El Centro Cultural Jorge Delconte celebra diez años de vida

Centro Cultural Jorge Delconte
Foto: Natalia Merki.

El espacio cultural más al norte de la ciudad festeja una década, reivindicando el legado de lucha y militancia del histórico titiritero de San Agustín II. Dialogamos con Héctor Bonetti, uno de sus integrantes.

El 4 de marzo de 2016, un accidente automovilístico se llevó la vida del titiritero Jorge Delconte, vecino histórico de San Agustín II, en el vértice noroeste de Santa Fe. Miembro del Teatro de Títeres Municipal, docente de la Escuela Provincial de Teatro, militante social empedernido y fundador de la vecinal del barrio y de la cooperativa de changarines del Mercado de Abasto, Delconte ya había dejado una profunda huella en la vida social y cultural de uno de los territorios más postergados de la ciudad; pero su legado seguiría ramificándose, aun sin su presencia física.

La casa del titiritero, en Chubut 7264, era una de las más lindas del barrio, y su familia decidió donarla para que vuelva a llenarse de esa música que a Jorge más lo gratificaba: la risa de las y los niños. Dos meses después de su fallecimiento, el día que Jorge hubiera cumplido 58 años, nacía el Centro Cultural Jorge Delconte, el centro cultural más al norte de Santa Fe.

El espacio, que está constituido formalmente como fundación, festeja mañana sus primeros diez años de vida, en una celebración que incluirá shows de títeres, murga, bandas, muestra de fotos, peluquería, radio en vivo y exposición de trabajos de los talleres textil y de carpintería. En diálogo con Pausa, uno de sus integrantes, Héctor Bonetti, nos cuenta la historia y el presente del Centro Cultural Jorge Delconte.

Centro Cultural Jorge Delconte
Foto: Natalia Merki.

Cultura para todos y todas

Bonetti es parte del equipo que motoriza el día a día en el centro cultural, que también integran Sofía, Manuel y Laura Delconte, Lucila Viola y Paco Ulibarrie. "Jorge fue un militante social muy comprometido con las causas de San Agustín II", recuerda Bonetti, que fue su amigo íntimo: "Era el titiritero del barrio, siempre iba a los cumpleaños de los pibes en forma gratuita, porque era un convencido de una premisa: que la cultura es un derecho de todos y de todas. Siempre lo ponía de manifiesto, en cada una de las cosas que decía y hacía".

—¿Y cómo surge la idea de crear un centro cultural en la que fuera su casa?

—Era una casa linda, y empezaron a surgir muchas propuestas, desde el mismo día de su muerte: hacer una copa de leche, un comedor comunitario. Junto con otros muchachos que están en la cultura popular, durante el entierro, con un poco de ginebra encima, nos propusimos continuar con su legado. Y los familiares escuchaon eso y dijeron: "¿qué les parece si hacemos un centro cultural?". Teníamos la biblioteca de Jorge, guitarra, había un montón de elementos como para para arrancar. Y bueno, comenzamos a habitar el lugar, a habitarlo literalmente, porque había gente que lo quería usurpar, y le pusimos el cuerpo junto con otros compañeros como Tapita Quintero, Oscar Fernández, un montón de muchachos y muchachas. Los primeros seis meses fueron de mucho esfuerzo, hasta que se instaló; luego aparecieron los Nueva Oportunidad, los talleres, y empezó a girar esa gran rueda que hoy va a cumplir diez años.

El titiritero y su legado

—¿Qué actividades realizan?

