Una vida con múltiples máscaras, una película que actua como si el miedo no existiera. Fuimos al estreno de La muerte de un comediante, en el América, dirigida por Diego Peretti y el santafesino Javier Beltramino y producida por Orsai.
Por Juanjo Conti
Un niño que se asoma al abismo. Así describe el co-director Javier Beltramino el tono de La muerte de un comediante, estrenada en el Cine América. La película tiene la particularidad de ser la ópera prima no solo de Beltramino sino también de su protagonista, Diego Peretti, que en la ficha técnica figura en el triple rol de guionista, director y actor.
¿De qué trata La muerte de un comediante? Juan Debré, el protagonista, es un actor (¿es un comediante? no queda del todo claro, la verdad) que lleva treinta años interpretando al Escorpión, un justiciero nocturno que actúa amparado en los más diversos disfraces. El origen de esa vocación remite a una historieta de su infancia: Bombín, un héroe sin poderes, pero también sin miedo. El niño Debré es fanático del cómic y se convierte en actor. No en detective ni en bombero.
La película empieza con un llamado telefónico. El anuncio de una enfermedad terminal. Ante la noticia, el protagonista vuelve a la infancia. Es decir, a las historietas. Ese regreso lo lleva a viajar a Bruselas, ciudad donde fue creado su personaje preferido. Las escenas en Argentina funcionan apenas como un prólogo. La película realmente arranca cuando el avión aterriza.
Ya en Bruselas estamos en un mundo de fantasía, de infancia y de historieta. Colores estridentes, personajes caracterizados, coincidencias (muchas coincidencias) que conspiran para que el héroe avance en su trama. Allí conoce por accidente a tres jóvenes (una chica cubana, un japonés y una joven local, Lena) y se ve involucrado en sus actividades revolucionarias. A su vez, ellos lo ayudan con una tarea, en apariencia simple: encontrar un libro, Entre el miedo y la nada, supuesta inspiración del autor de la historieta.
Ante un hecho artístico, siempre es preferible la experiencia al juicio. La muerte de un comediante se deja ver mejor si uno suspende por un momento la expectativa de corrección y se permite acompañar lo que la película propone. Antes que pedirle lo habitual, conviene dejar que la película acontezca.
Es también una oportunidad de ver a Peretti en un rol corrido de su lugar común. Aun así, a pesar de que Juan Debré esté en casi todas las escenas, mi personaje preferido fue el de Lena, que es de alguna forma su reflejo y, en algún punto, más auténtica que el original. Como en un chiste de Borges: “El original es infiel a la traducción”.
Debré pasó buena parte de su vida interpretando a un héroe. Pero más que la valentía clásica, la película rescata otra idea: actuar como si el miedo no existiera. Lena, interpretada por Malena Villa, encarna ese gesto con precisión. Como Bombín, es inteligente y valiente (lidera un grupo de jóvenes que intenta llevar a cabo una especie de ataque al sistema establecido), y al mismo tiempo se vale del recurso de los disfraces de manera muy sutil. La vemos con su campera y sus jeans; luego, en una misión, aparece vestida de femme fatale y, mediante un truco de montaje, vuelve casi de inmediato a su look anterior, como si de un superpoder se tratara. Lo mismo ocurre cuando pasa de su campera habitual a un vestido de noche en una fiesta, corte, regreso a la campera camino al hotel, corte, el mismo vestido negro ya en la habitación.
Quizá ante esta película convenga hacer el ejercicio inverso al habitual: no mirar desde afuera, sino entrar. Suspender el mundo, aceptar sus reglas provisorias y dejarse sorprender. La muerte de un comediante propone esa experiencia también desde lo formal: el uso insistente del plano secuencia, los movimientos de cámara que pasan del punto de vista subjetivo al objetivo sin subrayados, y una música invasiva, casi en exceso, que no acompaña sino que empuja. Evidencia un trazo humano y reconocible. Un cine que avanza como su protagonista: actuando como si el miedo no existiera. En tiempos de fórmulas, correcciones y diagnósticos rápidos, alcanza para disfrutarla.
La muerte de un comediante en el América
La película fue estrenada el jueves 8 en el Cine América. Podés verla en estos horarios: domingo y lunes a las 16:00, y martes y miércoles a las 22:10.










