¿Se resolvió el misterio sobre los bracitos del Tyrannosaurus rex?

Tyrannosaurus rex
Foto: Adobe Stock

Un estudio de investigadores de la University College London y la Universidad de Cambridge explicó la causa de los brazos diminutos del Tyrannosaurus rex.

El Tyrannosaurus rex es famoso por encarnar una enorme contradicción: fue uno de los depredadores más temibles y, al mismo tiempo, tenía unos brazos que desentonaban con su enormidad y rudeza.

Ahora, un nuevo estudio liderado por investigadores de la University College London y la Universidad de Cambridge ofrece nueva evidencia a favor de una hipótesis largamente discutida: estos depredadores fueron dependiendo cada vez más de la fuerza de sus mandíbulas para capturar y someter a sus presas, mientras que las extremidades delanteras simplemente habrían ido perdiendo relevancia hasta reducirse progresivamente con el paso de la evolución.

La investigación, publicada en la revista Proceedings of the Royal Society B, analizó datos de 85 especies de terópodos –dinosaurios bípedos y en su mayoría carnívoros– y encontró evidencia de que el acortamiento de los brazos apareció de manera independiente en al menos cinco grupos distintos: tiranosaurios, abelisaurios, carcarodontosaurios, megalosaurios y ceratosaurios.

Aunque pertenecían a ramas evolutivas diferentes y vivieron en épocas y regiones muy alejadas entre sí, todos evolucionaron hacia extremidades delanteras notablemente reducidas, aunque mediante procesos anatómicos distintos.

"El Carnotaurus tenía unos brazos ridículamente pequeños, incluso más que los del T. rex", señala Charlie Scherer, autor principal y estudiante de doctorado en la UCL.

El análisis encontró que los dinosaurios con cráneos más resistentes y mandíbulas más potentes tendían también a desarrollar brazos más pequeños.

Para analizar esta relación, los investigadores diseñaron un método capaz de evaluar la robustez del cráneo utilizando distintos factores anatómicos, entre ellos la forma de la cabeza, la resistencia de las uniones óseas y la fuerza estimada de la mordida.

Según el estudio, el Tyrannosaurus rex obtuvo la puntuación más alta, seguido del Tyrannotitan, un terópodo que vivió en el territorio argentino hace más de 30 millones de años antes.

¿Por qué el Tyrannosaurus rex y otros dinosaurios desarrollaron tanto sus mandíbulas?

Según los investigadores, la respuesta probablemente esté en el tamaño de sus presas. En los mismos ecosistemas donde aparecieron estos grandes depredadores también vivían saurópodos gigantescos, herbívoros de cuello largo que alcanzaron dimensiones descomunales. Enfrentarse a animales de ese tamaño habría favorecido el uso de mandíbulas capaces de morder y sujetar con enorme fuerza, mientras las garras delanteras iban perdiendo utilidad como herramienta principal de caza.

"Intentar tirar y agarrar a un saurópodo de 30 metros con las garras no es lo ideal. Atacar con las mandíbulas podría haber sido más eficaz", explica Scherer.

Una posible explicación es que mantener al mismo tiempo una cabeza enorme y unas extremidades delanteras podría haber implicado un elevado coste energético. "Es un caso clásico de úsalo o piérdelo", resume el investigador. Con el tiempo, "la cabeza sustituyó a los brazos como método de ataque".

Con información de DW

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