La informalidad laboral golpea a las juventudes

La desocupación en personas de entre 18 y 30 años supera en un 50% al promedio general. Las mujeres tienen menos trabajo y ganan menos que los varones. Foto: Gabriela Carvalho

Entre las personas de 18 a 30 años que habitan el Gran Santa Fe la tasa de desocupación es del 15,1%. Siete de cada diez jóvenes realizan tareas no calificadas y las mujeres ganan 10% menos que los varones.

Décadas atrás, el imaginario colectivo –también las condiciones de posibilidad– consideraba que el progreso y el ascenso social o, más concretamente, las oportunidades laborales estaban ligadas al estudio como la principal herramienta. Saber un idioma, informática y estudiar una carrera de grado eran las llaves para abrirle paso a otros horizontes, diferentes, quizás, a los de la generación precedente. Sin embargo, el futuro llegó y se hizo presente con un panorama lleno de penumbras para quienes son jóvenes, se encuentran en situación de precarización, con estudios secundarios en no pocos casos incompletos, con desempleo y sin posibilidades de crecimiento. Sobre todo, para las mujeres jóvenes cuyos salarios son menores en comparación con los de los varones y sus labores están asociadas a cánones machistas.

En ese panorama se entrecruzan varios factores vinculados con la falta de correlación entre el mercado laboral y las juventudes, así como las dificultades para obtener el primer empleo. En palabras de Lucila Girolano, secretaria de Prensa, Organización y Relaciones Institucionales de Sutracovi (Sindicato único de Trabajadores de Concesionarias Viales y Afines de la provincia de Santa Fe), “en la actualidad, la juventud y el empleo están enemistados”. “No hay empleos acordes a la juventud. Y la juventud no se adapta al empleo que hay disponible. Una, por la falta de interés. Y otra, por la falta de perfeccionamiento de la juventud. Estamos atravesando un cambio de paradigma. Sabemos que en un futuro no muy lejano, la ocupación va a ir por un lado muy distinto al que va hoy”, diagnostica.

Según el informe Jóvenes: Empleo, Informalidad e Ingresos, elaborado por el Observatorio Social y Económico Integrar de nuestra ciudad, las personas de 18 a 30 años que habitan en el Gran Santa Fe son 110.452 (48,6% son varones y 51,4% son mujeres). Sobre ese total, tres de cada diez no finalizaron la secundaria (en los varones, el valor llega al 40%). El estudio, que evalúa los guarismos del primer trimestre de 2021 según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec), precisa que la tasa de desocupación en jóvenes es del 15,1% (9816 jóvenes). En los varones la desocupación es del 10%, mientras que en las mujeres es del 22,3%.

Asimismo, siete de cada diez jóvenes “realizan tareas de baja calificación, vinculadas con bajos ingresos, inestabilidad e informalidad”. ¿Cuáles son los rubros en los que se desempeñan las y los jóvenes? “El comercio y la construcción emplean al 43,1% de las y los jóvenes santafesinos. Los varones se insertan en industria y construcción (38,6%), mientras que las mujeres lo hacen en las ramas vinculadas a los cuidados (44,3%)”. Al momento de realizar una lectura sobre lo que el estudio revela, Pablo Amsler, licenciado en Sociología y miembro de Integrar, especificó: “Hablamos de trabajo no registrado a partir de una variable puntual de la EPH que es si en el trabajo se realizan o no descuentos jubilatorios. A partir de eso se identifica cuáles son los trabajadores no registrados y el acceso a un conjunto de derechos. Eso se calcula sobre el empleo en relación de dependencia. En la construcción es altísimo el empleo informal. El comercio también tiene un alto nivel de empleo no registrado”, asegura.

Cayó el desempleo al 9,6% y subieron la actividad y el empleo

En paralelo, la diferencia de género da cuenta “de una mayor tasa de feminización en los sectores vinculados a los cuidados. En cambio, la construcción, el transporte y las actividades primarias se encuentran masculinizadas. Este fenómeno se conoce como paredes de cristal o segregación horizontal”, explica el sociólogo.

Otra variable sobresaliente se vincula a la calificación. Es decir, “siete de cada diez jóvenes realizan tareas no calificadas. A modo de hipótesis, para la mayor parte de los jóvenes insertos hoy no tienen una gran incidencia las nuevas tecnologías. Las nuevas tecnologías están vinculadas con niveles de ingresos mayores y una mayor incidencia del empleo formal, a menos que se piense en la economía de plataformas (como los sistemas de delivery)”, esgrime Amsler. La extendida crisis social y económica repercute en las vidas de las juventudes: “Muchos no terminaron la secundaria y es difícil que puedan insertarse en ocupaciones calificadas. No obstante, la inserción de los jóvenes tiene que ver más con el dinamismo del mercado laboral y sus demandas, que con la calificación de los jóvenes”, distingue el miembro de Integrar.

Desigualdades

A la luz de la situación y desde la perspectiva de Girolano, “las mujeres son las más perjudicadas porque está comprobado que tienen menos acceso a la educación”. “Y vivimos en un país extremadamente machista. Hay empresas que directamente no quieren contratar mujeres porque están a cargo de criaturas o cosas por el estilo». Por otro lado, admite que «se ha evolucionado». «Ha aumentado la cantidad de mujeres trabajando. Pero falta mucho por recorrer, un montón de mitos por romper y políticas de Estado para que mujeres puedan acceder al empleo formal y de calidad”, postula.