—Dimos talleres de comunicación, de fotografía, de herrería, de reciclado, de construcción con maderas, aprovechando los pallets del Mercado de Abasto. Hoy tenemos talleres a la tarde de lunes a viernes, textil, de costura, de carpintería, de huerta, y los sábados hacemos actividades de infancias con 80 pibes de entre 4 y 15 años. Es un laburo que lleva adelante Sofía Delconte, la hija de Jorge, junto con un equipo enorme y un montón de estudiantes que vienen a hacer voluntariado, donde controlamos el peso y la salud de los chicos, damos apoyo escolar, lectura, también tenemos un taller de arte para que puedan pintar y dibujar, damos ajedrez. Vos dirás "una cosa de locos, que en San Agustín a los pibes les guste el ajedrez", y sí, ¡claro que les gusta! Pero hay que incentivarlo. Es lo que pretendía Jorge, y que se nos ha hecho carne: estamos poniendo el cuerpo para que la cultura realmente sea para todos.

Si históricamente ha costado que los proyectos culturales salgan de los bulevares, los recortes presupuestarios y las políticas de Milei, que empujan a grandes porciones de la población a una economía de subsistencia, vuelven aun más difícil el propósito de democratizar la cultura. La brecha entre ricos, pobres y más pobres no hace más que profundizarse, y las mayores víctimas de la violencia y el despojo son, quizás, las infancias.

—Yo soy un vecino más acá, y veo y padezco las mismas situaciones que padecen los chicos: el grado enorme de adicciones, de búnkers, de droga de muy baja calidad. Nos preocupa mucho, porque ya no es solo con los adolescentes, sino que estamos hablando de pibes de ocho o diez años que deambulan a cualquier hora de la madrugada buscando pipa, que está haciendo destrozos. Contra eso estamos luchando.

Centro Cultural Jorge Delconte
Foto: Natalia Merki.

—También tienen una biblioteca.

—Sí, la Biblioteca Popular Titiriteca, que hace cuatro años logró el reconocimiento de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP). Eso es un aporte muy importante, hay que cruzar los dedos y tocar madera porque todavía no se recortaron esos fondos a nivel nacional, y también tenemos fondos de la Provincia y de la Municipalidad. El fin de semana pasado las compañeras participaron de la Feria del Libro de Buenos Aires y trajeron un material hermoso para nuestras infancias, que vamos a comenzar a disfrutar a partir del próximo sábado. La verdad que estamos muy contentos, porque buscamos darle lectura de calidad a los chicos de acá del noroeste de la ciudad. Sinceramente, se nos pasó volando el tiempo, y no nos damos cuenta de todo lo que hemos crecido. Hay pibes que entraron a los talleres con 15, 16 años, y hoy están en la parte de conducción, acompañando en el apoyo. Hay compañeras que estudiaron bibliotecología porque pueden encontrar un laburo ahí en el barrio. Para nosotros es hermoso y habla de una pertenencia de nuestro espacio en el barrio.

—¿Cómo han vivido estos últimos años con un gobierno que no hace más que estigmatizar a la militancia social y a la cultura popular?

—Nosotros estamos muy enojados, y hemos militado en contra de Milei, porque sabíamos lo que venía. Pero también nos reprochamos que no supimos bajar el mensaje, porque acá en San Agustín también ganó Milei, ¿entendés? Nosotros hacemos las cosas muy bien, tenemos un equipo administrativo que es muy meticuloso, tenemos todas las facturas, todos los papeles que nos pidan los tenemos, así que no nos pueden decir que nos van a recortar porque no estamos haciendo las cosas bien. Eso no quita que estamos re calientes, porque vemos compañeros y vecinos que tienen cooperadoras o comedores comunitarios que los recortan, vemos la gente en la calle, que anda revolviendo la basura, que son los padres de los pibes que tenemos nosotros. Tratamos de laburar con las infancias, de que conozcan sus derechos, cuáles son las cuestiones que les corresponden como ciudadanos: educación, seguridad, salud. Son cosas que la gente da por sentado, pero no: si no peleamos, si no discutimos, si no nos paramos y exigimos nuestros derechos como ciudadanos, los que están arriba se van a hacer los tontos y van a llevar los recursos a otro lado.

Dejar respuesta

Por favor, ¡ingresa tu comentario!
Por favor, ingresa tu nombre aquí