En estas primarias 2023 se observó la derrota más categórica del peronismo en los últimos 40 años de democracia. El gobernador, que jugó todas sus fichas a la categoría de diputado, fue superado por Unidos para cambiar.

El gobierno de Omar Perotti fue lapidado en estas primarias. El gobernador, por sí mismo, apenas acumuló el 14,9% de los votos provinciales, sacando cerca de 30 mil votos menos que el principal candidato peronista, Marcelo Lewandowski, que apenas arañó el 16,6%. En la categoría de gobernador, Juntos avancemos sumó apenas el 25,9% de los votos, entre todos sus postulantes. En la categoría de diputados, donde se postuló Perotti, la suma da 28,07%. Es bastante menos que el 33,73% que congrega Unidos para cambiar.

La derrota también se da en los distritos principales. En Santa Fe, el peronismo apenas orilló el 12% en la sumatoria de los precandidatos a la intendencia que fueron por adentro (Ignacio Martínez Kerz y Martín Gainza) y afuera (Federico Fulini, que por muy poco pasó a las generales). En Rosario, el peronismo directamente no presentará candidatos e irá detrás de Juan Monteverde, de Ciudad Futura.

Hasta en la categoría de Concejo Municipal de Santa Fe se puede observar la crisis. En total asimetría de recursos para pagar la onerosa campaña, la representante de Mesas de Trabajo, Violeta Quiroz, venció en la interna a un delfín directo de Perotti, Jorge Andrés Fernández.

En particular, el kirchnerismo fue dividido en tres expresiones para la gobernación. Sumadas, llegan a 151 mil votos. Es menos de la mitad de lo que sacó Carolina Losada, que perdió en interna de Unidos para cambiar. Representa apenas un poquito más que el 9% de los votos provinciales.

No se pueden separar estos resultados de la evaluación que hizo el electorado del gobierno provincial. La reprobación es tan compacta que ni siquiera se vota al peronismo para que haga un poco de fuerza en la Legislatura. Es un borramiento directo. Fueron arrasados en las urnas.

La anticampaña

En toda la previa a la rosca del cierre de listas nunca se notó qué fue lo que quiso hacer Omar Perotti para generar una propia fórmula aspire a la continuidad peronista en la Casa Gris. Su delfín era el diputado nacional Roberto Mirabella, pero mucho no lo sacó a pasear, ni le dio demasiada voz. Ni tampoco se preocupó demasiado por levantar a otra figura que sí midiera.

Sí se notó la preocupación de Perotti por meter a (casi) todo su gabinete dentro de la lista de diputados. Y también se notaron las sucesivas ninguneadas a Lewandowski, única oportunidad del espacio. Poquísimos actos conjuntos, siempre con caras adustas, silencios larguísimos, ni un cartel conjunto y, para coronar, un cierre de campaña por separado.

Por su parte, Lewandoski hizo poco y nada. ¿Cuál es su spot? ¿Cuál es su jingle? ¿Cuál es su foto? ¿Cuál es su propuesta? ¿Cuál fue su acto grande?

La renovación tampoco tuvo mayor peso. Como si fueran un síntoma generacional, los jóvenes de las agrupaciones jóvenes del kirchnerismo más kirchnerista, el parido por la 125, fue por el recambio de dirigentes... cada uno con su lista. La Cámpora tuvo su lista, el Evita tuvo su lista –ambos espacios un poquitín pasados de rosarigasinismo– y la Corriente tuvo su lista. Sin acuerdos mayores, el electorado resolvió con la indiferencia.

Experimento fallido

Después de los 12 años del socialismo, el peronismo triunfó en 2019. El electorado le dio una oportunidad. Con la victoria puesta, ni se ocuparon en efectuar una transición adecuada. Hubo hasta vacaciones. El gobierno arrancó con demoras inexplicables en el pago de los sueldos públicos; ni siquiera tenían una imagen comunicacional definida… a los seis meses de gestión.

Llegaron al poder con una promesa única "Ahora la paz y el orden". Balaceras continuas, homicidios, amenazas: la violencia azota a Rosario hoy más que hace cuatro años. En el medio, el rumbo en seguridad fue tan errático como ineficaz y el autogobierno policial sigue siendo un hecho. Las bandas hacen lo que quieren en la calle, la cárcel y la cancha.

Tuvieron que gobernar en el contexto más áspero que se recuerde: la pandemia, la crisis, la sequía. Sin embargo, el problema fue otro. Un círculo de decisiones mínimo y una parsimonia en la acción política que resultó inexplicable para una fuerza que tanto tiempo había esperado para volver a Casa Gris. Parecía que se habían quedado en 2007. En una ajustadísima metáfora que plasmó la colega Ivana Fux en ese entonces, la gestión desde el comienzo fue “analógica” en tiempos digitales.

La derrota de 2021, que también fue significativa, no conmovió los pilares de un espacio que, además, era devorado por su propia interna. El declive desde ese entonces fue una decantación sin pausa, apenas marcada por la repetición en letanía de la importancia del Boleto Educativo Gratuito, la Billetera Santa Fe y las obras públicas que, es una hipótesis, parecen tener cada vez menor peso relativo a la hora de contar los votos.

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