas generan al espectador? ¿Sirve para algo más que para alimentar el morbo y confirmar prejuicios? Eso debería ser material exclusivo de la causa penal. Y si la causa no es pública, no debería transmitirse. Y si se transmite, que sea con los recaudos y las aclaraciones del caso: “Lo que están por ver es basura”.

3. Una panelista del noticiero de C5N, no una sino tres veces adjetivó la ausencia de leyes que amparen al «jubilado» como «lamentable». La primera vez que lo dijo, el conductor le retrucó «felizmente». La panelista insistió, luego, dos veces más con el «lamentablemente».

Esto ya fue harto discutido cuando Alberto Fernández le dijo a la presentadora de Telefe Noticias, Cristina Pérez, que estaba adjetivando los hechos, calificándolos según su propia percepción. Y está muy bien que así sea y, además, no podría ser de otra manera. Pero hay que decirlo. Es un deber ético profesional: “Esto no es lo que pasa,es lo que yo digo que pasa y lo que quiero que vos sepas”. Aunque a muchos nos resulte obvio, no lo es: yo lo aprendí en la facultad y no todas las personas pueden ir a la facultad. Y no en todas las facultades te lo dicen. ¿Cómo que es lamentable que no haya una ley que ampare a un individuo que, hasta el momento, no se sabe si asesinó a sangre fría o no a otro individuo? Es un delirio que haya una ley que te permita dispararle a otra persona. Un delirio, pero hay gente que, al escucharlo, asiente con la cabeza y después fundamenta su delirio diciendo «cómo va a ser una locura si lo dijeron en la tele».

A veces me avergüenza ser periodista y no poder explicarle a mis amigues, familiares y a les estudiantes que no confundan el periodismo con opinar sin fundamentos o presentar noticias; que la libertad de prensa no tiene que ver con la libertad de decir cualquier cosa y que ante la libertad de opinión, y el privilegio de hacérsela llegar a otres, tenemos la obligación de fundamentar lo que decimos. Y si no lo podemos hacer, deberíamos renunciar a difundir esa opinión, al menos hasta tener los argumentos para poder ponerla en discusión nuevamente.

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