Foto: Kaloian Santos.

La cantautora llega a la Estación Belgrano este 23 de mayo para abrir el show de Ciro y Los Persas a Santa Fe.

Hay recuerdos que se fijan con el olor al pasto de una quinta y el sonido de una batería reventando los parches a lo lejos. Manuela Martínez, Manu, no es como cualquier hija de vecino, ella creció en el ojo del huracán del rock argentino de finales de los noventa y principios de los dos mil. Hija de Andrés Ciro Martínez, la música no fue una elección tardía ni un capricho de cartel: fue el lenguaje nativo en el que aprendió a nombrar el mundo. Sin embargo, ese mapa genético hoy se cruza con las aulas de la universidad pública, los libros de texto y la calle.

Al momento de atender el teléfono para esta charla con Pausa, no se escuchan de fondo acordes al aire, el ambiente es el rugido de la masiva marcha federal en defensa de la universidad pública del pasado 12 de mayo. Manu camina entre la multitud, militando un espacio que siente propio no solo por convicción política, sino por trayectoria: tras su paso por la carrera de Letras, hoy también acumula millas entre los apuntes de Psicología. Todo ese bagaje académico y analítico, lejos de quedar encerrado en un aula, funciona como un insumo importante para modelar sus canciones.

Lejos de la sombra del apellido, Manu se prepara para reencontrarse con una plaza que conoció primero a través de los alfajores que papá le traía a la vuelta de las giras, pero defendiendo su propio territorio.

Las carpas piojosas y la bandera de la educación pública

La herencia no se hamaca en la nostalgia boba, sino en una práctica cotidiana que arrancó casi antes de que pudiera registrar el impacto de las multitudes. El cruce entre el rock de estadios y el compromiso social acomodan su forma de entender el arte como un espacio que no puede ser ajeno a la realidad colectiva.

—¿Qué es lo primero que se te viene a la cabeza cuando pensás en Santa Fe? —Se me vienen varios festivales en los que tuve la oportunidad de tocar y, más que nada, el público, que es muy caliente, muy buena onda. Me pasó tocando ahí y me pasó viendo también en los shows de mi viejo. Es muy notoria la diferencia que hay con el público de ahí respecto al de otras provincias u otras ciudades.

—Esa vida de ruta y estadios la tenes mamada desde la cuna. ¿Cómo fue criarse en ese universo piojoso? —Yo la verdad es que crecí con la música de mi viejo, primero con Los Piojos. Me acuerdo patente de eso, de los ensayos en la quinta de Los Piojos, así que ya desde muy chiquita estuve ahí. Y también desde muy chica me subí a sus escenarios, hay un video mío dando vueltas en el que tengo cuatro años y estoy ahí arriba. Desde el día uno que comparto escenarios con mi viejo y que me llevó para el lado de la música.

—Te engancho justo llegando a la marcha por la universidad pública. ¿Cómo convive ese universo de la música con tus estudios de Letras y ahora de Psicología? —Para mí la educación pública es fundamental, los derechos no se negocian y hay que estar acá bancando, así lo siento. Además, todo lo que leo, lo que estudio en Psicología y lo que me dejó Letras, termina siendo un insumo directo para componer. Te abre la cabeza para mirar las relaciones humanas y los procesos personales desde otro lugar, y eso inevitablemente baja a las canciones.

Ese bautismo de fuego temprano y el marco analítico de sus estudios decantaron en la necesidad de escupir sus propias verdades. A los 12 años ya mostraba sus primeras composiciones en la intimidad familiar, recibiendo el espaldarazo de un padre que la invitó a curtir el vivo dándole espacio en sus propios shows (nobleza obliga, su madre, Carolina de la Presa, también música, fue y es una fuerte influencia para ella). Sin embargo, el verdadero salto de fe ocurrió cuando esas canciones tuvieron que salir a defenderse solas, sin el escudo protector de los rituales compartidos, algo que va a volver a ponerse a prueba en la Belgrano.

Canciones para corazones rotos y el cuidado de la mente

Su propuesta se corre del pulso puramente valvular y rockero para meterse en un terreno más intimista, donde la fragilidad configura una posición estética. Con composiciones que desarman desamores, distancias y los laberintos de una mujer pisando los 30, Manu Martínez construyó un público que busca en sus letras un refugio contra la intemperie diaria. Pero ese viaje hacia adentro también exige sus límites y sus cuidados.

—En tus letras hay mucha exposición emocional, hablás del desamor sin rodeos. ¿Cómo te plantás frente a eso hoy? —A la gente que va a los shows a veces le digo, tipo: “No sé si recomendaría ir con el corazón roto”, ¿viste? A menos que quieras sufrir y pasar por eso. Pero me han dicho un montón de veces en los recitales cosas como “No, vengo recién separada y me voy a tus shows”. Bueno, está bueno que se acerquen ahí, las canciones están para desbloquear esas cosas que duelen y procesarlas.

—El ambiente de la música suele ser un terreno inestable. Vos tenés una postura muy clara respecto a la salud mental y los excesos. ¿Cómo manejás ese cable a tierra? —Yo soy de la idea de que hay que probar de todo en la vida, menos la droga. Yo soy re antidroga, pero porque me da miedo. Tampoco quiero parecer que me pongo la gorra, sino que soy muy cuidadosa y con el tema de la salud mental también. Sé que las drogas son peligrosas, así que bueno, prefiero correrme de ese lugar.

—¿Y con el alcohol cómo te llevás en ese contexto de camaradería de las fechas? —No, alcohol sí, alcohol sí. En su justa medida, de vez en cuando hay que arrancar un poco, pero siempre con cuidado.

El show de Manu Martínez este fin de semana promete ser uno de esos oasis de intimidad necesarios y reflexivos en medio del agite masivo que propone la noche. Con la prestancia de quien conoce el oficio desde la cuna, la lucidez de las aulas públicas y la frescura de una propuesta de todos los colores (desde las canciones más intimistas hasta las más carnavalescas), Manu tiene una nueva oportunidad para demostrar que, al final del día, las mejores canciones son las que se animan a mostrar los hilos de la fragilidad humana.

Sobre el show

Ciro y Los Persas se presentarán junto a Manu Martínez como artista invitada el próximo sábado 23 de mayo en la Estación Belgrano. Las entradas online están disponibles a través del sistema Ticketek, y de forma física en Santa Fe Rock (San Martín 2347) y Terco Tour (Paraná). Clientes del Banco Santa Fe cuentan con el beneficio de hasta 6 cuotas sin interés con tarjetas Visa y Mastercard.

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