
Según un informe de la UCA, el 83% de los trabajadores padece vulnerabilidad alimentaria durante su jornada laboral. El 61% se saltea comidas, el 78% elige alimentos menos nutritivos y uno de cada cinco directamente no come.
El 83,5% de las y los trabajadores asalariados argentinos enfrenta alguna forma de vulnerabilidad alimentaria durante su jornada laboral. El 61,1% se saltea comidas, el 78,5% elige alimentos menos nutritivos y uno de cada cinco directamente no come, según reveló la primera encuesta nacional sobre la alimentación de trabajadores.
La investigación fue llevada a cabo por la Dra. Ianina Tuñón y la Lic. Lucrecia Freije, en el marco de un informe realizado para Edenred Argentina y el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la Universidad Católica Argentina (UCA). Se analizaron las condiciones en las que se alimentan los asalariados argentinos, qué estrategias adoptan ante la pérdida de poder adquisitivo y qué brechas persisten en el acceso a una alimentación adecuada en el trabajo.
"La alta prevalencia de vulnerabilidades alimentarias demuestra que no son hechos aislados, sino el reflejo de condiciones laborales que aún no contemplan la alimentación como parte del bienestar", señalaron desde ODSA: "Esto se traduce en falta de aportes de los empleadores para costear estos gastos, e incluso la falta de infraestructura para motivar las pausas para comer durante la jornada".
El informe demostró que la vulnerabilidad alimentaria es una preocupación extendida para las y los asalariados, y que "golpea más a mujeres, jóvenes, sector público, regiones del norte y trabajadores no calificados". "La comida en el trabajo no debería ser un beneficio discrecional, sino una inversión estratégica en salud, equidad y productividad", resaltó.
La situación de los trabajadores
El 83,5% de las y los trabajadores enfrenta alguna forma de vulnerabilidad alimentaria. Por motivos económicos, el 61,1% se saltea comidas y el 78,5% opta por alimentos menos nutritivos; ambas privaciones se combinan en el 56,2% de los trabajadores, en lo que constituye el núcleo más crítico de la inseguridad alimentaria laboral. Solo el 16,5% de los trabajadores está libre de privaciones.
El 22,6% de los asalariados no come durante su jornada, y el problema se agrava según la geografía y el tipo de empleo. En el NEA (noreste),la mitad de los trabajadores (50,1%) no come. En el sector público, además, la cifra duplica a la del privado (33% vs 17%).
El 26% de las y los trabajadores no hace pausas para comer. Esto tiene un impacto directo en la salud: entre quienes casi nunca pausan, el 48,2% califica su dieta como poco saludable, y la obesidad los afecta casi el doble que a quienes sí hacen una pausa (35,8% vs. 19,3%). El 36,3% de las personas encuestadas reconoce que su dieta es poco saludable. Entre quienes padecen la doble privación (saltearse comidas y elegir alimentos menos nutritivos), esa proporción sube al 44,6%.
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Solo el 44,4% de los trabajadores recibe algún aporte de su empleador para la alimentación, y ese beneficio resulta regresivo, ya que lo reciben quienes ganan salarios más altos: el 58,3% de los que ganan más de 2 millones de pesos recibe aporte, mientras que solo el 39,8% de quienes perciben menos de 800 mil pesos lo hace.
El 80,4% de las y los trabajadores desea contar con una contribución de su empleador para la alimentación. Entre quienes más la necesitan -los que padecen doble privación-, el apoyo es casi unánime: 91,5%. "Lejos de ser un beneficio marginal, la alimentación durante la jornada laboral aparece como una demanda/preocupación extendida", señaló el informe, que destacó que tener comedor, heladera o aporte del empleador reduce el salteo de comidas y mejora la salud.
El informe completo puede leerse aquí.








