Mano a mano con Fernanda Miño, la primer secretaria de Estado villera, que llevó adelante la mejora y urbanización de los barrios populares a través de la Secretaría de Integración Sociourbana y aguantó tanto la desconfianza interna como el acoso de las falsas denuncias libertarias.
Patria Grande vino a incomodar a la política blanca y profesional de muchos modos. Uno fue hacer diputadas a Nati Zaracho y a Fernanda Miño, la primer Secretaria de Estado villera, una funcionaria que funcionó en el gobierno de Alberto Fernández. Peronista de cuna, militante social desde que se dio cuenta de que “la pobreza no es natural, tiene responsables”. Estuvo de visita en Santa Fe, la ciudad donde impulsó 355 obras y le mejoró la vida a más de 1000 familias y tuvimos la chance de preguntarle cómo se puede hacer otra política con las estructuras políticas de siempre. Les van a gustar las respuestas.
–Hay una definición tuya que pareciera explicarse sola pero que me gustaría profundices. Siempre viviste en La Cava (San Isidro), toda tu vida transcurrió y sigue transcurriendo allí y alguna vez dijiste que quedarte es una decisión “personal, espiritual y política”.
–Yo nací allí, en el Hospital Eva Perón y no percibía ningún contraste, para mí La Cava era el mundo. Uno se va dando cuenta cuando crece e interactúa con la otra parte de la ciudad. Fui a una escuela muy modesta, con piso de tierra, integro una familia numerosa de nueve hermanos y siempre creí que mi realidad era la de todos. Yo trabajé en casas de familia como doméstica desde los 13 años, y ahí empecé a notar cómo vivían ellos y nosotros, allí escuché como se hablaba de las viviendas populares, cómo ellos nos veían, las cosas que hacíamos. Eso me molestaba pero no podía ponerlo en palabras, yo ya era muy creyente pero no tenía la formación que tuve después como católica, ni siquiera había hecho mi primera comunión. Con ese despertar tardío empecé a ver que vivíamos mal y que yo tenía responsabilidades con eso, que algo tenía que hacer.
–¿Vos percibías en San Isidro, como pasa aquí también y en muchas otras ciudades, una marcación despectiva del centro pudiente hacia los barrios populares?
–Me sentía muy discriminada, porque yo me crié con una sola explicación: “somos pobres” y después me di cuenta que la pobreza tenía responsables y que no éramos nosotros. Y que teníamos que luchar para que nuestros derechos sean respetados. Mi vida en la fe tiene un sentido, un camino, mi familia tiene un sentido y la política también.
–Que la política llega primero transformando tu casa familiar en un centro de actividades barriales, para los chicos de todo el barrio…
–Nosotros éramos jóvenes con mi esposo, arrancamos dando catequesis de confirmación y luego, viendo las necesidades, arrancamos con apoyo escolar; ya teníamos una primera hija y tratábamos de combinar la vida familiar y de militancia social. Yo siento que agrandé las paredes de la parroquia, porque finalmente terminó siendo todo mi barrio, supe enseguida que no era suficiente el pastoreo católico que tenía que tener una militancia política que me diera otras herramientas.
–Te escucho y es lo que le pedía Francisco a los sacerdotes y obispos a poco de asumir el papado, salgan de sus iglesias, caminen, mézclense con la gente…
–Así es, encontrás a Jesús en todas partes, entre la gente, nosotros tuvimos una vida muy bendecida con mi esposo, nos casamos por una decisión muy fuerte, proveniente los dos de familias numerosas y hacer nuestro propio camino y acompañar a otros tenía un sentido. A veces se normaliza y romantiza la pobreza, pero cuando te empezás a concientizar que podés transformar vos misma eso, con militancia, con organización, con un plan, todo cambia. La fe es una herramienta, el compromiso social es otra herramienta, la política también es otra, lo tomamos así y fue una decisión para transformar nuestro lugar. Yo podría alquilar e irme, a veces tengo esa ambigüedad, pero yo no me salvé sola, nadie se salva solo, pero el narcotráfico y la violencia han transformado los barrios, nuestros barrios.
