protesta estatales pullaro
Marcha de Antorchas de autoconvocados en Casa Gris del 24 febrero.

Tras trastabillar en el ciclo electoral de 2025, el gobierno provincial enfrenta una escalada en el malestar de los estatales. Protestas de policias y de autoconvocados docentes y de salud son el emergente de una bronca que trasciende lo salarial y que expresa a trabajadores que se sienten humillados. Sin embargo, la gestión no sale de su actitud de redoblar la apuesta.

Desde el largo ciclo de tres elecciones de 2025, el gobierno provincial está pagando el costo de haber quemado los puentes con toda la masa de empleados públicos de la provincia. Durante el último mes, esa ruptura escaló a niveles que no se veían en muchos años. La protesta policial y las manifestaciones sorpresa de autoconvocados docentes y de la salud –en la apertura del tercer carril de la autopista y en Esperanza, anoche– son apenas el emergente de una decepción que luego se transformó en malestar y que ahora es bronca.

La responsabilidad política le cae a la gestión, no sólo por ser el actor más fuerte en la toma de decisiones, sino porque constante y minuciosamente fue deteriorando esa relación desde el momento mismo de la asunción del gobernador Maximiliano Pullaro, cuando quebró una de las promesas clave de su campaña de 2023.

Respetar la cláusula gatillo a rajatabla, prometió el candidato en campaña. Los empleados públicos creyeron y dibujaron la cruz para ungir al gobernador con más votos de la historia provincial. No hay plata, dijo el presidente Javier Milei, apenas asumió; las palabras cayeron como la coartada ideal para ajustar los salarios públicos de movida y no aplicar aumentos que alivien el sablazo inflacionario de diciembre de 2023, cuando el ministro de Economía, Luis Caputo, produjo una de las tres devaluaciones más importantes de los últimos 50 años.

Por más que se fuerce la aritmética y se repitan cálculos raros desde el gobierno y sus órganos de prensa, esa pérdida del poder adquisitivo del salario nunca fue recuperada. Todas las familias ampliadas santafesinas tienen un pariente o amigo que es docente, personal de salud, administrativo o policía: esa conversación es imposible de controlar desde los medios. Es material: la guita alcanza mucho menos que en 2023.

Pero si bien la cuestión salarial es la base, se necesita otra cosa para que existan escenarios como los de la protesta policial y las movilizaciones de autoconvocados docentes y de salud, cada vez más continuas y numerosas. Ese excedente es pura responsabilidad del gobierno provincial y es lo que aviva las llamas en las bases. Demasiadas veces, el propio Pullaro y varios de sus ministros hicieron exhibiciones públicas de orgullo por el ajuste realizado y de desprecio por los reclamos de los trabajadores, sobre todo en el caso de los docentes respecto del presentismo. Ante todas las advertencias desde las conducciones sindicales y, luego, desde las urnas, redoblaron la apuesta. En algunas ocasiones, apelaron a argumentos tristemente extorsivos: si hay aumentos salariales, no hay obra pública.

Sólo cedió el gobierno ante la protesta policial, cuando ya hasta habían cacheteado al Jefe de Policía, con un discurso de conciliación completamente diferente al que guarda con el resto de los empleados públicos. La movida de los uniformados –cuyo descontento venía macerándose desde hacía mucho tiempo– pegó en el corazón de uno de los activos principales de la gestión, las mejoras en seguridad. El contraste directamente enervó al resto de los empleados públicos. “¿Hay que andar enfierrado para tener aumento?” se leía en redes y grupos de Whatsapp.

Hasta que se llegó al acuerdo con los uniformados, el gobierno invisibilizó el conflicto en los medios más grandes de la provincia y, luego, a través de diferentes voceros, lo minimizó o se lo atribuyó al kirchnerismo. Policías kukas, un disparate. En el camino, los trabajadores de prensa, sobre todos los movileros, y las organizaciones periodísticas empezamos a recibir el justificado descontento de los empleados públicos por la falta de cobertura. Tienen razón, incluso con este medio.   

