Jaulas de oro

cecilia

Siete buenas razones para leer Cecilia, de Benjamín Constant.

Por Laura Cerioni

Constant: su ambivalencia puede ser recorrida en línea recta mirando hacia los costados, entendiendo que el original condenado es él. Mientras avanzan la indecisión, los matrimonios y las relaciones, me tiento a volver a la primera página: "el 11 de enero de 1793 conocí a Cecilia de Walterbourg, hoy, mi mujer". Para cuando llego al final, Cecilia es un fantasma. No queda nada de ella. En el medio, ¿qué hay? Lecciones para los pasos de baile de la coreo del amor más romántico, hoy en peligro de extinción por exceso de red flags.

a poste restante: el entramado de chismes y servicios postales a través de los que se comunican entre 1793 y 1808 es remarcable. El correo físico, lento, interceptable, dependiente de operadores humanos. El a poste restante era la versión más discreta disponible, precisamente porque no requería domicilio fijo, y era lo que Cecilia y Constant usaban en un período de persecuciones políticas, exilios y maridos celosos. En paralelo, el telégrafo óptico de Chappe empieza a transmitir mensajes de estado en minutos entre París y Lille. Constant y Cecilia seguían esperando semanas. La tensión entre la velocidad de la comunicación política y la lentitud de la comunicación amorosa es un regalo.

Mme. de Cheveniére: es una vieja rancia. Su aparición es breve pero bien descrita: "Me creía muy fuerte al resistirle a Cecilia, y de hecho no hacía más que ceder a la influencia de otra mujer que, sin fin determinado, solo por el odio secreto que las mujeres se tienen entre sí, se complacía en hacerme afligir y quizás humillar a una persona que no conocía."

Cecilia: dulce, comprensiva, crédula, termina rota ante un marido que abandona el diario porque antes de aburrirse, rompe por completo el espíritu de uno de los componentes de su triangulación: ella. Lo primero que sabemos, además, es que estaba casada con el amante de su hermana, que lo había planificado así para mantenerlo cerca. Por momentos aprende a manejar los tiempos de la distancia y el silencio, pero su deporte preferido es la sumisión.

Mme. de Malbée: "su imprudencia, su necesidad de llamar la atención, su celebridad, sus amores numerosos y contradictorios, alzaban a la gente contra ella". Déspota y attention whore, dos características que le permiten no desfigurarse en el camino. Logra conservar su espíritu en el caos que genera.

Criado francés: hacia el final de su diario Constant está tan atormentado que no resiste siquiera la opinión de un "viejo francés, confianzudo como lo son todos ellos con sus amos" porque se ríe de su indecisión.

La voz de la razón: su primo Carlos de Langellierie lo alecciona: "es inútil que usted crea romper nudos escritos en el Cielo" y sigue: "ni las distancias ni las barreras que usted levante entre Mme. de Malbée y usted podrían alejarlos al uno del otro. Aunque usted huyera hasta el otro extremo del mundo, el alma de ella gritaría desde el fondo de su propia alma. Si usted se casara con otra mujer, esa mujer se sentiría unida, no a usted, sino a su rival. Mme. de Malbée tiene defectos. Usted debe sufrir en esa unión, pero cada cual tiene su cruz sobre la Tierra y Mme. de Malbée es la cruz que usted debe llevar".

Dejar respuesta

Por favor, ¡ingresa tu comentario!
Por favor, ingresa tu nombre aquí