–Hace años que las organizaciones políticas y sociales, confesionales o laicas vienen disputando territorio con la bolsa de trabajo de los negocios ilegales, del narcomenudeo, de la trata. ¿Cómo está eso ahora? ¿Por qué decís que está peor?
–Porque ahora la crisis económica y de las organizaciones políticas están haciendo estragos... siempre hubo desde el centro, desde la gestión, inciativas para hacer viviendas y sacar la gente del barrio, trasladarla. Fue la solución e San Isidro, donde siempre hubo gobiernos, radicales, liberales, del Pro y ahora libertarios. Ellos hacen las cosas a su manera, que nunca es atacar la pobreza estructural; siempre había más pobres y más problemas, no alcanzaba con hacer planes de vivienda. Con el dinero que entra en San Isidro, yo fui concejala y candidata a intendente y sé el dinero que se maneja, fácilmente podríamos no tener villas o barrios marginales. Yo pude sacar un proyecto para incrementar la inversión en mejoras en los barrios, que cuando cumplí mi mandato lo sacaron.
Una vez que asumí la Secretaría de Integración Socio Urbana (SISU), mi campo de acción ya no era San Isidro sino todo el país, más de 5000 barrios distribuidos en todas las provincias argentinas, y cada uno con una forma distinta pero con algo en común, los padres tienen que trabajar cada vez más para sobrevivir, se ausentan de sus casas, los hijos quedan sin conducción, no hay familia y entonces la droga gana territorio y presencia, nunca estuvo como está ahora, te lo aseguro.

–El año pasado le hicimos una nota a Juan Grabois y hablábamos de vos, en off me dijo que conocerte fue algo así como “un flechazo mutuo” y que una de las primeras cosas que le dijiste fue “acá no me vengas a hablar mal de Cristina”.
–El se burla de eso, fue así –responde entre risas–. En ese momento Juan no tenía relación con el kirchnerismo y les daba duro, yo ya tenía una gran admiración por Cristina, cuando Néstor le dio el bastón de mando me emocioné, me pasaron cosas; a Néstor no lo llegué a disfrutar pero me daba cuenta que algunas cosas mejoraban, había estabilidad económica y te podías comprar cosas, chapas, una heladera, armar un espacio para hacer apoyo escolar… Todo llega mucho más tarde a los barrios populares. Y siempre fui peronista, pero en San Isidro para serlo tenías que tener algún apellido ilustre, no era mi caso, hasta que Cristina pidió que gente desconocida, con arraigo territorial, encabece las listas de Unidad Ciudadana y ahí aproveché mi oportunidad. Cuando Juan aparece en mi vida, yo ya era Fernanda y, con un reconocimiento social, entró a casa y empezó a revolear contra el kirchnerismo y le dije “la condición para que estés en mi casa es no hablar mal de Cristina”, lo aceptó por supuesto. Siempre hubo admiración y respeto con Juan, de exigencia también, porque el siempre me dijo que a la SISU tenía que conducirla yo.
–¿Y vos nunca dudaste? Era nada menos que una Secretaría de Estado para una catequista resistida por todo el sistema, incluso del PJ. De hecho Grabois acuerda tu cargo con Alberto y vos fuiste una de las últimas en asumir, fueron varios meses...
–Yo estaba muy segura de lo que iba a hacer en el Estado y había un equipo para trabajar, que también tenía objetivos claros. Yo no tengo miedos a los desafíos cuando se puede mejorar algo la vida de la gente, no digo transformarla por completo, pero sí dignificarla. A mí me gusta el Estado presente y con un equipo bien conformado y un plan de trabajo, con el apoyo de Juan siempre, se podía y se pudo. El me decía “yo soy como el martillo para romper el cristal” cuando ya no hay nada que hacer o no se puede resolver de otra manera, pero “a la tercera queja o pregunta que me hagas, te voy a pedir que renuncies porque será evidente que no sos apta”. Entonces yo le daba para adelante, prefería equivocarme haciendo que preguntarle a Juan –reconoció entre risas–. El confiaba mucho en mí y eso, más el apoyo de mi familia, que me bancó estar totalmente entregada a ese trabajo. Sin ese apoyo de mis hijas, de mi compañero, no hubiese podido hacer casi nada. Mi marido es agente penitenciario, trabaja en la cárcel y combinábamos para estar en casa, mis hijas lo entienden y nos acompañan, las veces que las habré mandado a dormir desde Usuahia por celular. Yo creo en Dios y en que los santos me cuidan, cuando todo se pone oscuro y siento que ellos y la iglesia están conmigo.
