En un extenso discurso, con un repaso detallado de la gestión de 2020 y lo hecho por la pandemia, el presidente se plantó en un ring que le era ajeno al peronismo: la disputa por la transparencia y la corrupción.

“He instruido a las autoridades pertinentes para que formalmente inicien querella criminal tendiente a determinar quiénes han sido los autores y partícipes de la mayor administración fraudulenta y de la mayor malversación de caudales que nuestra memoria registra”, lanzó Alberto Fernández en el momento más álgido de su discurso de apertura de las 132ª sesiones legislativas en el Congreso, haciendo un cambio de posición significativo en uno de los terrenos que, hasta hoy, parecían ser una propiedad exclusiva de los autodenominados republicanos. Sobre las ruinas del viejo e imposible slogan macrista de “se robaron dos PBI”, el presidente devolvió algo mucho más evidente, probado y ruinoso: la inocultable y sistémica política de endeudamiento y fuga de capitales debe ser considerada un crimen.

Semejante empresa trae a la memoria la figura de Alejandro Olmos Gaona, la de su hijo y la de la querella iniciada por el endeudamiento generado durante la dictadura. El resultado judicial fue de nulo efecto, sería más que deseable que no sucediera lo mismo en el futuro de Luis Caputto, Nicolás Dujovne, Federico Sturzenegger y Mauricio Macri, para empezar. El segundo punto alto del discurso del presidente hace que poco se pueda esperar al respecto: en la crítica a los manejes de la Justicia queda claro que es apenas la mandadera de las ordenes de los poderes fácticos reales de la sociedad.

Sin embargo, la combinación de ambos señalamientos cumple con otro objetivo, más político. El préstamo tomado por el FMI fue de 44 mil millones, en toda la pandemia el organismo prestó 105 mil millones a más de 80 países. Esa es la definición del desaguisado. El anunció de la querella por venir aclara que no se puede tomar más a la timba financiera como una simple variante de política económica o de lineamiento ideológico neoliberal. Es un crimen, perpetrado por criminales, que debe ser analizado y ponderado como delito.

“El Poder Judicial de la Nación está en crisis. Es el único poder que parece vivir en las márgenes del sistema republicano. Sus miembros (jueces, fiscales, defensores y demás funcionarios) disfrutan de privilegios de los que no gozan ningún miembro de la sociedad”, dijo Fernández entrando en el final de su discurso. Y aquello que se esbozó en 2020, cuando lanzó la Reforma Judicial, se volvió una enumeración abrumadora: no pagan ganancias, no se jubilan como la ley indica, no dan declaraciones juradas, fiscales procesados por causas de espionaje toman causas de espionaje, jueces con causas de opositores toman el té con Mauricio, la Corte se entromete en un trámite de traslados de jueces avalado por la autoridad competente, la Justicia de arriba abajo carece de perspectiva de género y se resiste a la Ley Micaela, y más.

Por fuera de pedirle a la Cámara de Diputados que avance con la Reforma Judicial, las medidas propuestas para la cuestión fueron cuatro. La primera, delimitar el radio de acción de la Corte Suprema a sus funciones originales –dirimir la constitucionalidad– y restringir su discrecionalidad; la segunda, reformular el Consejo de la Magistratura; la tercera, crear un Tribunal Federal de Garantías, que tapone la llegada de las causas a la Corte; la cuarta, establecer los juicios jurados.

¿Es entonces esa Justicia la que va a investigar la criminalidad del préstamo del FMI? De nuevo, la densidad está en el contenido político, en exponer que ese castillo de cristal transparente, el centro radiante del republicanismo, es poco más que una cloaca estallada de avaricia.

Bolsas de cadáveres

El primer aplauso y el más importante –después vino el de la querella por el préstamo del FMI– estuvo dedicado a la primera línea de la atención contra el coronavirus, que puso la vida durante todo el año.

“Incorporamos más de 4000 unidades de terapia intensiva, lo que implicó un aumento del 47 % en la capacidad instalada. Construimos 12 hospitales modulares en tiempo récord”. El laconismo de las cifras muestra que, si hubiera sido por lo heredado, la cantidad de muertos hubiera alcanzado los niveles de los países que sí tuvieron saturación de su sistema de salud.

Toda esa obra –y mucho más– se hizo durante la gestión de Ginés González García, el ministro echado por las vacunaciones de privilegio. Se esperaba una alusión al caso y estuvo presente. Inmediatamente se escucharon, sucedió durante toda la sesión, los deportivos vozarrones de Waldo Wolff y Fernando Iglesias, dos de los diputados más ultra de Juntos por el Cambio. Fernández los alineó con quienes sí produjeron más bolsas de cadáveres, los negacionistas que minaron toda política de cuidado durante el 2020.

Ilustración de tapa: Manuel Manso

Dijo el presidente:

«Desde el primer día tomamos decisiones y desde el primer día enfrentamos críticas. Primero los que reclamaban cuidar la rentabilidad antes que la salud. Más tarde los que negaban la existencia de la pandemia y nos acusaban de ser parte de un complot universal para mantener encerrada a la gente. Cualquier razón se volvió válida para incitar banderazos y romper los protocolos impuestos con la sola idea de deteriorar la credibilidad de un gobierno que convencido buscaba preservar la salud de su pueblo».