Los docentes son la primerísima línea de atención de todos los conflictos sociales. El principal discurso oficial sobre su trabajo, durante los últimos dos años, se vinculó al presentismo y los cálculos sobre cuántas horas de licencia lograron ajustarse. El tema principal no es la quemazón creciente de las mentes y las vidas de las comunidades educativas, no fue ni siquiera el plan de alfabetización. Una y otra vez el gobernador y el ministro ponderaron cómo ahora sí que están yendo a trabajar los docentes, que antes se la pasaban faltando. Los docentes... Las docentes. La docencia es, principalmente, mujer. Es una mujer que viaja entre escuelas para juntar el mango y que después vuelve a su casa, al cuidado del hogar y la familia, así conviva con varones re deconstruidos. A esas mujeres les dicen continuamente que eran y son unas holgazanas.

El gobierno ganó la elección para la Reforma Constitucional por muchísimo menos margen del esperado. Luego, en la sumatoria, quedó segundo en la elección de concejales, con un sonoro tercer puesto en la ciudad de Rosario. Para las legislativas nacionales puso toda la carne en el asador –no sólo Pullaro protagonizó la campaña, sino que arrastró a innumerables referentes de alcance local– y quedó tercero.

A los pocos días, con el resultado puesto, una rechifla generalizada al ministro de Educación, José Goity, durante la apertura del 2º Congreso “Santa Fe en Movimiento” en Rosario, no sirvió de aviso de que algo se estaba cocinando por abajo. Esta semana, los autoconvocados hicieron telón de fondo en la apertura del tercer carril de la autopista. “Traje bastante hinchada”, dijo Pullaro. Ayer, en Esperanza, los autoconvocados coparon el acto de apertura de una escuela, al grito de “Pullaro mentiroso”. Eran la mayoría de los presentes. El ministro de Obras Públicas, Lisandro Enrico, les espetó a los docentes que “más mentirosos fueron los que prometieron esta obra y no la hicieron”.

Otra vez, un problema de radar. La conducción sindical de los docentes puede ser peronista, pero la manija en los autoconvocados la está generando la izquierda. Y el crecimiento de esa fuerza, menos institucionalizada y más imprevisible para el lenguaje habitual del Estado, también es responsabilidad de la gestión.

Vistos desde la gobernabilidad, y hasta cierto punto, los paros son válvulas de escape que fortalecen el orden. El presentismo cerró esa válvula, pero ni de lejos quitó la presión. Toda la ganancia queda para la creciente agitación de base.

La malaria va a profundizarse, sólo un termo libertario puede pensar lo opuesto. Con el dólar barato y la apertura de importaciones, estamos en la etapa donde la destrucción de las empresas y el trabajo privado es imparable. Eso quiere decir que la recaudación provincial va a caer y que los ingresos por coparticipación también se van a ir abajo. Un espiral descendente que estamos viviendo por tercera vez en la democracia.

Pullaro también tiene en su mochila haber apoyado en toda ocasión al gobierno nacional. Apoyó el ajuste, se plegó al Pacto de Mayo, en el Congreso puso todos los votos que podía, dándole margen de acción sólo al socialismo liderado por Esteban Paulón, que ya es una figura más porteña que santafesina. Después, radicales y PRO santafesinos, en Diputados y Senadores, le votaron prácticamente todo a Javier Milei.

La última votación de 2025, mostró un fenómeno peculiar: el triunfo de La Libertad Avanza en la provincia, con una lista que encabezó… nadie recuerda quién la encabezó. No fue el peronismo el que se llevó la ganancia del malestar de los estatales, fue la fuerza que más contribuyó a la destrucción de los derechos de los trabajadores en general, desde el menemismo. Lo cual lleva a la pregunta sobre quién está capitalizando hoy el descontento porque, también es cierto, Pullaro parece estar solo en el tablero electoral, de cara a un 2027 que está muchísimo más cerca de lo que parece.

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