Tanto Rusia como EEUU apoyan la reelección del líder ultraderechista Viktor Orbán, en unos comicios que pueden tener gran impacto en el futuro de la Unión Europea.
Viktor Orbán, el líder de ultraderecha húngaro que cuenta con el apoyo tanto de Donald Trump como de Vladimir Putin, podría perder este domingo control del poder autoritario que ha ejercido durante 16 años. Las elecciones en Hungría son consideradas decisivas para el destino de la Unión Europea, y el rival de Orbán, Peter Magyar, lo aventaja considerablemente en las encuestas.
En el Ejecutivo, Orbán consolidó una autocracia al restringir los medios de comunicación independientes, los derechos democráticos, los derechos de las mujeres y personas LGBTIQ+. Por este motivo, logró reunir un gran apoyo a nivel internacional en la ultraderecha.
Sin embargo, parte del descontento con Orbán se debe a tres años de estancamiento económico, el aumento vertiginoso del coste de la vida y el enriquecimiento de los dirigentes cercanos al Gobierno.
Peter Magyar, un antiguo partidario de Orbán, aprovechó el descontento de los húngaros y su partido de centroderecha, Tisza, lidera ahora con holgura la mayoría de las encuestas.
El apoyo público del Gobierno de Trump a Orbán culminó esta semana con la visita del vicepresidente estadounidense J. D. Vance. Un portavoz de la Comisión Europea dijo que las elecciones en Hungría eran "una decisión exclusiva de los ciudadanos".
Hungría, que ha criticado las sanciones de la UE a Moscú, sigue dependiendo en gran medida del petróleo y el gas rusos. Alegando una disputa con Kiev sobre un oleoducto dañado por la guerra, Orbán, de 62 años, ha bloqueado un préstamo de la UE a Ucrania acordado en diciembre, el último de sus numerosos conflictos con Bruselas.
La injerencia rusa en las elecciones en Hungría
"Esta campaña ha supuesto una escalada importante en términos de injerencia electoral, y las pruebas de la injerencia rusa son cada vez más contundentes", afirma Edit Zgut, especialista en Hungría del Instituto de Filosofía y Sociología de la Academia Polaca de Ciencias e investigadora asociada del Instituto para la Democracia de la Universidad Centroeuropea.
Las acusaciones de injerencia culminaron con las revelaciones del 21 de marzo sobre un complot ruso para escenificar un intento de asesinato simulado contra Viktor Orban.
Esta operación, calificada como un "punto de inflexión decisivo" por los servicios de inteligencia rusos, tenía como objetivo "desplazar el debate electoral hacia un plano más emocional que racional", supuestamente favoreciendo la candidatura del primer ministro en funciones, según explicó el Washington Post, que afirma haber visto un documento ruso que detallaba el plan.
Moscú también ha sido acusado de enviar a Budapest un equipo de "especialistas" electorales —vinculados al GRU, o inteligencia militar— para vigilar de cerca las operaciones de injerencia..
"Ya no se trata simplemente de injerencia, sino de una colusión electoral entre Viktor Orban y Rusia", resume Anton Shekhovtsov, director del Centro para la Integridad Democrática en Austria y experto en las relaciones entre Rusia y los partidos de extrema derecha en Europa.
Con información de France24 y Reuters