Fernanda Miño, secretaria de Estado
–¿Cómo lidiaste con las presiones y las demandas de las distintas orgas que componían el Frente de Todos? Sabemos de apellidos que te recriminaban no aportar dinero o a tal o cual gestión, a tal o cual intendente o candidato, asignando obras a municipios peronistas, radicales o del Pro, ¿cómo sobrellevaste eso?
–La historia es que nosotros empezamos en el Ministerio de Hábitat, que conducía una santafesina, María Eugenia Bielsa. Pensábamos que íbamos a poder hacer obras con más libertad y no fue así, no entendía nuestra forma de trabajar, nuestras prioridades. El gobierno, tan loteado entre organizaciones, fue una desventaja para muchos, pero a nosotros nos dio una oportunidad, ahí pudimos imponernos por prepotencia de trabajo. Bielsa no quería que trabajáramos con las organizaciones territoriales, no les confiaba, pero yo no podía trabajar sin ellas, en el territorio no funciona así.
–Bielsa es una dirigente peronista, del “peronismo blanco” digamos, finalmente de una extracción social determinada…
–Era una académica además, que no entendía que cuando uno baja una obra a territorio no se pueden hacer los mismos metros que pide el proyecto, el dibujo y que hay que negociar muchas cosas para que salga bien. Luego con el correr de los años, con los resultados a la vista y otra perspectiva pudimos entendernos y habló muy bien de nosotros. Que éramos unos atrevidos lo admito, no nos cortábamos solos pero estábamos convencidos de lo que había que hacer. Yo me siento con todos, pude sortear todo eso, negociar con referentes políticos muy distintos, y ese reconocimiento hace que muchos dirigentes de primera línea hoy me lo reconozcan en privado.
Cuando allanaron mi casa con tanta violencia –a las 10 de la noche de agosto de 2024, un grupo de policías encapuchados ingresaron a su casa y la golpearon–, me llamaron muchos intendentes de todos los colores políticos, cuando me acusaron de malversar fondos del FISU, Sebastián Pareja (que era el Subsecretario de Integración Socio Urbana) reconoció que no hubo irregularidades y que fue una de las políticas mejor ejecutadas del gobierno anterior. También me felicitaron cuando fui electa diputada provincial por Buenos Aires, dicéndome “vos sos la más indicada para estar ahí”. Y eso lo recojo porque yo siempre los traté con respeto, trabajé con ellos sin importar el sesgo político. Yo quiero el bienestar de mi pueblo, con barrios dignos e integrados y lo que sé, lo sé porque yo también era pobre, y no hay pobres radicales, peronistas o del Pro, si la gente vive mal hay que resolverlo, no me importa cómo votan.

–Esas cuentas la realpolitik las resueve de otra manera, menos generosa. No sé si hubieses podido hacer eso en una estructura que no tuviera la espalda de Grabois.
–Absolutamente, pero si alguien se enferma o se muere por ingerir agua en mal estado, es inaceptable para mí, a mí nadie me puede decir otra cosa. Además nosotros teníamos un fondos que no se podían tocar, los porcentajes del impuesto país, del aporte extraordinario de las grandes fortunas, una porción menor de aportes del tesoro y fondos del Banco Interamericano de Desarrollo. Esa autonomía de recursos nos daba una gran libertad. Después cuando llega el gobierno libertario esos fondos se pulverizaron y ahora nadie los reclama. Y teníamos una mecánica de ejecución de obra implacable, desembolsos y auditorías constantes, los precios eran los que estipulaba la UOCRA, los controles eran nuestros. Además del Ministerio donde funcionábamos y de las universidades, no había modo de que nadie se quedara con nada y los resultados están publicados, a la vista. Las obras estaban bien hechas, los papeles en orden y la gente feliz, no hay secreto. Nadie se quedaba sin agua potable o se le quemaba la casa por tener conexiones clandestinas eléctricas. Y si algo no estaba bien, todo el mundo tenía mi teléfono para mandarme videos, con los que yo atormentaba a los intendentes. Si hubiese más militantes como los que yo tuve en la SISU, las cosas estarían mucho mejor, no tengo dudas.
