Francia: más de 1.200 detenidos en masivas protestas contra el costo de vida

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Estudiantes, chalecos amarillos, agricultores y sindicatos marcharon el sábado en todo el país. La jornada terminó con saqueos, choques con la policía, un fallecido en París y un edificio histórico incendiado en Limoges, en un clima de crisis fiscal y social a un año de las elecciones presidenciales.

Cientos de miles de personas se movilizaron este sábado 17 de octubre en Francia contra el aumento del costo de vida, en la jornada de protesta más masiva desde que comenzó, a fines de septiembre, la rebelión de estudiantes secundarios.

A la marcha se sumaron los chalecos amarillos que protagonizaron el levantamiento de 2018, universitarios, agricultores, organizaciones climáticas y centrales sindicales como la CGT y Solidaires. Entre los reclamos también estuvo el rechazo a la violencia policial y a las lesiones sufridas por estudiantes en protestas anteriores.

La convocatoria nació en redes sociales bajo el lema “jóvenes y amarillos”. Reunió demandas que van del precio de los combustibles y las tarifas de luz a la canasta básica, además del rechazo al proyecto de presupuesto 2027 y la falta de recursos para escuelas y hospitales.

Los organizadores informaron un balance definitivo de unos 800.000 participantes. El ministro del Interior, Laurent Nuñez, reconoció unos 550.000 en todo el país, cuando el Gobierno esperaba entre 60.000 y 110.000. Las columnas más numerosas se vieron en Lyon y Nantes, con unas 20.000 personas cada una, y en Rennes, con 10.000.

Choques, saqueos e incendios

Con el correr de las horas, las imágenes de multitudes pacíficas dieron paso a escenas de hartazgo y violencia. En Marsella, manifestantes derribaron las puertas del ayuntamiento y la ciudad vivió después saqueos de comercios céntricos. En Lille rompieron los ventanales de la alcaldía y en Lyon se incendió una oficina de turismo. En París, la plaza de la República fue escenario de enfrentamientos con gases lacrimógenos y proyectiles, y por la noche fueron saqueadas boutiques de lujo como CELINE, Dior, Burberry y Louis Vuitton.

El episodio más trascendental ocurrió por la noche en Limoges, en el centro del país. Un grupo de encapuchados incendió un vehículo de la policía municipal frente al ayuntamiento, forzó los accesos y prendió fuego en el interior.

Las llamas alcanzaron los pisos superiores y el techo, que terminó derrumbándose. El edificio, inaugurado en 1883. El alcalde, Guillaume Guérin, lamentó que hayan destruido un edificio querido por los habitantes, aunque dijo que el servicio público sigue en pie.

Balance de la jornada francia

El Gobierno de Francia desplegó más de 10.000 policías y gendarmes, al menos 5.000 de ellos en París, y prohibió las concentraciones cerca de los Campos Elíseos. El balance de detenidos llega a unos 1200 y 150 agentes heridos. Una persona murió en París tras sufrir un paro cardiorrespiratorio, según el medio vasco Orain, que además habla de “centenares de heridos”.

En el terreno económico, los ataques a comercios alcanzaron a unos 1500 locales en todo el país. Alexandre Bompard, presidente de la Federación del Comercio y de la Distribución y CEO de Carrefour, estimó que los daños se contarán en “cientos de millones de euros”.

También se reavivó la polémica por las granadas aturdidoras, que habían sido suspendidas tras la mutilación de un estudiante secundario en Lens y que Nuñez volvió a autorizar para casos de “violencia urbana”. En Saint-Étienne, un manifestante habría perdido una mano al recoger una granada.

Las reacciones

El primer ministro Sébastien Lecornu denunció “una violencia de extrema intensidad” organizada por grupos “ultralibertarios” y dijo que el Gobierno no se dejará intimidar. Macron prometió que quienes atacaron prefecturas, comercios y alcaldías “serán perseguidos y castigados”. Nuñez anticipó “una larga noche”.

Desde la oposición, la ultraderecha de Marine Le Pen y Jordan Bardella responsabilizó a la "extrema izquierda". Del otro lado, Jean-Luc Mélenchon, líder del principal partido de izquierda La France Insoumise (LFI —La Francia Insumisa—) acusó al primer ministro francés de agitar el conflicto.

"Ha jugado con fuego. Confiando en que todo se pudra, lo único que ha conseguido es unir a toda la juventud y a los sindicatos de trabajadores. Además, sus órdenes de represión salvaje (...) han desencadenado una movilización sin precedentes en el país", escribió Mélenchon en redes sociales.

La Confederación General del Trabajo (CGT) de Francia calificó esta última oleada de manifestaciones como "una nueva etapa en el proceso de movilización" y sostuvo que el gobierno "debe responder sin demoras a las demandas" de la población.

Un descontento que viene creciendo

La jornada de protestas de ayer no fue la primera. La rebelión estudiantil comenzó el 21 de septiembre en un colegio de la periferia de París y llegó a unos 400 establecimientos, con reclamos por aulas superpobladas, edificios deteriorados y falta de personal. Se estiman en cerca de 6.900 detenciones en el movimiento estudiantil desde septiembre. La mayor marcha juvenil previa fue la del 6 de octubre.

El proyecto de presupuesto 2027 prevé un recorte de 54.000 millones de euros junto con un aumento del gasto militar. El Gobierno, por su parte, destinó entre 500 y 700 millones de euros a la agricultura y prorrogó la ayuda al combustible, sin lograr descomprimir el malestar.

El próximo paso ya está fijado: la coalición sindical convocó a una huelga y una manifestación para el 5 de noviembre por salarios y servicios públicos.

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