Y después detalló:

“Los acuerdos exigen respetarnos. La pirotecnia verbal solo nos aturde y nos confunde. A lo largo de este año algunos sectores se han esforzado por generar incertidumbre y desánimo lanzando petardos cargados de falacias.

Cuando debimos aislarnos en nuestras casas para recuperar los hospitales públicos que habían sido abandonados, firmaban solicitadas acusándonos de haber impuesto una ‘infectadura’. Muchos circularon incansables por medios y redes sociales blasfemando contra la vacuna elaborada por el Instituto Gamaleya. ‘Que se la apliquen a sus votantes’, bramaba alguno de ellos. Otros fueron más allá y nos acusaron penalmente por envenenar a la población cuando dispusimos la aplicación de la vacuna. Todos ellos, poco tiempo después y para el asombro colectivo, alzaron sus dedos acusadores reclamando que el supuesto ‘veneno’ que suministrábamos era insuficiente.

El primer análisis introspectivo que esos sectores deberían hacer, tendría que pasar por una cuidada observación del tiempo en que tuvieron en sus manos la gestión del gobierno. Verán así, como todas sus políticas condujeron inexorablemente a estrepitosos fracasos. Yo aún guardo la esperanza de que algún día hagan un mea culpa, entierren el odio que cargan y ayuden a levantar los cimientos del país que han derrumbado.

También albergo el deseo que, como antes dije, quienes tras el disfraz de la objetividad preservan intereses de poderes económicos concentrados, adviertan el daño que están haciendo en la misma sociedad en la que dicen querer desarrollarse”.

Sobre las otras bolsas de cadáveres, las colgadas de las rejas del Congreso durante la manifestación festejada por la oposición, hubo una velada mención tanto al comienzo como al final

“Sobre esto deseo ser claro: no llegué a la Presidencia para ser sordo a las críticas bien intencionadas. Como tampoco llegué a la Presidencia para dejarme aturdir por críticas maliciosas que responden a intereses inconfesables de poderes económicos concentrados, que en ocasiones buscan sembrar la fractura, la polarización y discordia entre el Pueblo Argentino, profundizando las heridas que como sociedad cargamos”.

y

“Todos sabemos que hay intereses que siguen privilegiando la especulación financiera y minorías que quedan aferradas a la especulación política. Todos percibimos que minorías ultra-recalcitrantes agitan el odio como negocio personal y con mezquindades que no trepidan en emplear los más bajos medios de actuación. Los mismos que producen esas situaciones también son fabricantes del desánimo y del escepticismo. Son quienes pretenden instalar la idea de que la Argentina no tiene salida”.

Todo lo del medio

No faltó la indicación de cómo el macrismo produjo más pobreza que el coronavirus y de cómo con las medidas de ayuda se evitó que 2,7 millones de personas más cayeran en la pobreza y 4,6 millones en la indigencia. Entre el repaso por la pandemia y las medidas económicas tomadas para paliar la crisis y el tramo más próximo al final dedicado a la justicia, hubo una extensísima puntualización en lo hecho en cada ministerio, cuyo detalle puede leerse en el texto original, que llevó a que el discurso se tornara algo monótono, llegando casi a las dos horas.

En el cierre tampoco faltaron los raquetazos, en un recuerdo de las más patéticas imágenes del Bicentenario de la Independencia

“Quienes independizaron este país no tuvieron angustia, tuvieron coraje. Ese coraje es el que hizo y hace posibles los cambios históricos”.

Quedó en constancia, sí, la centralidad que le otorga a la plétora de Consejos que se anunciaron ya el 1º de marzo de 2020, cuando el eje del discurso fue plantear la vuelta del Estado al centro de la escena. Específicamente, en 2021 se rescató como una clave para salir de la pandemia el recientemente activado Consejo Económico y Social, integrado por empresas, sindicatos, organizaciones sociales.

Para Menem que lo mira desde el cielo

Por primera vez desde que surgiera su repudio durante el menemismo, se ubica de otro modo qué es la corrupción como mal estructural de la democracia contemporánea.

Con la crítica a la corrupción del menemismo se gestó también la peligrosa combinación por la cual los honestos podían ser también los vaciadores del país, siempre y cuando lucieran austeros, no fueran peronistas y no se notara mucho. Menemismo sin corrupción, se decía sobre De la Rúa y se pudo haber dicho sobre Macri también (más allá de que uno y otro metieran la mano en la lata). La clave siempre fue restringir la corrupción a un hecho delictual individual y quitar del plano del delito el fraude planificado.

El giro que hoy planteó el gobierno, y que atravesó todo su discurso, va mucho más allá de apenas exhibir cuán abierta está la bragueta del macrismo cuando habla de deuda externa, o de inflación, o de tarifas, o de salud, o de independencia de poderes, o de negociados, o de cualquier cosa menos de cómo hacer que la señora cultive boniatos orgánicos para Instagram.

No es el tema que la oposición sea tan corrupta como el oficialismo, es que la corrupción pasó a ser otra cosa. Definir la corrupción de otro modo, definir el cuidado humano de otro modo, definir la economía de otro modo, y así cambiar las posiciones del tablero político. Cambiar el marco y el objeto de la disputa transforma a quienes están en esa disputa. Pero ninguna de esas tres apuestas puede realizarse sólo con la palabra. La más difícil, la última, será el eje del año electoral, siempre y cuando los aviones de vacunas sigan llegando.

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