–Dicho esto, ¿qué valoración hacés de la experiencia de gobierno fallida del Frente de Todos? No te pido autocrítica o “perdimos porque” sino cuál es tu visión de un proceso complejo que salpicó al peronismo, a Alberto y también a Cristina.
–Yo quiero separar lo que fue el presidente y a la vice de la gestión de gobierno, y yo me siento una agradecida de ser contemporánea de Maradona y de Cristinta, a Perón me lo perdí. Hay cosas como las obras públicas, las grandes y las nuestras que salieron bien, sin difusión, nadie las promocionaba, eso fue un error. Había mucho celo entre los funcionarios que funcionaban y los que no. Nosotros pudimos hacer mucho gracias a esa dispersión, la falta de línea política estuvo mal, pero a nosotros nos dio un empuje que permitió sortear burocracia, la gente no puede esperar.
–Lo que decís es clave. Uno ve a muchos y muchas dirigentes con la vida más o menos resuelta, que dicen representar a los que tienen poco y nada, haciendo planes a mediano y largo plazo, con tiempos de la gente que no sabe cómo va a comer mañana o pasado.
–Es que se fue disociando todo, una cosa es militar para transformar esa realidad y otra cosa es rosquear e ir a los lugares más necesitados de vez en cuando. ¡Llevamos 40 o 50 años de atraso en políticas sociales! Yo recuerdo que en cada barrio que iba les decía “les pido perdón por haber llegado tarde”. Pero es difícil empatizar en serio cuando después te volvés a tu casa de lujo, a tu barrio privado. Por eso hay una gran crisis de representación, y por eso mismo no me quiero ir de mi barrio.
–355 obras de Mi Pieza en la provincia de Santa Fe, la gran mayoría terminadas, 76 obras de integración, 1043 familias alcanzadas y más de 320 mil puestos de trabajo generados en todo el país. ¿Cómo está ahora ese trabajo con el hachazo presupuestario que padecen bajo este gobierno, en el que los recursos cayeron un 96%?
–Fue una lamentable decisión del presidente y del ministro Caputo, disolver el FISU, despedir 300 compañeros y castigar a Juan Grabois, que es uno de los primeros que los enfrentó y los expuso en su crueldad. Hay un decisión de demonizarnos, de decir que nos robamos la plata, que no fuimos eficaces y entiendo que mucha gente aún les cree. Iban a lugares adonde empezaban recién las obras para decir que no las estábamos ejecutando y luego cortarlas, desconocer los convenios que estaban firmados. La gente se enojaba y nos apuntaban a nosotros o culpaban a las cooperativas. A mí también me persiguieron pero no por ineficaz o haberme quedado con algo, sino porque soy una militante, una política con convicciones. Y conmigo se llevaban puesta la credibilidad de Juan. Yo cada vez que lo cruzo a Pareja, por mi responsabilidad cristiana de llevarme bien con la gente y ser agradecida, le sigo dando gracias por haber dicho lo que dijo de mí como funcionaria.
–¿Y él que te contesta?
–Que hizo todo lo debido para que se sepa la verdad pero que hay otros grupos en el gobierno, con mucho poder, que nos odian, que darían cualquier cosa por desprestigiar a Juan. Hoy Juan y yo somos diputados y sabemos que esto va a ser siempre así, algunos nos van a querer y otros nos van a odiar.
–No me la vas a contestar, pero ya que Juan se lanzó como candidato. ¿No hay posibilidad de que Juan decline esa candidatura si afina el diálogo con Axel Kicillof? En 2023 si se lanzaba Wado avalado por Cristina se bajaba.
–Esa pregunta es para Juan, yo te puedo decir lo que me gustaría, que haya internas, una PASO en la que todos los candidatos digan porqué quieren ser presidente y con qué planificación. Si la política no tiene en cuenta el dolor de los que menos tienen, en no sentir la patria como una urgencia, no sé que sentido tendría ser candidato a nada.