Consultada sobre la persistencia de la informalidad, la sindicalista fue tajante: “La informalidad existe porque existe la necesidad de empleo”. Vale decir, “el abuso de la patronal para emplear trabajadores y trabajadoras y sus necesidades hacen que sean contratados con un empleo mal remunerado o, directamente, con contratos basura. Esto hace que no se genere estabilidad y tampoco contribuye al progreso personal de los trabajadores y trabajadoras”, opina.

Respecto a la variable educativa, la vocera de Sutracovi así lo ilustra: “Muchas veces las empresas necesitan personal calificado y no hay. Hasta falta el título secundario, que es lo mínimo que piden. Esto se da por el abandono de la escuela secundaria. Todo tiene que ver con un malestar económico que hace que los chicos dejen la escuela para salir a trabajar y los trabajos informales no tienen límite de horario”.

Girolano añade que “las mujeres se llevan la peor parte porque les cuesta acceder al primer trabajo”. Y si lo hacen, “acceden a tareas de cuidado que son las más bajas en escalas salariales. Son las peores remuneradas y están al margen de un empleo registrado”.

Las mujeres se llevan la peor parte: sus salarios son menores que los de los varones y sus tareas responden a estereotipos de género. Foto: Gabriela Carvalho

Para Marian Ghione, tesorera de la Cooperativa Santa Fe Sustentable, iniciativa de Juventud CTA (Central de Trabajadores de la Argentina), el alto índice de desocupación que afecta a las y los jóvenes responde a “la dificultad que tienen al momento de presentar antecedentes, ya que los empleadores solicitan años de experiencia así como antecedentes en puestos similares y, al ser de una franja etaria que abarca desde los 18 a los 30 años, es difícil poseerlo”. No obstante, “esto último podría mejorar si los conocimientos que exige el mercado laboral son previamente conocidos en la práctica. Las pasantías serían una buena opción si otorgasen una certificación que acredite un antecedente y fuesen remuneradas”, plantea.

Ghione pone el foco en que “el empleo en los jóvenes no se sostiene en el tiempo debido a la precarización de los puestos de trabajos en los cuales son contratados, los salarios que perciben y las condiciones en las que deben trabajar a diario”. Al respecto y en la misma línea de Girolano, remarcó que por “la amplia necesidad que los jóvenes presentan y el desconocimiento sobre derechos, algunos empleadores aprovechan para no generar puestos de trabajo formales”. La militante de CTA, además, hizo hincapié que “la pertenencia a un determinado territorio influye a la hora de poder conseguir un puesto de trabajo. Se podría pensar que existe aún una discriminación implícita que se relaciona con el lugar del que los jóvenes provienen”. Así las cosas, también Ghione se refirió a la cuestión de género ya expuesta. “El rol de la mujer sigue asociado a las tareas de cuidado, a la limpieza del hogar y a tareas que no impliquen fuerza. Por esto, creemos que se ve reflejado en la diferencia entre lo que perciben los hombres y lo que perciben las mujeres. Son ellas quienes perciben un menor salario sin una explicación lógica”.

Dicho por la representante de Sutracovi, la desigualdad por género salta en “la nómina de afiliados y afiliadas de los sindicatos”. “Los puestos mejores remunerados corresponden a hombres. Incluso, en trabajos donde la mayoría son mujeres. Es algo que en los sindicatos nos propusimos trabajar. Que sea un 50% y un 50% la cantidad de varones y mujeres que ingresan al trabajo. Y que en ningún lado haya patrón o jefe que le diga a una compañera ‘vos no podés hacerlo porque sos mujer’. Insistimos en que todos los sindicatos deberían tener perspectiva de género para derribar esta situación”, enfatiza.

¿Qué hacer?

Conocido el estado de situación, solo resta responder ¿qué se debe hacer? A propósito, existen programas gubernamentales que se proponen acompañar a “empleadores” en procura del empleo formal. En este contexto, la CTA lleva adelante capacitaciones encuadradas en el Programa Santa Fe Más, el cual posibilita el aprendizaje de un oficio para el posterior ingreso a un trabajo cooperativo o autogestivo. Así también, están en marcha el Programa ATR Juventudes y Santa Fe Capacita. A ellos se suma el programa Primer Empleo para jóvenes de 18 a 30 años. Consiste en generar empleo formal en el sector privado para quienes se encuentren desocupados o desocupadas a partir de una ayuda económica a las empresas por un equivalente al 85% del salario del salario mínimo, vital y móvil vigente. El o la joven, por su parte, realiza una experiencia de inserción laboral de entre cuatro y seis meses.

A su vez, Girolano señaló que los sindicatos “generan cursos, de la mano con universidades, para que las juventudes terminen el secundario”, para empezar. Además, la idea es “estimular la capacitación”, sobre todo “en nuevas tecnologías que son los trabajos del futuro”.

Duros datos

• Siete de cada diez jóvenes realizan tareas de baja calificación, con bajos ingresos, inestabilidad e informalidad.

• El comercio y la construcción emplean al 43,1% de las y los jóvenes santafesinos.

• Los varones se insertan principalmente en industria y construcción (38,6%). Las mujeres, en las ramas vinculadas a los cuidados (44,3%).

• La mitad de los jóvenes ocupados se desempeña en la informalidad (41% de las mujeres y el 56% de los varones).

• El ingreso promedio en el primer trimestre de 2021 fue 26.646 pesos para los varones y 23.850 para las mujeres.

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