Don Osvaldo en Santa Fe: cuando la canción canta verdades

Don Osvaldo
Foto: @lolacomeback

Tras cinco años de ausencia en la ciudad, Don Osvaldo desembarcó en la Estación Belgrano para un show maratónico de más de 30 canciones. Entre el barro de un sábado fresco, los clásicos de Callejeros y la liturgia de las banderas, el rito liderado por Pato Fontanet demostró por qué sigue siendo uno de los movimientos más inquebrantables del rock argentino.

Paralelo a la calle Avellaneda, el tendal de puestos de comida y bebida resguardados por gazebos azules puntiagudos resistió toda la jornada de un sábado fresco. A pesar de lo dispuesto por la organización, era obvio que la explanada de la Estación Belgrano y la histórica pérgola del frente iban a ser preferidas por "los invisibles" para la previa, para ejercitar el vaivén de las banderas que más tarde iban a flamear frente al escenario: varias locales incluso alusivas a bandas "hermanas" como Los Piojos, Los Gardelitos y La Renga; entre las visitantes, había de Laferrere, Gálvez, Garín, San Carlos y Chaco, entre muchas otras.

El chaparrón intempestivo de las 21 le dio al ingreso un condimento propio de conciertos recordables: el barro. El regreso al setlist de "Palo borracho", un medley de "El pibe de los astilleros" y "Todo preso es político", así como la presencia de la banda en la ciudad después de cinco años —la última había sido en 2021, en el Anfiteatro del Parque Sur—, son datos de color y estadísticas ante lo que realmente tracciona la marca y carreó tanto este show como todas las actuaciones de Don Osvaldo: el aura de Pato Fontanet.

La mirada en el vacío

La tragedia que marcó su vida y su carrera la lleva impresa en su semblante, las sonrisas son excepcionales, su mirada que permanentemente encuentra en el vacío "algo que no todos ven" y sus hombros para adelante casi como preparándose para zambullirse en el micrófono. Si fue aquel evento o su obra la que hizo leudar su figura, es difícil discriminarlo, seguramente ambos factores se conjugaron para que así de idolatrado sea. Sea como fuere, la impresión que da es que Patricio Rogelio Santos Fontanet prefiere asumir su rol de una manera modesta, caminando permanentemente entre sus compañeros de banda para que no se haga foco exclusivamente en él.

Las palabras del cantante fueron también escuetas, redundando en agradecimientos y el recuerdo infaltable para las víctimas de Cromañón. Pese a esto, no faltaron desde las pantallas los mensajes del estilo "Cuidemos nuestros glaciares" y "Los derechos no se negocian", acompañados de la bandera de la diversidad. La cadencia tanguera de Don Osvaldo se interrumpió algunas veces sí para dar paso al coreo del público, que cada vez que le tocó, rellenó desgargantándose los silencios de Pato, que en un momento se excusó: "No es que no quiera cantar todas las frases, pero tengo Epoc", contó inmediatamente después de aplicarse el paf.

El himno de los andenes

Así y todo, sonaron más de 30 canciones, de las cuales aproximadamente la mitad son de la época de Callejeros (1995-2010), varios de los cuales son hitazos como "9 de julio", "Creo", "Ilusión", "Los invisibles" y, claro, esos otros que son himnos del rock nacional como lo son "Prohibido" y "Una nueva noche fría". La solvencia técnica permitió que Don Osvaldo mantuviera una intensidad constante, permitiendo que el público, esa masa de gente amuchada para curar el frío de los andenes, se abrazara y reavivara el "fuego que une sus almas".

El brindis con latas de la cerveza insignia de la ciudad fue la constante en una marea humana donde el dress code generalizado fue con ropa de fútbol: de Colón y Unión, por supuesto, también de Deportivo Morón, Almagro, Newell's, Godoy Cruz y variantes del multiverso maradoniano que congeniaron bien con el tema inicial, "Alma", que fue ilustrado en pantallas con collages de Diego Armando Maradona.

En la esquina de Laprida y Bulevar, casi a la 1 de la mañana, cinco cabezas ya reposaban contra la ventanilla de un minibus blanco y anaranjado. Una nueva noche fría se estaba terminando, el rito de Don Osvaldo se había cumplido una vez más y todo había salido bien.

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