Amplitud Modulada

Radio

¿Qué música le corresponde a las tareas transitorias? No a los actos cotidianos como lavarse los dientes, que es un acto de limpieza obligatoria y mecánica. Tampoco a cocinar, que es un acto de invención, incluso emocional. Tiene más bien que ver con la situación de tránsito, esa sensación hermosa de no estar en ningún lado y hacer algo que sabemos de memoria, que sabemos que va a terminar, para volver a hacerse otro día. Me refiero, por ejemplo, a limpiar.

Recuerdo dos cuentos: Manual para mujeres de la limpieza de Lucía Berlin y Santoral, de Acheli Panza. Releo el primero y me maravillo con la amenaza latente nunca cumplida: la narradora, una mujer de la limpieza, roba somníferos de las casas de sus patronas y cada tanto suelta el perro de la sospecha: ya juntó veinte ¿los va a tomar? El cuento de Acheli (de quien siempre espero más para leer y nunca publica) tiene una narradora que escucha a la U, una voz que le habla mientras limpia casas ajenas.

Busco en el teléfono la opción algorítmica al paso y, por supuesto, alguien lo pensó antes que yo. La mayoría de las playlists tienen que ver con música que despierte y dé energía al cuerpo; unas pocas son para guiar limpiezas espirituales. No las abro, solamente leo los títulos. Una que tiene Luis Miguel, Selena y Los ángeles azules me llama. La repaso. A ésa la pondría, pienso. ¿Pero por qué? ¿Qué me atrae?

Algo me lleva al recuerdo de acompañar a mi madre a limpiar casas ajenas cuando yo era chica, ella estaba recién separada. Recupero esa música de fondo: radio AM. Los relatores y sus chácharas entre noticias. Comentarios. Conversaciones. Baldes que suenan, se vacían, trapos que se enjuagan, el sacudido de las sábanas antes de colgarlas, como un látigo húmedo en el aire. Algo que te mantiene pegada al piso, las paredes o los azulejos y que a la vez te hace flotar cuando cantás, pero tampoco tanto, no vaya a ser que se desatienda el lavarropas.

Me acuerdo del disco “AM”, de Javiera Parra y Los imposibles (a ella la sacan por el apellido, es nieta de la Violeta). Hace un disco así, con ese concepto: el transcurrir de la radio mientras hacés otras cosas y suenan canciones que conocemos todos. En la radio AM de mi infancia, aparecían, las ponían a girar en la radio, canciones en el tope de las ventas, sin ningún aviso de “no es para infancias”. Mientras hacías otras cosas (mi madre limpiar y yo jugar) sonaba música de fondo, como la de ascensores o salas de espera.

El tiempo es una categoría despedazada como una pantalla rota. Se escapan las sorpresas por ahí, lo tangente, algo que no estaba previsto. Este disco, escuchado hoy, pone el oído en la radio como compañía humana: escuchar significaba escuchar. No se esperaba de uno tener que comentar nada. El disco tiene clásicos de amor dramáticos e inocentes al mismo tiempo (Javiera versionó “Vivir así” de Camilo Sesto, por ejemplo, mucho antes que Nathy Peluso), versiones encantadoras de canciones populares, con máquinas, guitarras y una voz de hada de jardín. Como en “Sinceridad” de Ricardo Cocciante, “Eyes without a face” de Billy Idol o “Detalles” de Roberto Carlos. Y ese nombre tan hermoso que tiene: Amplitud Modulada. ¿No es genial? Podría ser el nombre de un libro de poesía, o incluso de este texto.

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