Todos los libros que se movieron en mi biblioteca cuando llegó el de Bruno Grossi: “Por un mañana voluptuoso”. Una lista propia compartida antes de poder preguntar sobre la relación de Robbe-Grillet con el imaginario sexual.
Bruno Grossi escribió Por un mañana voluptuoso y lo presenta a fin de mes en Córdoba, en una aventura conjunta entre Nube Negra y Bulk. Porque, como dice Alphaville, él no es Big in Japan, pero es alguien en Córdoba. Yo, que solo fui a la escuela con él, quiero repasar algunas lecturas previas para hacer esta tarea más larga.
Lo saco de la bolsa y lo pongo en mi biblioteca. Veo cómo se mueven todos los libros que lo reconocen, como un Toy Story maléfico que no espera a que deje el escritorio: se mueven ahí, frente a mí, como si no estuviera. Hablan como si no estuviese. Hago mi mejor actuación autista. Soy fan de los autos.
Escucho el último aúdio de Bruno: “Me hacés acordar a una anécdota. Julio Premat, un profesor argentino que da clase en Francia, creo que es el primero que hizo una tesis doctoral sobre Saer; en todo caso, el primero que trabaja la obra de Saer en su totalidad. Parece que fue a entrevistar a Alain Robbe Grillet a su casa. Robbe Grillet y Saer se conocían, tenían una relación. Entonces Premat lo va a entrevistar para hablar un poco y, cuando terminan, Grillet le dice: «Bueno, un gusto, señor Premat; cuando quiera puede volver a mi casa a hablar sobre mí»”.
Antes yo le había grabado una mucho más llana pero descubro que el también se la acuerda. Todavía estábamos en la escuela cuando ibamos a Iguana sobre calle San Martín y comprabamos tragos por dos pesos. Justo Ventura Roca había pedido un “Sex on the beach” y sintió la necesidad de traducirnos el significado al español.
Volviendo a Robbe Grillet, cuando pregunto me responden que hay solo cinco personas en el país a quienes les interesa este tema. Los nichos se defienden así: diciendo que a nadie más le interesa. Cualquier cartel de "no pasar" es, para mí, una tentación. Antes de meterme, vuelvo a las autoras de esos libros que se movieron. Ninguno de esos libros está subrayado, como si a la inversa, ellas lo hubiesen hecho conmigo.
Escribir sobre pornografía no sé adónde te lleva, pero sí sé que mirarla sin conciencia te puede llevar a otro lado. ¿Cuánto se construye de nosotros en esas imágenes?
Me preocupa el tema, pero también pienso que hay que perder algunos filtros, hay que haber sido señalada exactamente por lo que no sos. Hay que dejar que los demás encuentren una versión de vos que, aunque desfasada, los tranquilice para poder empezar a pensar tranquila.
Mi tesis es: la gente que más piensa es la que más necesita tener sexo. Lo puedo escribir en un baño público con fibrón indeleble, como un recordatorio a esa chica que rema la charla. Entonces, las primeras fundamentales para mi, las que arrastro conmigo:
Charlotte Roche, Zonas húmedas - Anagrama. Adolescente traumada que fantasea con reunir a sus padres. Un poco (bastante) como castigo. Helen tiene 18 años y está internada con una fisura anal que se hizo sola depilándose. Ahora que la releo, me cae todavía mejor. Me choca la traducción al español de los campeones del mundo. Una manía adquirida con la edad. El plus es el rechazo de Helen a la higiene y a la estética estéril de las revistas femeninas. Creo que es el mejor libro que leí sobre el ano y las mujeres. Fundamental si tenés la edad de Helen o andás por ahí.
Catherine Millet, La vida sexual de Catherine M. - Anagrama. Millet dirige todavía una prestiogiosa revista de arte (ask google!). Un poco siento que esa posición de privilegio le permitió contar con precisión sus experiencias sexuales, incluyendo
encuentros grupales y anónimos. Es el libro que te recomienda tu amiga a los veinte años cuando descubre que te fascina el porno y el sexo. Vale la pena porque anticipa algo mucho más real: qué hay del otro lado.
Catherine Millet, Celos - Anagrama. ¡Ahora sí! Millet por el agujero del conejo. Descubre que su marido, Jacques Henric, tiene su propia vida sexual paralela, y ese hallazgo dispara un descenso a la obsesión, los celos y la reconstrucción fantasiosa de la intimidad ajena. Es un giro hacia el diario íntimo y el ensayo, con una mirada tan lúcida como atormentada sobre un sentimiento que la autora había creído tener bajo control, control, control, control, ctrl…
Charlotte Roche, Furores íntimos - Anagrama. Este es el libro donde Charlotte Roche descubre que el matrimonio también puede ser una forma de pornografía emocional. Tiene la mejor descripción de una preparación para acostarse en el mundo de las parejas casadas, sobre el que solo leí y no puedo comprobar pero le creo.
Annie Ernaux, Pura pasión - Tusquets. Siento que un poco nos desviamos de los franceses con Roche que es alemana, pero acá volvemos. “Todo era una carencia sin fin, salvo el momento en que estábamos juntos haciendo el amor. Y, aún así, me
obsesionaba el el momento que vendría a continuación, cuando se hubiera marchado. Vivía el placer como un dolor futuro”. Bueno, es como si a tu compañera de adictos al amor y al sexo le hubiesen dado papel y lápiz. ¿Algo para agregar?
Chris Kraus, Amo a Dick. Menos porno; en sentido literal, pero es EL libro sobre el deseo como método de escritura. Una mujer que convierte una obsesión no correspondida en un ensayo epistolar sobre arte, humillación y quién tiene derecho a hablar en primera persona. Kraus escribe un libro porque no puede coger con el tipo que quiere y de paso pregunta: ¿Cuándo llega el arte a ser mejor que el sexo? ¿Cuándo llega a ser el sexo mejor que las drogas?





